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Siria, islamistas: El floreciente negocio del secuestro


Témoris Grecko. Publicado en Proceso del 6 de septiembre de 2014.

El mundo, Estados Unidos y especialmente la comunidad de periodistas que cubren Medio Oriente seguían bajo el impacto de la ejecución de James Foley, difundida en video el 19 de agosto, cuando el día 24 se dio a conocer la noticia de la liberación de un compatriota de Foley, Peter Theo Curtis, igualmente reportero. Era difícil entender cómo era que los grupos yijadistas sirios, que ya habían amenazado con que matarían a un tercer estadounidense, Steven Sotloff (y lo cumplirían, como se vio en otro video subido a YouTube el martes 2 de septiembre), estaban dejando ir a una de sus presas.

El aspecto de Curtis, además, resultaba contrastante: en tanto que Foley, Sotloff y el trabajador humanitario británico David Cawthorne Haines fueron presentados en uniformes de color naranja y con el rostro y la cabeza afeitados, Curtis apareció en un video anterior (del 30 de junio) y de nuevo tras ser puesto en libertad, con camiseta azul, barba y luciendo los largos rizos castaños con los que lo conoció este reportero de Proceso en Beirut, en 2011.

El misterio se empezó a resolver cuando se supo que quien lo había mantenido prisionero no era la milicia autodenominada Estado Islámico (EI), la que asesinó a Foley y Sotloff y que rompió con la red Al Qaida después de haber surgido de entre sus filas, sino Jabhat al Nusra, una agrupación que sigue formando parte del grupo fundado por Osama bin Ladin y que, a pesar de sus métodos brutales, parece poco agresivo al lado de la violencia de EI.

Estados Unidos sostiene públicamente una política firme de cero pagos de rescate a secuestradores, bajo la cual se negó a cubrir los 132.5 millones de dólares exigidos por EI a cambio de Foley, Sotloff y otros dos estadounidenses cuyos nombres no han sido revelados.

Las negociaciones con los captores de Curtis, sin embargo, estuvieron a cargo de un rico país petrolero del Golfo Pérsico al que se acusa de brindar apoyo directo o indirecto a Jabhat al Nusra y otras milicias islamistas: “Catar llevó a cabo sin descanso esfuerzos para liberar al periodista estadounidense”, declaró el emirato en un comunicado oficial el 25 de agosto, “debido a la creencia de Catar en los principios de humanidad y su disposición (a proteger) las vidas de los individuos y su derecho a la libertad y la dignidad”.

PILGRIMS AL RESCATE

La racha de secuestros de periodistas y trabajadores humanitarios, que alcanzó niveles de tsunami a lo largo de 2013, golpeó la costa con fuerza brutal con las recientes decapitaciones filmadas. No hay manera de garantizar que los reporteros puedan realizar su trabajo en condiciones mínimas de seguridad. El profundo conocimiento que tiene Curtis de la lengua y la cultura árabes no fue suficiente para evitarle el secuestro, en agosto de 2012, como tampoco lo fue el sofisticado aparato logístico y de seguridad con el que contaban Richard Engel, jefe de corresponsales de la cadena NBC, y cuatro de sus compañeros, Aziz Akyavas, John Kooistra, Ghazi Balkiz e Ian Rivers, que fueron capturados por una quincena de hombres con pasamontañas el 13 de diciembre de ese año.

A diferencia de Curtis, que como Foley y Sotloff es un periodista independiente o freelance que carece del respaldo de grandes medios de comunicación, a Engel y los suyos los empezó a buscar de inmediato Pilgrims Group, una empresa de seguridad británica que trabaja para NBC brindándoles protección a sus corresponsales de guerra.

El periodista –también freelance— Jamie Dettmer publicó en The Daily Beast (22/12/2012) un reportaje en el que reconstruyó la operación de rescate: la compañía envió un equipo de seis operativos que llegó el 14 de diciembre a la ciudad turca de Antakya, muy cerca del paso fronterizo de Cilvegözü, a donde quiso dirigirse Engel para salir de Siria. El grupo reunió distintas informaciones pero fracasó en determinar dónde tenían a los cautivos.

Recurrió entonces a Ahrar al Sham, una milicia que a pesar de su ideología islamista estaba dispuesta a cooperar –no queda claro a cambio de qué—. Como era vital impedir que sacaran a Engel del área, los sirios establecieron puntos de control y en uno de ellos cayó el vehículo en el que trasladaban a los secuestrados, el día 18. Dettmer cita a “una fuente de seguridad” que le dijo que “los chicos de Ahrar al Sham hicieron un gran trabajo y no dudaron a la hora del combate. Fueron precisos y rápidamente mataron a dos de los captores”.

SECUESTRO Y RECOMPENSA

Inicialmente, NBC sostuvo que la liberación había ocurrido por la mala suerte de los secuestradores que se toparon con un grupo rival. Fue la investigación de Dettmer la que reveló el papel directivo de Pilgrims Group y la participación coordinada de Ahrar al Sham. Tanto la cadena televisiva como la empresa de seguridad preferían la discreción.

Pilgrims Group forma parte, en realidad, de una industria poco conocida, opaca en sus métodos y procedimientos, pero en rápida expansión. Es conocida por la siglas K&R, que en inglés quiere decir “secuestro y recompensa”: lo suyo es vender protección y seguros a grandes corporaciones de ámbitos muy diversos (desde conglomerados de medios hasta gigantes del petróleo).

Una investigación del diario The Guardian (25/08/2014) estableció que un 75% de las 500 compañías más grandes del mundo, según la lista Fortune, tiene pólizas de seguro K&R, que pueden llegar a ser de 250 mil dólares al año para una empresa que trabaja en sitios peligrosos.

Sus tareas pueden incluir montar operativos de rescate, como en el caso de Richard Engel, pero también llevar a cabo negociaciones directas con secuestradores y pagar enormes sumas de rescate, que en los países del Sahel (como Mali, Níger, Chad y Nigeria) alcanzan un promedio de 3 millones 750 mil dólares por cada occidental raptado, según la firma británica de seguridad AKE Group.

Aunque los gobiernos de Estados Unidos y Europa tienen leyes que impiden el trato con secuestradores, no es raro que esas autoridades terminen en contacto con ellos, y en el caso de estas compañías, negociar con esos criminales es parte de la cotidianidad. Entre los acuerdos para liberar a los rehenes, se firman pactos de confidencialidad entre las partes para evitar que la información salga a la luz.

Este boom del K&R está provocando que los grupos terroristas recurran cada vez más al secuestro para financiar sus actividades. Una investigación del New York Times (30/07/2014) halló que entre 2008 y 2013, las afiliadas de la red Al Qaida recibieron 125 millones de dólares en rescates, incluidos 91.5 millones entregados a Al Qaida en el Magreb Islámico y 29.9 millones de Al Qaida en la Península Arábiga.

Los principales pagadores de rescates fueron, según el diario, Francia (58.1 millones), Catar y Omán (20.4 millones), Suiza (12.4 millones), España (11 millones) y Austria (3.2 millones), además de 21.4 millones cuyo origen se desconoce.

El negocio da lugar a que crezca tanto el número de incidentes como las cantidades demandadas. Y a su vez, esto conduce a que suba el precio de las primas que cobran las compañías de seguros: una de las más importantes, la británica Willis Group Holdings, reporta, por ejemplo, que una compañía que compraba pólizas K&R en Nigeria en 2009 pagaba 10 mil dólares anuales por una cobertura de 5 millones, mientras que ahora necesita 100 mil dólares.

The Guardian encontró que un periodista como Foley, Sotloff y Curtis tendría que gastar hasta 1,500 dólares diarios para tener protección K&R en un lugar como Siria. Para cualquier reportero freelance, eso suena como dedicarse a arriesgar la vida para financiar a la aseguradora, y además salir debiendo hasta la muerte.

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