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El sueño kurdo


Publicado en Proceso / 20 de julio de 2014

“Volverá a ser como era antes de que los franceses y los ingleses vinieran a revolver todo”, vaticina el teniente peshmerga Halgurd Muhammad. Frente a él, máquinas excavadoras hacen avanzar lo que ya es una larga trinchera de tres metros de ancho y diversas profundidades. Es necesaria, dicen las autoridades del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK), porque entre el territorio que éste controla y el que ha conquistado la milicia yijadista Estado Islámico, sólo hay extensas llanuras sin obstáculos naturales que faciliten la defensa ante los esperados ataques.

El trabajo se hace bajo peligro porque hay un intercambio de fuego, de baja intensidad pero constante: los guerreros de las banderas negras se hacen saber vigilantes y deseosos de recibir la orden de ataque, y los peshmergas, o “los que no tienen miedo”, como llaman los kurdos a sus soldados, tratan de mantenerlos lejos. Las balas de los francotiradores zumban buscando blancos y los morteros de vez en cuando matan a alguien, hieren a varios. ¡Baaam!, estallan en veces lejos, en otras cerca. Pero los peshmergas no se inmutan: “Bajo los otomanos”, prosigue Muhammad como si estuviera en un salón de clases, “lo que los europeos convirtieron en Irak eran tres provincias: Basora (chií), Bagdad (suní) y Mosul (kurda). Las cosas caen por su propio peso, es la gravitación: todo será como debía ser”.

A dos años de que se cumpla el centenario del tratado de Sykes-Picot (por los apellidos de los diplomáticos de Londres y Francia que trazaron a su gusto las fronteras de Medio Oriente), el documento se da por muerto. Esta trinchera parece pensada para convertirse en límite internacional. Aunque se ha anunciado que correrá ajustándose a las líneas a las que los peshmergas avanzaron entre el 10 y el 15 de junio, para protegerlas cuando dos divisiones del ejército iraquí se desintegraron espectacularmente y por puro miedo ante una fuerza sumamente inferior de yijadistas, hay un área de duda porque dos aldeas kurdas, Sadiyah y Jalawla, en la provincia de Diyala (vecina a Irán), están en poder de Estado Islámico y, pensando en el futuro, el GRK teme que construir la zanja sin incluirlas signifique renunciar a ellas definitivamente.

Unos 20 kilómetros al norte está Kirkuk, la gran ciudad petrolera tomada por los peshmergas en junio. Es una urbe difícil porque, aunque solía tener una clara mayoría kurda, la estrategia del régimen de Sadam Huséin en los años 80, para consolidar su dominio sobre ella, fue expulsar a miles de kurdos y entregarles sus casas a trabajadores árabes, para cambiar el equilibrio demográfico a su favor. El último censo, de 1957, registró una mayoría kurda de 178 mil personas, más 48 mil turcomanos, 43 mil árabes y 10 mil cristianos. Una estimación de 1997 dio cuenta del efecto: los árabes eran el 72%, los kurdos, el 21%, los turcomanos, el 7%, y los cristianos, el 0.4%.

Como signo positivo, está la novedad de que reportes de años anteriores de que los pobladores árabes temían al gobierno kurdo, parecen haber perdido una parte de su fundamento. En la década a partir de la invasión estadounidense de 2003, Irak se despeñó por la violencia y el desastre económico, mientras que el Kurdistán aprovechaba su autonomía constitucional para garantizar la seguridad con una fuerza militar propia –los peshmergas— y para desarrollar una industria petrolera que provocó un bum financiero, al grado de que algunos ministros empezaron a hablar de una nueva Dubái.

Kirkuk vivía a mitad de camino entre esos mundos. Su estatus final –incorporarse a la GRK o no— tenía que haberse definido en 2007 mediante un referéndum que el gobierno de Irak no quiso realizar. Sus habitantes viajaban regularmente al norte, a Erbil, la capital kurda que presumía nuevos centros comerciales y anchas avenidas, y al sur, a Bagdad, segmentada en pequeños feudos y plagada por combates callejeros y atentados con bomba.

Además, sufrían la presión de las fuerzas de seguridad iraquíes: “Mientras en Erbil mis primos, que son árabes como yo, vivían tranquilos y manejaban sus negocios, en Kirkuk te extorsionaban los policías en tu calle, los policías en tu tienda y los policías en tu propia casa, se metían a tu propia casa a inventar sospechas de no sé qué y sólo podías quitártelos con dinero, después de que hostigaran a tu esposa y a tus hijas”, denuncia el comerciante Abdula Osman. “El gobierno kurdo no hace eso, el gobierno kurdo quiere que todos progresemos, kurdos, árabes, cristianos, todos. Y lo único que le faltaba era Kirkuk, con el petróleo que hay aquí. Ahora que todo estará bajo el control de gente responsable, Kirkuk y Erbil serán nuevas Dubáis”.

NO TAN RÁPIDO

A primera vista, el cálculo es optimista, especialmente después de que, el viernes 11, el GRK, “tras enterarse el jueves de que el Ministerio del Petróleo (de Irak) les había ordenado a sus empleados inutilizar las instalaciones”, según su explicación oficial, ordenó a los peshmergas ocupar los campos petroleros de Kirkuk y de Bai Hassan. El primero de ellos registró exportaciones por 6 mil millones de dólares en 2013 y, en conjunto, ambos tienen una capacidad de producción de 450 mil barriles por día. Sólo falta un campo (Ajil, que puede producir 60 mil barriles diarios) para que el GRK alcance el control completo de la zona, pero éste tendría que arrebatárselo a tiros a los yijadistas de Estado Islámico.

Dado que el Kurdistán cuenta ahora con un oleoducto hacia Turquía que le permite sacar el petróleo al Mediterráneo por el puerto de Ceyhan (de manera que ya no depende del gobierno iraquí para llevar los hidrocarburos al Golfo Pérsico por Basora), al GRK sólo le falta resolver un aspecto, pero resulta clave: encontrar clientes que quieran comprar su producto arriesgándose a que Bagdad los demande por contrabando ilícito, ya que, mientras el Kurdistán no gane la soberanía y obtenga reconocimiento internacional, el propietario legal sigue siendo Irak.

Halkbank, el banco del gobierno turco, es el encargado de recibir cualquier pago y actualmente guarda 93 millones de dólares del KRG, pero están bloqueados desde que Bagdad anunció su decisión de impugnar judicialmente cualquier transferencia sin su autorización.

Un tanquero que lleva un mes flotando frente a Marruecos, porque no se le ha permitido descargar, ilustra la dificultad. Pero hay noticias de que otro fue adquirido por Israel, cuyo primer ministro, Binyamin Netanyahu, ha sido el único mandatario que ha abogado públicamente por la independencia del Kurdistán.

A segunda vista, sin embargo, las novedades que parecen malas para Bagdad podrían no serlo en el corto plazo, como ha revelado un análisis realizado por el área de negocios de Rudaw, el único conglomerado de medios del Kurdistán iraquí, con un canal de televisión, estaciones de radio, periódico y sitio web.

Titulado “¿Ha hecho la crisis a Bagdad aún más rico?”, el documento explica que la industria petrolera kurda sigue en un nivel “incipiente” y que hallar clientes y desbloquear las transferencias no es el problema más grave. De hecho, el GRK puede haberse sentado en una montaña de petróleo pero ésta no le sirve para satisfacer sus propias necesidades porque Baiji, la única refinería del norte de Irak, está fuera de su territorio y, de hecho, el mes pasado cayó bajo control de Estado Islámico. Esto significa que tanto el Kurdistán como el resto de la región enfrentan una crisis de combustibles, que el GRK ahora debe importar desde Turquía, en camiones por carreteras que ya estaban excesivamente congestionadas.

Además, el gobierno kurdo puede avistar riquezas en el futuro pero por ahora enfrenta una grave falta de liquidez porque, como parte de sus enfrentamientos con el la administración central, ésta suspendió la entrega de las partidas presupuestarias correspondientes desde el mes de febrero, estimadas en mil millones de dólares mensuales.

Si el avance de los peshmergas en junio acercó mucho al GRK a su objetivo de extenderse sobre todas las tierras que considera históricamente kurdas en Irak, esta expansión, que amplió en un 40% el territorio bajo su control, conlleva un aumento proporcional de los gastos al tener que hacerse cargo de los servicios públicos y la administración, y en términos de seguridad, la amenaza de los yijadistas demanda un esfuerzo sustancialmente superior.

POSEER SIN COSECHAR

Las cosas pueden tener un cariz económico distinto desde la perspectiva de Bagdad, aunque de entrada sea duro enfrentar el desmembramiento del país. El análisis de Rudaw prevé que, si el gobierno federal, el “califato” islámico proclamado por los yijadistas y el GRK entran en una guerra de desgaste, el primero tendrá “todo tipo de ventajas”, según Nat Kern, un experto en petróleo iraquí de la consultoría energética Foreign Reports Inc., citado por Rudaw. “Cuenta con 70 mil millones de dólares en reservas, controla su propia moneda, no tiene deuda, goza de reconocimiento casi universal, pleno apoyo de Irán, fuerzas armadas que a pesar de ser ineficaces son numerosas, y exporta 2 mil 500 millones de barriles de petróleo diarios”.

Además, la administración central se ha visto liberada de enormes gastos: si desde febrero se ahorra lo que debía entregarle al GRK, ahora tampoco tendrá que pagar los de las provincias de Anbar, Nínive y Saladino que conquistó Estado Islámico. Rudaw estima que, en conjunto, se trata de la cuarta parte del presupuesto.

Por su parte, si bien Estado Islámico ha obtenido un botín que lo ha convertido en el grupo terrorista más rico del mundo, con unos 2,300 millones de dólares en efectivo y bienes e ingresos de 30 millones mensuales, ahora tiene que hacerse cargo de gobernar esas tres provincias más Raqqa y otras poblaciones en Siria, y ese dinero está muy lejos de ser suficiente para enfrentar el reto en el mediano plazo: “pueden controlar la mitad del trigo de Irak pero no van a poder cosecharlo”, anota Rudaw.

En Kirkuk, los habitantes creen que el referéndum tan largamente prometido ahora sí se va a realizar, por lo que elegirán entre unirse o no al Kurdistán. En la decisión deben tomar en cuenta que no sólo estarán pasando a formar parte de una entidad autónoma dentro de Irak, sino de un país independiente, si el parlamento regional resuelve llevar a cabo otra consulta sobre la separación. Ya la ha solicitado formalmente Masud Barzani, el presidente regional, y se especula que podría celebrarse antes de fin de año.

Pero tal vez no: el de Netanyahu no es el apoyo internacional más codiciado en el mundo y nadie ha ofrecido otros. El aliado más cercano, Turquía, ya ha sugerido que no es la mejor idea, lo mismo que Estados Unidos, Irán y el resto de los poderes de Medio Oriente: su temor es que, en este momento especialmente delicado por los conflictos militares activos, el resquebrajamiento de Irak provoque el de toda la región: Siria, Líbano y Jordania, además de desestabilizar a las monarquías del Golfo Pérsico y soliviantar a los millones de kurdos que viven en Turquía e Irán. Esto convertiría a Estado Islámico y su “califato” en un problema menor.

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