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Irak: La Yijad en casa


Publicado en Proceso 30 de junio de 2014.

El mismo hashtag en Twitter sirvió para transmitir las emociones contradictorias de miles de personas: #EIISenlaFronteraSaudí surgió a partir de que, el domingo 22, la milicia súper-extremista Estado Islámico de Irak y al Sham (EIIS) había conquistado Rutba, la población iraquí más cercana a los límites con Jordania y con Arabia Saudí. Del lado de este último país, el primer sitio habitado es Arar, como festejó ese mismo día un tuit de la cuenta yijadista @31_E1: “Sólo hay cinco horas y media entre Rutba y Arar”.

Para los partidarios de EIIS, se trata de algo como un sueño: el mes de junio es el de un avance más veloz y sorprendente que el que hubieran podido imaginar, con sus banderas negras ondeando en Mosul, segunda ciudad en tamaño de Irak, y en numerosas ciudades de la cuenca del río Tigris, y con la novedad de que la toma de Rutba sugiere que la ofensiva de EIIS contempla extenderse a las naciones vecinas, para hacer realidad la prometida reinstauración del califato omeya que hace 1,300 años vio la edad de oro del Islam. Otros hashtags en este mismo estado de ánimo son #EradelaConquistadeEIIS y #MilMillonesdeMusulmanesporlaVictoriadeEIIS.

Para el otro sector de usuarios que compartió el primer eslogan se trata de la aproximación del terror. “Nos estamos dando cuenta de que jugamos con fuego y ahora nos vamos a quemar”, reconoce Walid al Zahran, un profesor saudí de inglés que revela la inquietud que se experimenta en los círculos sociales de Riyadh, su capital, y que llega a un gobierno preocupado por resolver los graves dilemas tácticos que le impone el crecimiento de EIIS y sometido a intensas críticas internacionales. La versión de que la fuerza aérea jordana paró a bombazos un intento de infiltración de EIIS en su territorio aumenta la sensación de asedio.

Tanto las autoridades saudíes como su aliado, Estados Unidos, a través del secretario de Estado John Kerry, han rechazado las denuncias contra Arabia Saudí por el desmesurado crecimiento de EIIS: “Los hacemos responsables por el apoyo financiero y moral que le han dado”, lanzó el primer ministro de Irak, Nouri al Maliki, el martes 17. Los observadores interpretaron que, de esta forma, Maliki trataba de distraer la atención sobre sus propias políticas sectarias, que al promover los enfrentamientos entre los distintos sectores de la sociedad iraquí regaron tierra fértil para el desarrollo de EIIS.

También es conocido, sin embargo, que a pesar de que la monarquía de los Saud considera a EIIS un enemigo y lo persigue, es de las fortunas de sus propios súbditos y fundaciones religiosas de donde ha salido gran parte del dinero que ayudó a que EIIS surgiera y se consolidara como la organización yijadista más fuerte y peligrosa (más aún que su antigua patrona, Al Qaida, de la que ahora es competidora y rival), y no sólo eso: recientes golpes militares contra ella han permitido confirmar que es también la más rica, con capacidad de sostenerse y seguir creciendo aun si la policía saudí cortara sus redes de donaciones: el monstruo ya se vale por sí mismo.

YIJAD DEL DINERO

La relación entre el dinero de los estados petroleros del Consejo de Cooperación del Golfo (una entidad dominada por Arabia Saudí que también incluye a Kuwait, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán) y el financiamiento del extremismo religioso es bien conocida. Sentados sobre inmensas reservas de petrodólares, los gobiernos y los príncipes sostienen fundaciones religiosas dedicadas a promover el wahabbismo –una interpretación sumamente estricta del Islam— en el mundo. De esta forma, los imanes y las mezquitas que se adhieren a ella reciben subvenciones y salarios que les permiten promoverla, apoyos que se niegan a los clérigos más moderados.

Es así también que se financia a grupos armados. Estados Unidos promovió el involucramiento de capital y combatientes saudíes, como Osama bin Ladin, en Afganistán durante la guerra civil contra la Unión Soviética en los años 80. Entre los cables del Departamento de Estado, que dio a conocer WikiLeaks en 2010, hay varios en los que los diplomáticos estadounidenses señalan a saudíes como los principales financiadores de Al Qaida, incluido uno de diciembre de 2009 que se titula “Donantes en Arabia Saudí constituyen la fuente de financiamiento más significativa para los grupos terroristas suníes en el mundo”. Las autoridades saudíes, explican, no hacen lo necesario para impedir que sus súbditos se involucren en estas actividades.

Un ejemplo es de la campaña “Haz yijad (guerra santa) con tu dinero” (que se promueve en Twitter con la cuenta @jahd_bmalk y publica varios números de teléfono para atender al público, como cualquier compañía), con la que un jeque saudí recauda fondos para Al Qaida y que otorga el nivel “plata” a quienes donen 175 dólares para 50 balas de francotirador, y el “oro” para quien regale el doble, equivalente a ocho proyectiles de mortero.

El informe “Jugando con fuego: por qué el financiamiento privado para los rebeldes extremistas de Siria crea el riesgo de encender el conflicto sectario en casa”, del laboratorio de ideas Brookings Institution, revela que, debido a la laxitud de sus reglas financieras, Kuwait se ha convertido en la vía para canalizar las donaciones de los demás países del Golfo Pérsico a Siria, a través de Turquía y Jordania. “Existen evidencias de que los donantes kuwaitíes han respaldado a rebeldes que han cometido atrocidades y que están directamente vinculados a Al Qaida o cooperan con sus brigadas afiliadas”, dice el documento publicado en diciembre de 2013, un mes antes de que se produjera el rompimiento armado entre EIIS y su hasta entonces matriz, Al Qaida.

El periodista Ben Hubbard, del New York Times (12/nov/13), habló en Ciudad Kuwait con Ghanim al Mteiri, “uno de los kuwaitíes que, por docenas y a la luz del día, reúnen dinero para armar a la oposición” siria, recibiéndolo mediante transferencias bancarias o sacos repletos de billetes. “Antes cooperamos con los estadounidenses en Irak”, cita Hubbard a Mteiri, “ahora, ¿por qué no cooperar con Al Qaida?”

En los cables de WikiLeaks se asegura que los saudíes tampoco vigilan el destino de los recursos que el reino pone a disposición de fundaciones caritativas, y que son sumamente cuantiosos. En su libro “Modern Jihad: Tracing the Dollars Behind Terror Networks”, la periodista italiana Loretta Napoleoni asienta: “De acuerdo con varias estimaciones, las organizaciones islámicas, muchas de ellas vinculadas a grupos armados, pueden recurrir a fondos que van de los 5 mil a los 16 mil millones de dólares. Sólo el gobierno saudí dona 10 mil millones cada año, a través del Ministerio de Obras Religiosas”.

Durante el conflicto sirio, Occidente permitió el sofocamiento de las facciones rebeldes moderadas al incumplir su promesa de apoyarlas, pero al mismo tiempo favoreció que los países del Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudí y Catar, canalizaran directamente armas y dinero a los grupos radicales, en una operación a cargo del entonces jefe de la inteligencia saudí, el príncipe Bandar bin Sultan. “Gracias a dios por los saudíes, por el príncipe Bandar y por nuestros amigos cataríes”, dijo el senador republicano John McCain, apenas el 12 de enero, en una entrevista con Candy Crowley en CNN.

Gran promotor de involucrar a su país en la campaña contra el régimen sirio de Bashar al Assad, el grado de entendimiento que tiene McCain del conflicto y de sus propios interlocutores pareció muy bajo cuando, tras una visita a zona insurgente, se difundió una foto en la que aparece con un yijadista responsable del secuestro de 11 peregrinos chiíes. Al dar cuenta del suceso, la revista FrontPage Mag publicó un reportaje bajo este título: “McCain sabe menos de la guerra siria que tú” (30 de mayo de 2013).

El 13 de abril de este año, sólo tres meses después de recibir la gratitud pública de McCain, el príncipe Bandar fue destituido de su cargo.

YIJAD EN CASA

Si la salida de bandar indica que el gobierno saudí ha reconsiderado sus operaciones de financiamiento de grupos extremistas, puede ser demasiado tarde.

Por un lado, porque los enmascarados de EIIS con sus banderas negras no sólo llegaron a Rutba, sino porque, como sentenció un tuit de la cuenta yijadista @AMTAHD, “No estamos en la frontera. Estamos aquí en Arabia Saudí y ésta es nuestra tierra” (22 de junio).

El hecho de que entre mil y dos mil saudíes estén peleando en Siria, de los que unos 250 ya han regresado al reino con entrenamiento militar y experiencia de guerra, provocó que el 4 de febrero se diera a conocer un decreto real que establece penas de 3 a 20 años de prisión para quienes se unan a grupos o corrientes radicales. Si se trata de miembros de las fuerzas armadas, el castigo será de 5 a 30 años. El ejército saudí pidió, a través de tuits desde su cuenta @SAUDI_ARMY_NEWS, que los ciudadanos reporten de inmediato incidentes de reparto de propaganda y de reclutamiento de voluntarios para EIIS. El 6 de mayo, el Ministerio del Interior anunció la detención de un grupo de 62 personas ligado a EIIS, que preparaba una campaña de asesinatos y atentados con bomba dentro del país.

El temor ahora es que los extremistas pretendan utilizar a sus células en Arabia Saudí no para lanzar ataques puntuales, sino para facilitar una invasión desde el exterior. El 23 de junio, DEBKAfile, un website de temas de seguridad formado por exagentes de la inteligencia israelí, reveló que esa misma mañana, EIIS intentó penetrar en Jordania desde Rutba y jets de la aviación destruyeron cuatro transportes blindados de tropas, presumiblemente algunos de los vehículos de fabricación estadounidense que EIIS arrebató al ejército iraquí. Las fuerzas armadas jordanas, siguió DEBKAfile, consideran que su capital, Amman, está en peligro y llamaron a los reservistas a incorporarse a sus unidades: “La captura de Rutba es vista por fuentes militares occidentales como un indicador de los siguientes objetivos de los islamistas. Esa fuerza (la que tomó Rutba) se dividió en dos, una dirigiéndose al sur, a Arabia Saudí, y la otra al oeste, a Jordania”.

COMPRANDO YIJAD

Por otro lado, un hipotético cambio de políticas del gobierno saudí puede ser tardío porque EIIS ha adquirido tal fortaleza que, de hecho, ya no depende de las donaciones y con sus victorias militares se está enriqueciendo.

Desde que se apoderó de los campos petroleros del este de Siria, a fines de 2012, ha asegurado un ingreso constante con la venta de combustible, que a veces le compra, incluso, el mismo régimen sirio al que combate. Está vendiendo cualquier cosa que encuentra en su camino, desde chatarra y materias primas hasta reliquias que en algunos casos tienen 8 mil años de antigüedad.

Ha establecido potentes sistemas redes de extorsión en poblaciones que no controla, como en Mosul, desde mucho antes de que la tomara. Lo había denunciado, en un artículo en Al Monitor en octubre de 2013, Harith al Karawi, un politólogo iraquí. Hoy explica a Proceso: “Ya tenían una presencia sólida en Mosul, que las autoridades tenían terror de enfrentar. Habían establecido auténticos sistemas de recolección impuestos, con penalidades para los que no pagan como el asesinato, el secuestro y atentados con bomba. Hablé con gerentes de grandes compañías de construcción y con dueños de pequeñas tiendas de vegetales: de todas las actividades tomaban su parte. Las proveedoras de telefonía móvil pagaban. Un estimado conservador es que, sólo de Mosul, sacaban 8 millones de dólares al mes”.

Además, roban bancos: no a la manera tradicional, entrando a tiros y escapando después a la ciudad; sino conquistando la ciudad y apropiándose de lo que hay en ella. Su mayor trofeo ha sido la misma Mosul, que tenía 1 millón 800 mil habitantes antes de ser abandonada por las tropas iraquíes y capturada por EIIS el 10 de junio. Su población es ahora mucho menor porque, en cuestión de horas, cuando los habitantes se dieron cuenta de que no había quién los defendiera, unos 500 mil de ellos escaparon tan velozmente como pudieron y, de la noche a la mañana, se convirtieron en refugiados. Todas sus posesiones, como las de las empresas privadas e instituciones públicas, quedaron a disposición de EIIS.

En esa misma ciudad, dos días antes de su caída, un golpe de inteligencia permitió ubicar el escondite de un operador de EIIS que estaba en posesión de 160 unidades de memoria flash que contenían la información más detallada que se conoce sobre el grupo: nombres y apodos de guerra de combatientes extranjeros, códigos para identificar a sus principales dirigentes, iniciales de contactos en el gobierno nacional y una valoración de sus finanzas. De acuerdo con un oficial de inteligencia iraquí que habló con Martin Chulov, del diario The Guardian (15 de junio), EIIS tenía 875 millones de dólares en bienes y dinero en efectivo antes de la toma de Mosul. Pero tras robar los bancos y saquear los cuarteles militares de la ciudad, el grupo obtuvo alrededor de 1,500 millones más.

Sólo la oficina del Banco Central guardaba el equivalente a 429 millones de dólares. ¿Cuánto significa eso para un grupo terrorista? “Con eso puedes comprar mucha yijad”, dice Elliot Higgins, un investigador independiente especializado en el armamento que se utiliza en la guerra Siria. “Con 429 millones, EIIS podría pagarles 600 dólares al mes, durante un año, a 60 mil combatientes”.

Hasta ahora, para poner Medio Oriente de cabeza le han bastado sus entre 7 y 10 mil hombres.

 

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