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Siria: Armas para los moderados


Por Témoris Grecko / El Cairo (publicado en Proceso 23/marzo/2013)

La confrontación de potencias competidoras en Siria fue públicamente reconocida por Laurent Fabius, el ministro francés de exteriores, en comentarios a la prensa, el jueves 14: “No podemos aceptar el desequilibrio actual en el que, por un lado, Irán y Rusia proveen de armas a Bashar (el Assad, presidente sirio) y, por el otro, los rebeldes que no se pueden defender”.

Ese mismo día, Alemania había bloqueado el intento de Francia y Gran Bretaña por levantar el embargo de armas que la Unión Europea mantiene sobre todas las facciones siria. William Hague, el canciller británico, se quejó de que esa política “nos impide ayudar a los (rebeldes) moderados. El régimen recibe ayuda. Los extremistas reciben ayuda. Los moderados, no”.

Una semana antes, el 5 de marzo, el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, había expresado que su país estaría de acuerdo si otras naciones transfirieran armas al opositor Ejército Sirio Libre.

El objetivo de Washington, Londres y París es romper uno de los desequilibrios estratégicos que han estancado la guerra civil: el de las armas.

El otro es el de los combatientes: aunque el Ejército gubernamental tiene cinco o seis veces más hombres que los 70 mil de la oposición, estos últimos están más motivados y el peligro de deserciones incapacita al régimen para hacer uso de muchas de sus unidades.

La ventaja evidente de los fieles al presidente Bashar al Assad es el poder de fuego: fuerza aérea, tanques y artillería pesada. A lo largo de 2012, los rebeldes consiguieron remontar un poco al capturar posiciones enemigas con armamento, pero las cantidades han sido bajas y su principal fuente de aprovisionamiento ha sido la onerosa compra a contrabandistas, el apoyo financiero de magnates del Golfo Pérsico y un limitado respaldo de Catar y Arabia Saudí.

Estos dos países, sin embargo, empezaron a transferir por primera vez, y con supuesta aprobación estadounidense, cantidades importantes de armas pesadas de origen croata, que están llegando al menos desde diciembre y que ya han permitido que los guerrilleros obtengan algunas victorias.

La diferencia es que el apoyo occidental podría permitir que los rebeldes reciban más y mejores ingenios bélicos, bajo la visión optimista, como manifestó Kerry, de que “hay mayores garantías de que las armas están siendo transferidas a los moderados y directamente a la oposición siria”, y no a otras milicias que están ganando fuerza en la oposición y que comparten objetivos con Al Qaeda, como llevar a cabo la yijad (guerra santa) para establecer un califato islámico global.

No todo es armonía detrás de Kerry, sin embargo. El mismo día en que él hablaba en Doha, la capital de Catar, un general estadounidense de primera importancia, James Mattis, jefe del Centcom (Comando Central de las fuerzas armadas de EU, a cargo de la región donde sostiene sus grandes guerras: Medio Oriente, Asia Central y África), manifestó del otro lado del mundo, ante el Comité de Servicios Armados del Senado, en Washington, su preocupación porque “no queremos que, con las mejores intenciones, terminemos armando a gente que básicamente son nuestros enemigos jurados”.

La pesadilla de cualquier presidente de Estados Unidos sería el derribo de un avión israelí con un arma facilitada bajo sus órdenes.

Eliot Higgins, el especialista en armamento que fue la primera persona en dar a conocer el trasiego de armas croatas, que hacían los saudíes supuestamente al amparo de Estados Unidos, reveló el 1 de marzo que éstas habían llegado a manos de Ahrar al Sham, que junto con junto con Jabhat al Nusra es una de las dos milicias yijadistas más importantes.

PATRONES GENEROSOS

Cuando se cumplen dos años de la manifestación opositora del 15 de marzo de 2011, inicio del conflicto que se convirtió en guerra civil, una de las mayores quejas entre los rebeldes es la falta de apoyo visible y directo de Occidente. Pidieron armas y rogaron por la imposición de una zona de exclusión aérea que impidiera los ataques de la aviación gubernamental (todo lo que habían visto que recibían los revolucionarios en Libia), sin obtenerlo.

Ahrar al Sham, Jabhat al Nusra y otros grupos yijadistas, que operan con independencia del Ejército Sirio Libre (ESL), y a veces entrando en roces con él, han recibido apoyo de las redes financieras que sostienen a Al Qaeda, según señala la CIA estadounidense y gritan los comandantes del mismo ESL.

En un artículo del periodista Ghaith Abdul-Ahad, publicado en la revista London Review of Books (21 de febrero), se ofrece un ejemplo de cómo una katiba (brigada) puede perder a sus combatientes si otra les ofrece armas, comida y salarios: los hombres tienen que mantener a sus familias, alimentarse y pelear con posibilidades de salir con vida, y se van con quien les promete resolver sus necesidades.

Hasta ahora, las milicias yijadistas han contado con patrones bastante más generosos que las del ESL y han atraído a muchos guerrilleros. En las calles de la zona rebelde de Aleppo, la segunda ciudad de Siria, partida a la mitad por la guerra, los agraviados y debilitados jefes del ESL no pierden oportunidad de quejarse con los periodistas extranjeros y advierten que si, tras la caída de Assad, los extremistas islámicos se apoderan de Siria, será culpa de Estados Unidos, Turquía y otros países que no cumplieron sus promesas de apoyar a los moderados.

“En la frente de Obama quedará la marca de haberle entregado Siria a la gente de Osama”, dijo a Proceso Karim Abu Sultan, comandante de la katiba del frente de batalla de Al Amariya, el 20 de enero.

GANANCIA POR PARTIDA DOBLE

Las naciones que respaldan a los rebeldes sirios han pasado este par de años quejándose de que no tienen con quién hablar con seriedad: la oposición siria padece de un divisionismo a nivel casi milimétrico, que sorprende incluso a quienes están acostumbrados a los faccionalismos endémicos en Medio Oriente. Los sirios que pelean adentro y los que están en el exilio desconfían unos de otros, y entre ellos mismos. El ESL es un ejército sólo de nombre, pues lo constituye una miríada de katibas que muchas veces se encuentran en competencia.

El Consejo Nacional Sirio, formado a instancias de los “países amigos”, fue secuestrado por una facción de los exiliados y desconocido por otras. Eventualmente, se convirtió en uno más de los grupos integrados en la Coalición Nacional de las Fuerzas Revolucionarias y Opositoras Sirias, creada en Doha en noviembre de 2012, nuevamente por presiones de los aliados y bajo la promesa de pronto apoyo financiero y material.

Que no se cumplió porque, simplemente, no había forma de garantizar que los beneficiarios finales no iban a ser los yijadistas… quienes a su vez, aprovechaban la situación de debilidad en que esto dejaba al ESL para aumentar su poder.

En algún momento de fines del año pasado, el peligro de dejarle Siria a los yijadistas se hizo más relevante que el de armarlos, y la política empezó a cambiar.

LA GUERRA AL ESCRITORIO

Bajo el seudónimo de Brown Moses, el especialista Elliot Higgins lleva un blog en el que examina el armamento que aparece en todos los materiales visuales que salen de la guerra siria.

No son sólo los que difunde la televisión gubernamental siria, los que capta la gente con sus teléfonos celulares y los que graban los grupos de reporteros ciudadanos: como ocurre con los grupos musicales, las katibas suben videos a YouTube para promocionarse y obtener dinero. En sus mejores momentos, difunden sus logros: la toma de cuarteles del ejército y la captura de prisioneros y de material militar. La mayor parte de ellos, sin embargo, son ruidosas manifestaciones de bravura guerrera o de devoción a dios, o de ambos.

De esta forma, quienes recaudan dinero en su nombre en los países del Golfo Pérsico y Europa pueden dar cuenta de lo que se está haciendo con él, y los filántropos (príncipes petroleros, magnates de negocios, jerarcas religiosos) obtienen la satisfacción de saber que están contribuyendo a la causa de la yijad o la de la libertad, o simplemente haciéndoles daño a sus enemigos en el régimen.

En todas estas imágenes, es indispensable mostrar las armas con las que se pelea. Así, de manera inusitada en la historia, los académicos y los analistas especializados en tecnología bélica pueden obtener en sus escritorios, en tiempo real y sin intermediación, reportes fidedignos de qué es lo que se está usando en el campo de batalla, y cómo.

El Brown Moses Blog está repleto con videos captados en el terreno y diseccionados toma a toma para revelar cuáles son las nuevas armas que van llegando a Siria. Lo siguiente es investigación documental, entrevistas, filtraciones, para tratar de averiguar cuál es su origen y cómo llegaron allí. En un foro privado de periodistas que cubren esta guerra, Higgins colabora con ellos pidiéndoles aclarar sus dudas y confirmar sus sospechas, y señala pistas de investigación para que ellos las sigan.

DESTINO FINAL

Durante febrero, Higgins hizo varios descubrimientos de armas extranjeras en cantidades crecientes, especialmente cañones sin tracción, que permiten que una persona pueda lanzar proyectiles de gran calibre sin apoyo, y lanzacohetes: los tanques y los helicópteros del ejército empezaron a ser destruidos en mayor número. Algunos eran cañones FN-6, de origen chino y, los otros, cañones M-60, lanzacohetes M-79 y lanzagranadas RBG-6, fabricados en la desaparecida Yugoslavia. También había lanzagranadas antitanque desechables (no pueden ser recargadas) RPG-22, hechas en la Unión Soviética y utilizadas también por los yugoslavos.

Inicialmente, el bloguero detectó estos artefactos en videos en los que se aseguraba que habían sido arrebatados a los opositores por el ejército del régimen. Los transmitió la televisora oficial siria, que “no es una fuente confiable de información pero”, explica Higgins en un comentario para Proceso, los mostraba en tales cantidades que no podían ser sólo “para fines de propaganda”.

De manera que se puso a revisar materiales producidos por los guerrilleros y encontró que aparecían en muchos, con dos características principales: la primera es que fueron grabados en el sur del país y en Damasco, pero no en el norte, lo que llevó a The Washington Post (24 de febrero) a concluir –contrastando positivamente con fuentes oficiales— que se pretendía reforzar los frentes de batalla que se consideraban más dañinos para el régimen, mientras que el del norte (Aleppo) parecía estancado; la segunda es que estaban en manos de katibas del ESL, lo que, volvió a confirmar ese periódico estadounidense, revelaba la intención de fortalecer a los moderados frente a los yijadistas.

El 25 de febrero, The New York Times dio a conocer que había sido Arabia Saudí quien compró, transportó e introdujo el armamento en Siria. En su artículo para el London Review, Ghaith Abdul-Ahad cita a un importante contrabandista de armas que detalla lo indispensable que ha sido obtener el visto bueno de Estados Unidos para conseguir que Turquía, Catar y los saudíes transfieran armas a la oposición. El NYT, en cambio, no consiguió confirmar que Washington haya intervenido en el proceso, aunque cita a un alto oficial estadounidense que describió esos primeros envíos como “una maduración del sistema logístico de la oposición”.

Parece que sólo unos cuantos días fueron suficientes para que, además de prometer 70 millones de dólares en ayuda “no letal” como chalecos antibalas y gafas de visión nocturna, John Kerry considerara el 5 de marzo que ya no hay problema para que los países aliados armen al ESL. Y que dijera creeer que se beneficiará a la gente correcta.

Aunque se curó en salud: “No se puede garantizar que un arma u otra no pueda llegar a caer, en esta situación, en manos en las que no las queremos”.

Tenía motivos para hacerlo. El 1 de marzo, el mismo Brown Moses Blog había difundido su análisis de videos de los yijadistas de Ahrar al Sham utilizando sus nuevos M-79 y RBG-6 de origen croata, obtenidos, según confirmó David Enders, de McClatchy Newspapers, de grupos del ESL. El jueves 15, nuevas imágenes mostraron al grupo Frente Islámico Sirio en poder de cañones M-60.

“No importa qué controles impongas”, concluye Higgins, “una vez que las armas llegan a Siria, es casi imposible controlar a quién van”.

 

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