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Irak: El polvorín kurdo


Por Témoris Grecko / Erbil, norte de Irak (publicado en Proceso, 30 de diciembre de 2012)

Las anchas y bien asfaltadas avenidas de Erbil parecen desmentir que se está en Irak: la mayor ciudad del norte del país está experimentando un boom económico que se expresa en algunos dispendio menores, como escaleras mecánicas en puentes peatonales que nadie utiliza o pasos vehiculares a desnivel casi vacíos. Los inmigrantes kurdos de las montañas visten desgastados trajes tradicionales mientras observan los aparadores de las tiendas de grandes marcas de lujo en los numerosos centros comericales. Sus carros tirados por burros se hacen a un lado para dejar las calles a las flotillas de camionetas blancas 4×4, conducidas por ejecutivos de compañías extranjeras y trajeados kurdos del floreciente funcionariado regional.

Este veloz desarrollo, que ofrece esperanzas de seguridad y oportunidades laborales a los cinco millones de habitantes de la Región Autónoma del Kurdistán (RAK), está en peligro a raíz de una escalada de tensiones con el gobierno del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, que se agrava además por la inesperada crisis de salud del presidente del país, el kurdo Jalal Talabani, respetado por sus dotes de mediador.

Erbil es una isla de paz en un mar de batallas: cuatro horas en coche al norte, se llega al área donde combaten los rebeldes kurdos del PKK contra el ejército de Turquía; cuatro horas al este, uno encuentra la tensa frontera con Irán; tres horas al noroeste, siguen llegando decenas de miles de refugiados kurdos que escapan de la guerra civil en Siria; y lo que más preocupa es que a sólo una hora de manejo hacia el este, en la vecina provincia de Kirkuk, alrededor de 60 mil soldados de las milicias peshmergas de la RAK y del ejército nacional iraquí apuntan los fusiles unos contra otros, desde sus respectivas trincheras, a distancias a veces menores de cien metros.

El 19 de diciembre, tropas kurdas dispararon en un intento de derribar un helicóptero militar iraquí. Tres días antes, el presidente de la RAK, Masoud Barzani, había acudido a la línea del frente y declarado: “Estamos contra la guerra, pero si las cosas van a la guerra, entonces todos los kurdos estamos listos para pelear”.

Como parte de Irak, la RAK tiene primer ministro y presidente propios. Barzani “es un líder que no siempre impone el cerebro al hígado”, dice a Proceso un diplomático occidental que prefiere guardar su nombre, “y siendo hijo de quien es (el mayor héroe kurdo iraquí, Mustafa Barzani, gran enemigo de Sadam Husein), aspira a emular a su padre, enfrentando el poder de Bagdad y, probablemente, conquistando la independencia”. En la esquina contraria, Al Maliki encuentra que los kurdos le hacen difícil ejercer el dominio político del país y, lo más importante, controlan gran parte de las reservas de petróleo.

Las disputas territoriales y por los hidrocarburos ya ponen la mesa para el conflicto. El carácter y la rivalidad de los dos comensales, Barzani y Maliki, lo hace más probable. La situación se agravó el 18 de diciembre, cuando el pacificador Talabani, de 79 años de edad, sufrió un infarto cerebral que lo envió de emergencia a Alemania. Se da por hecho que, si sobrevive, no quedará en condiciones de regresar a su puesto y la disputa por la sucesión se ha abierto. Mientras tanto, el gobierno iraquí ha denunciado al kurdo por haber cortado el suministro de petróleo para exportación. Y Barzani ha anunciado planes para construir un oleducto hacia Turquía que le permita prescindir de Irak para vender el hidrocarburo.

Ésa es la única limitante económica de la independencia y de tal forma la eliminaría. “No quiero decir que estamos al borde de una guerra civil entre árabes y kurdos”, Osman Mustafa, quien prepara una tesis de doctorado en nacionalismo kurdo para la Universidad Americana de El Cairo. “Sólo que no es impensable. Y que turcos e iraníes temen que sus propias poblaciones kurdas se quieran separar. Esto puede desestabilizar la región entera”.

OCÉANO DE RESERVAS

Es un simplismo pensar que todo lo que ocurre en Medio Oriente tiene que ver con el petróleo. En este caso, sin embargo, sí es uno de los dos elementos fundamentales de un problema que afecta a cuatro países. El segundo es que los kurdos son el mayor pueblo del mundo sin Estado propio. Son aproximadamente 30 millones de personas que viven principalmente en Turquía (unos 15 millones), Irán (7 millones) y Siria (2 millones), además de Irak, donde 5 millones habitan en la RAK y dos millones en los llamados “territorios en disputa” (entre la RAK y el gobierno iraquí) y el resto de Irak.

La aspiración por constituir un Estado se ve más cerca que nunca en la historia en la Región Autónoma del Kurdistán, cuyo gobierno se maneja bastante a su antojo con relación a las autoridades centrales de Bagdad: mantiene representaciones propias (que llama “embajadas”) en 17 países, está integrado por “departamentos” que funcionan como ministerios, controla fronteras y aeropuertos en los que otorga visas propias, sostiene un ejército ligero (los peshmergas, cuyo nombre significa “los que enfrentan la muerte”) reconocido en la Constitución iraquí y –lo que irrita más a Bagdad— está imponiendo su dominio en la industria petrolera.

En un informe del 9 de diciembre, titulado “Un oceáno de reservas en espera de ser abierto”, el diario británico The Financial Times describe a la RAK como “uno de los sitios con mayor atractivo para la industria global del petróleo” en el que ya se han descubierto 14 mil millones de barriles de combustible de unos 45 mil millones que se cree que existen en el subsuelo. Por lo pronto, ya ha atraído 10 mil millones de dólares en inversiones por parte de las grandes compañías (equivalentes a 2 mil dólares por cada habitante). “Es casi el único lugar de Medio Oriente donde el sector privado puede explorar territorio virgen”, cita el FT a Tony Hayward, ejecutivo de la empresa petrolera Genel Energy. La producción de 2012 fue de 200 mil barriles diarios, se espera que alcance los 250 mil en 2013 y que escale hasta un millón en 2015.

No son esas cantidades las que están pasando por Irak, sin embargo. A principios de diciembre, Bagdad exportaba 100 mil barriles diarios de crudo producido en el Kurdistán, pero el día 19, la RAK cerró la llave y dejó salir apenas 5 mil diarios. La causa, se explicó, fue que el gobierno iraquí adeudaba 291 millones de dólares a las empresas productoras, a lo cual Bagdad replicó asegurando que había pagado 541 millones de dólares.

El gobierno de Al Maliki ha expresado su molestia porque el de Barzani ignora a las autoridades iraquíes y está concediendo por su cuenta contratos de exploración y de producción a compañías extranjeras, como las estadounidenses ExxonMobil y Chevron, la francesa Total y la rusa Gazprom. Para el primer ministro iraquí, la gota que derramó el vaso fue que ExxonMobil anunció que a principios de 2013 iniciará perforaciones en Kirkuk, una provincia en la que la mitad de la población es kurda y una cuarta parte, árabe (más otros grupos étnicos menores), pero que es uno de los territorios en disputa porque Bagdad, interesada en el petróleo de la zona, rehusa cederlo a la RAK.

“El primer ministro ha sido claro: Si Exxon pone un dedo en esta tierra, enfrentará al ejército iraquí”, declaró el parlamentario Samid Al Askari, cercano a Al Maliki, el 18 de diciembre. “No queremos guerra, pero iremos a la guerra, por el petróleo y por la soberanía iraquí”.

DUBAI DEL KURDISTÁN

Todo el año 2012 estuvo marcado por incidentes relacionados con el control sobre los hidrocarburos. La RAK ya había suspendido las exportaciones, con argumentos similares, entre abril y septiembre, cuando las partes llegaron a un acuerdo para canalizar los pagos de Bagdad. Al Maliki, sin embargo, tomó la decisión de disolver la unidades militares conjuntas árabo-kurdas, que patrullaban los territorios en disputa, y reemplazarlas con un Comando de Operaciones del Tigris, totalmente árabe y bajo su control directo, que tomó posiciones en noviembre. La RAK respondió enviando tropas y el primer enfrentamiento tuvo lugar el día 16 de ese mes, con saldo de dos muertos.

Jalal Talabani es el líder de la Unión Patriótica del Kurdistán, la segunda mayor organización política kurda después del Partido Democrático del Kurdistán, dirigido por Barzani. Mientras este último visitaba las trincheras de Kirkuk (10 de diciembre) y arengaba a los peshmergas, diciéndoles que ellos estaban “asumiendo el deber sagrado de defender el futuro del pueblo de Kurdistán”, Talabani trabajaba para disminuir las tensiones y buscar un acuerdo.

Entre el infarto cerebral que sufrió el 18 de diciembre y el día 20, informes contradictorios alimentaron el rumor de que Talabani había muerto o estaba a punto de fallecer, hasta que se decidió su traslado a Alemania. Dada la gravedad del caso, sin embargo, cuando se habla de él en política se hace en tiempo pasado, porque se descarta que pueda recuperarse al grado de regresar a la Presidencia.

“Era un apagafuegos y todo el mundo se lo reconocía”, explica Ahmed Sorani, analista del diario Kurdish Globe (favorable a la independencia), “pues su mediación era apreciada en muchos ámbitos: en las disputas entre Al Maliki y los partidos iraquíes, en el encono entre Al Maliki y Barzani, e incluso para que los turcos pudieran comunicarse con los guerrilleros kurdos del PKK. Su muerte, o su salida del mapa político, hace más difícil que Erbil y Bagdad puedan llegar a un acuerdo. Y complica más las cosas porque se abre la pelea por la sucesión: entre los propios dirigentes kurdos y entre ellos y Al Maliki, porque éste querrá imponer a un árabe de su coalición”.

“La desaparición de Talabani y la profundización de la crisis con Bagdad tiene a todo el mundo de nervios”, lamenta un europeo que trabaja para una de las mayores consultoras del mundo, encargada de organizar los esfuerzos de la RAK por atraer inversiones. Como el resto de Irak, el Kurdistán depende de los ingresos originados en un solo producto de exportación, el petróleo, y los beneficiarios directos son aquellos vinculados a la industria y quienes están cerca de ellos, como el taxista Gafur Sorani, quien gana unos 2 mil dólares al mes: “Cinco o seis veces lo de hace cinco años”, asegura.

Los demás reciben las migajas, lo cual se nota en el contraste entre las deterioradas casas del viejo Erbil, concentradas alrededor de una ciudadela con 8 mil años de existencia (es el asentamiento permanentemente habitado más antiguo de la humanidad, según la UNESCO), y las relucientes zonas construidas en los últimos 9 años, tras la caída de Sadam Husein, donde abundan los rascacielos relucientes y las urbanizaciones con nombres como “Dream City” e “Italian Village”, de acceso restringido y residencias de lujo.

El objetivo declarado es crear una “Dubai del Kurdistán”, utilizando las ganancias de los hidrocarburos para atraer compañías extranjeras que desarrollen una base industrial y de servicios generadora de empleos, ofreciéndoles infraestructuras gratuitas y exenciones de impuestos.

El problema es la pésima imagen de la marca Irak: el Kurdistán se quiere disociar de ella para ofrecerse como un refugio de seguridad y estabilidad para los ejecutivos de las empresas, libre de los actos terroristas y los secuestros que plagan el resto del país. No han tenido uno desde 2007. Resultará difícil consolidar el clima de relativa tranquilidad, sin embargo, si sigue creciendo la sombra de la guerra.

Fiel a su tarea, el consultor europeo quiere transmitir confianza: “Estas llamaradas son normales, el próximo año se calmarán”, asegura. Pero reconoce: “Puede ser que la diferencia sea la falta de Talabani. No veo que, sin él, Al Maliki y Barzani puedan alcanzar acuerdos”.

 

 

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