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No todo es inglés en India


La importancia de manejar las lenguas locales… y de no hacerlo.

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, diciembre de 2012

La introducción más veloz que uno puede recibir a la sobrecogedora complejidad del subcontinente indio tiene un carácter numismático: apenas ha llegado al aeropuerto de Delhi, de Mumbai o de Kolkata, tiene que cambiar dinero o extraerlo de un cajero automático, y encontramos la revelación: en el billete vemos la inscripción One Hundred Rupees, o cien rupias, en el alfabeto latino… que seguramente será el único que podemos entender. Inmediatamente debajo, aparece la misma leyenda… en hindi, con caracteres únicos. Y luego en marathi, bengalí, tamil, árabe… hasta sumar once lenguas, cada cual con un sistema gráfico propio.

 

Es la forma en que India nos dice “namaste”, algo así como una bienvenida. Aunque esa palabra sólo es la que prefiere el sector de los indios que utilizan como primera lengua el hindi. Los bengalíes del oriente preferirán “nomoskar”. En el sureste, donde los morenos tamiles todavía resienten la milenaria invasión de los arios del norte, “namaste” puede dar una impresión de descuido o de desinterés por conocer lo propio de los lugareños, por lo que “vangaa” será la mejor manera de conquistar sonrisas.

 

En numerosos lugares de este vasto mundo al pie de los Himalaya (India tiene más del doble de la población de Europa y es más diversa, a pesar de lo cual, la perspectiva  occidental de que es un solo país terminó convirtiéndose en realidad mediante la dominación colonial), en cambio, será bien recibido un “salaam aleikum”, la paz sea contigo, tal como en tierras árabes: mucha gente tiende todavía a confundir indio con hindú, a pesar de que ni todos los hindúes (seguidores de la religión hinduista) son indios, ni todos los indios (nacionales de India o sus descendientes expatriados) son hindúes: también los hay musulmanes, sijs, jainíes, cristianos, zoroastrianos, budistas y animistas.

 

El principal partido de la oposición quisiera hacer de India un país hindú, lo cual ha desatado sangrientos conflictos. Y muchos políticos de habla hindi quisieran imponerla como idioma oficial primario, para indignación de los que tienen otros. No lo han conseguido, el estado sigue siendo laico y la lingua franca es la de los colonizadores ingleses.

 

A pesar de lo cual, no nos podemos confiar. Hay gente a la que le gusta, otros que lo hayan cómico y algunos lo rechazan, pero el acento indio en inglés no es siempre fácil de entender.

 

Los angloparlantes nativos, es cierto, no son pocos, suman cien millones… pero ya viéndolos dentro de la multitud de mil doscientos millones de indios, pues, eh… sucede que se reducen las oportunidades de encontrar a nuestro interlocutor ideal. Salir de las zonas más modernas para entrar en barrios periféricos o zonas rurales –o ir a uno de sus alucinantes festivales— hace muy probable que la lengua inglesa nos resulte insuficiente.

 

Como en cualquier nación, en los distintos estados indios siempre conviene aprender algunas frases clave que nos granjearán simpatías y sacarán de problemas: saludos, agradecimientos, cortesías, despedidas, y, bueno, algo que no olvido –aunque sea casi totalmente inútil en un país donde el alcohol es impopular, como India— es cómo beber a la salud del otro, por supuesto.

 

Aunque también hay excepciones en las que es mejor, como dicen en España, “hacerse el sueco”, el que no entiende la lengua local. Como con un conductor de auto-rickshaw en la ciudad de Pune, que en lugar de conducir directamente al sitio que le dije, me llevó a dar un paseo no solicitado y quiso cobrarme una cantidad ridícula. En medio de la discusión, de forma muy agresiva, abandonó su mal inglés y se puso a insultarme en marathi. Asumía que yo, como extranjero, sólo hablaría inglés, me sentiría abrumado ante su perorata y me rendiría.

 

Deberían haber visto su cara cuando le respondí. En lengua castellana. Más aún: en mexicano bien curtido en lides verbales adolescentes. No es que él pudiera comprender de súbito lo que es el albur. El efecto que yo buscaba, sin embargo, era de brutalidad auditiva. Y lo conseguí: en su desconcierto, dejó de hablar, aceptó el pago correcto que le estaba dando y me vio irme. Cuando volvió a abrir la boca, yo ya estaba del otro lado de la avenida.

 

RECUADRO

Aventurarnos en India como viajeros independientes exige esfuerzos lingüísticos mayores que los que haríamos al recorrer dos docenas de países europeos.

 

 

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