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Música sobre las distancias


Distintos proyectos aprovechan internet para romper las barreras

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, noviembre de 2012

“Esta canción dice: no importa quién seas, no importa a dónde vayas en tu vida, en algún momento vas a necesitar a alguien que esté ahí para apoyarte”. Mark Johnson, un ingeniero de sonido, escuchó de lejos al hoy fallecido Roger Ridley cantar en la calle “Stand by me”, la famosa pieza de Ben E. King, en Santa Monica, California.

 

Después de grabarlo en video y audio, resolvió que la letra enviaba un mensaje que atañía al mundo, más allá de fronteras y lenguajes. Decidió lanzarse a viajar en busca de ecos. Los encontró en Estados Unidos, Francia, Italia, Holanda y Rusia. También en Brasil y Venezuela, en Sudáfrica y la República Democrática del Congo. Esto empezó en 2004, el video ya tiene 43 millones de visitas en YouTube y ya le han seguido otros diez, como parte de un proyecto llamado “Playing for Change”.

 

En 2009, con un nivel de producción más alto, el compositor y director de orquesta Eric Whitacre realizó su proyecto Virtual Choir: el video de su obra Lux Aurumque es alucinante, reflejo de la tecnología de nuestra época: siguiendo las suaves indicaciones del maestro, 185 cantantes de 12 distintos países, cada cual desde su casa, nos complacen auditiva y visualmente en un coro en línea.

 

Contrastante, también, con lo que hace un chico que sabe que baila mal y que carece de gracias singulares, pero que con sencillez nos ha llevado por el mundo conectándonos con gente a la que hace seguirle, o lo que es mejor, enseñarle, los pasos: Matt Harding.

 

A varios de mis amigos les cuesta trabajo entender por qué me agrada Matt Harding. A mí también, puesto que de entrada me da envidia: para él parece ser muy sencillo darle vueltas al planeta con el puro buen humor, mientras que a mí me cuesta enfrentar conflictos bélicos, bancarios, logísticos y románticos.

 

Pero resulta que me cae muy bien. Porque creo que lo que parece una bobada y denomina “Where the hell is Matt?” encierra un poderoso mensaje: podemos bailar juntos y vernos unos a otros bailar, a todos nos gusta, seres humanos de todos los sabores. Es algo que nos une. Como demuestran también, con propósitos diferentes, “Playing for Change” y el “Virtual Choir”.

 

Lo de Matt empezó como algo bastante simplón. Dejó su trabajo y se fue de viaje un par de años en 2003. A donde llegaba, le daba la camarita a alguien para que lo grabara haciendo un bailecito bobo: salió una curiosidad bonita que apareció en YouTube en 2005, y que repitió el año siguiente. Se convirtieron en videos virales y, sorpresa, una compañía de goma de mascar decidió darle dinero a Matt para que siguiera pasándosela bomba por todos los continentes. ¿Ya ven por qué da envidia?

 

Lo bueno es que su concepto se desarrolló, como vemos en su edición de 2008: ya no es solo Matt, ahora es la gente de cada lugar la que baila con él. En la última, de 2012, nos hace el favor de (casi) olvidarse de su bailecito y trata de seguir las danzas tradicionales de la gente que encuentra. Aquí ya hay más producción y cuenta con personal de apoyo que le permiten crear un divertido juego de acción-reacción entre grupos de personas que aparecen en lugares y momentos diferentes.

 

Lo de Matt se volvió comercial. A pesar de que destina algunos recursos a apoyar a varias fundaciones. Sí. Y lo es mucho más el Virtual Choir de Whitacre, cuyo principal objetivo es ganar fama y dinero para su creador, que ya ha hecho tres exitosos videos. Es un típico producto de la industria del espectáculo.

 

Son proyectos distintos, en esencia, al de “Playing for Change” (que es en sí misma una fundación caritativa que establece escuelas de música en países en desarrollo), que con sus ya once videos, en los que ha involucrado a intérpretes de todos los continentes, tiene el propósito explícito de “conectar al mundo a través de la música”, ya que ella “tiene el poder de romper límites y trasponer distancias entre la gente”, sin importar que las personas tengan distintos orígenes y creencias: el suyo es un “poder universal para trascender y unirnos como una sola raza”.

 

Yo sostengo que este credo, pequeño pero poderoso, anima también proyectos como los de Harding y Whitacre. Aunque sea con propósitos comerciales, prefiero la mentalidad que se abre e incluye, que la que se cierra y segrega.

 

Es algo que se puede ver, escuchar y sentir: la música es una ola que abre fronteras.

 

RECUADRO:

Playing for Change: playingforchange.com

Where the Hell is Matt: http://www.wherethehellismatt.com

Eric Whitacre: ericwhitacre.com

 

 

 

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