Siria: Los signos del derrumbe


Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 29 de julio de 2012)

Ofensivas sobre ciudades, pérdida de poblaciones y puestos fronterizos, la eliminación de la cúpula de seguridad del país en un sorprendente atentado con bomba y una ola creciente de deserciones en los rangos militares y políticos hacen sentir que el fin del régimen de Bashar al Assad se aproxima. “Estamos viendo sus últimos días”, admite a Proceso un diplomático destacado en Líbano, de un país latinoamericano favorable al gobierno de Damasco, que pide guardar su identidad.

Lo del día son las especulaciones sobre qué va a ocurrir con el presidente sirio: ¿Querrá marchar al exilio? ¿Se lo permitirá su círculo cercano? ¿O se atrincherará hasta la derrota final, al estilo del libio Moamar Gadafi?

Esto último alumbra una pregunta más importante: La pérdida del poder por parte de Al Assad, ¿significará el retorno de la paz o una caída del país al caos de la guerra sectaria con intervenciones extranjeras?

Siria es más grande y compleja demográficamente que Libia, y en contraste con lo que ocurrió en esta última, la oposición se ha mostrado dividida, contradictoria e incapaz. Un atrincheramiento de Al Assad podría tener lugar en la capital, Damasco, pero sobre todo en las montañas del Mediterráneo que son el lugar de origen de los alauíes (12% de la población), la secta musulmana chií a la que pertenece la familia Al Assad y que ha dominado con ella la nación por cuarenta años, desde 1971.

Los suníes, el grupo islámico mayoritario (75% de los sirios), de entre quienes proviene la mayor parte de las fuerzas revolucionarias, tendrán que lidiar con el recelo de minorías como los cristianos, los drusos e incluso los kurdos, que en julio entraron a la guerra con una milicia propia y que pueden sentirse tentados de crear, con los kurdos de Irak y de Turquía, el Estado propio que jamás han podido construir.

Una prolongada guerra de sectas, al estilo de la de Líbano (1975-1991) y la fragmentación del país es uno de los principales peligros ahora. Y además pende la amenaza recién proferida por el régimen del Al Assad: posee armas químicas y biológicas de destrucción masiva –algo que siempre había negado— y podría usarlas “en caso de agresión externa”.

¿Qué considera Damasco como agresión externa? ¿La ayuda militar que se sabe que los rebeldes reciben de Arabia Saudí y Catar, y probablemente de potencias occidentales? ¿La llegada de milicianos islamistas de Libia y otros países, algunos de ellos ligados a Al Qaeda?

OFENSIVA

El 24 y 25 de julio, aviones de la fuerza aérea siria atacaron barrios del oriente de Aleppo, la segunda mayor ciudad del país, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Fue la primera vez en que se atacó de esta forma en zonas urbanas, sin considerar a la población civil, lo que da indicios tanto del nerviosismo que impera en el régimen como de su determinación de usar cualquier recurso para sobrevivir.

El presidente Al Assad vivía el peor mes desde el inicio de la insurrección, el 15 de febrero de 2011. El 12 de julio, el opositor Ejército Sirio Libre (ESL) lanzó, también por primera ocasión, una ofensiva sobre la capital (denominada El Volcán de Damasco y el Terremoto de Siria) y llevó los combates hasta dos cuadras del palacio presidencial. A las tropas del régimen les tomó once días empujar a los rebeldes hacia las afueras. Aunque proclamó su victoria, esto demostró su vulnerabilidad en el corazón de su poder.

Además, lo forzó a mover unidades militares de otras regiones para defender la ciudad. Esto fue aprovechado por el ESL para atacar Aleppo, el viernes 20 de julio (forzando al régimen a trasladar unidades desde Damasco, el miércoles 25), y para tomar el control de tres puestos fronterizos con Turquía y uno con Irak (lo cual le permitirá recibir suministros y ayuda militar del extranjero).

El golpe más devastador y sorprendente, sin embargo, se registró el miércoles 18 de julio: una bomba en un edificio resguardado, en la zona más estrictamente controlada por el ejército sirio en el centro de Damasco, estalló justo en la habitación y en el momento en que se reunían los miembros de la cúpula de seguridad del régimen, y acabó con las vidas del viceministro de Defensa, Assef Shawkat (una de las figuras más temidas del país y auténtico diseñador de la política de seguridad), del ministro de Defensa, Dawoud Rajha, del jefe del Comité Militar, Hassan Turkmani, y el jefe de Inteligencia, Hisham Bekhtyar (quien pereció dos días más tarde en el hospital).

Las dudas de que el ESL hubiera sido capaz de llevar a cabo una operación tan compleja, que requería necesariamente de informantes y cómplices dentro de los más altos círculos de la cúpula castrense, se despejaron el lunes 23, cuando los rebeldes subieron a YouTube un video grabado a la distancia, que muestra el edificio en el momento exacto de la explosión.

EXILIO

El desmoronamiento de la imagen de vulnerabilidad del régimen ha provocado que se multipliquen las deserciones. Políticos y militares que se habían mantenido leales por conveniencia o por miedo (las familias de quienes cambian de bando suelen pagar las consecuencias), ven en este creciente debilitamiento la oportunidad o el llamado a escapar.

Durante un año, no hubo defecciones de alto nivel, a excepción de la del viceministro de Petróleo, Abdo Husameddin, en marzo de 2011. Sólo se habían marchado soldados y oficiales de bajo rango hasta que, en marzo de este año, lo hicieron siete generales de brigada, y después siguieron decenas de militares destacados, incluido el piloto de un avión caza Mig-21 que escapó con su nave a Jordania el 24 de junio.

Dado que el ejército sirio es el más grande del mundo árabe, con 220 mil soldados y 280 mil reservistas, y cientos de generales, fue más significativa la deserción de un estrecho aliado del presidente, el general Malaf Tlass, alto oficial de la Guardia Republicana y patriarca de los Tlass, una familia suní que era el principal vínculo de los Al Assad con la secta mayoritaria. El miércoles 25 de julio, Tlass se propuso a sí mismo para encabezar un gobierno de transición: “Permítanme servir a Siria en la era después de Al Assad”, dijo a Al Arabiya.

“Si tomamos en cuenta la catarata de deserciones, los asesinatos de alto nivel y el debilitamiento del control sobre Damasco, nos podemos dar cuenta de que el régimen está perdiendo su base de apoyo y de que hay una creciente probabilidad de que sufra un colapso súbito”, afirma a Proceso Shashank Joshi, investigador de la Universidad de Harvard y del británico Instituto Real de Servicios Unidos.

La percepción de que el régimen ha entrado en la recta final se ha manifestado en boca de líderes tanto occidentales como árabes suníes. Más interesante puede ser, sin embargo, que los aliados de Al Assad estén expresándose de manera similar. Es el caso de Rusia, la potencia que ha protegido a capa y espada a Siria de acciones en el Consejo de Seguridad de la ONU, que sorprendió a través de su embajador en Francia, Alexander Orlov, cuando el domingo 22 de julio declaró al diario Le Parisien que “creo que (Al Assad) se va a ir y que él mismo lo comprende, pero habría que organizarlo de manera civilizada”. Se especula que podría exiliarse en Irán o en la propia Rusia.

FRAGMENTACIÓN

“Me parece difícil que los cercanos a Al Assad lo dejen marcharse”, replica el diplomático latinoamericano en Beirut. “Él y su familia se salvarían, pero la revancha contra su gente y en general contra los miembros de su secta alauí será brutal. Ellos no ven otra salida que resistir. Hay indicios y rumores de que el presidente y los alauíes se retirarán a su región de origen y tratarán de crear un Estado propio allí”.

Esta zona, en el noroeste del país, es vital para Siria, porque es su única salida al mar: se trata de los puertos de Latakia y Tartus (donde Rusia tiene la única base naval militar fuera de sus fronteras) y una cordillera montañosa que corre de sur a norte de Líbano a Turquía.

Muchos alauíes se verán forzados a seguirlos aunque no apoyen a Al Assad porque, como dijo uno de ellos en la televisora árabe Al Arabiya el miércoles 25 de julio, “la gente no nos distingue del régimen y también cobrarán venganza sobre nosotros”.

Esta situación ya hace a Siria más complicada que Libia, donde el pueblo es religiosa y étnicamente homogéneo. Al caldo sirio se añaden, además, los cristianos y los drusos (un desprendimiento del Islam), que temen que la mayoría suní los aplaste, y los kurdos, que sólo viven en la porción noreste del país, pero que están recibiendo apoyo de la región autónoma del Kurdistán en Irak, y probablemente tienen contacto con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que está en guerra con el ejército turco. La aspiración de un Kurdistán independiente y unido podría llevar a los kurdos sirios a promover una escisión.

Y la novedad –todavía muy poco conocida en los medios internacionales— es que a principios de julio formaron una milicia propia, las Unidades de Protección Popular (YPG), con 650 exoficiales kurdos del ejército sirio que fueron entrenados en Erbil, una de las principales ciudades del Kurdistán iraquí. El YPG se estrenó el miércoles 18 con la toma de los pueblos de Derik, Afrin, Kobani y Girke Lege, en una zona petrolera del noreste. “Además hay un montón de aldeas y poblados más o menos tomados por el YPG”, dice el periodista independiente Benjamin Hiller desde Derik, “donde los soldados sirios se han fortificado en sus cuarteles”.

Una fragmentación de Siria sería alarmante para la región, especialmente para el pequeño Líbano, cuya propia guerra sectaria de 16 años podría reiniciar dados los vínculos de sus propias sectas con las de Siria. Turquía e Irak, por su parte, temen precisamente que los kurdos hagan causa común con el PKK y traten de escindir territorios para crear su país.

“Si no se restablece la autoridad del Estado en un periodo razonable tras el colapso del régimen, las perspectivas de crear una Siria estable y democrática se reducirían todavía más, ya que las milicias locales se fortalecerían, apoyadas por poderes extranjeros interesados en hacerse de aliados, tal como ocurrió en la guerra del Líbano”, explica Joshi.

ARMAS QUÍMICAS

Mientras tanto, no obstante, el régimen sirio mantiene su ejército y su arsenal. Tras haber negado por décadas de ocultar armas de destrucción masiva, el martes 24 lo reconoció con un claro tono de amenaza: “Ningún arma química o biológica será empleada durante la actual crisis en Siria”, dijo el vocero del Ministerio de Exteriores, Jihad al Maqdisi, excepto “en caso de agresión externa contra el país”.

Israel y otros países han manifestado su temor de que, ante el colapso del sistema, estos armamentos puedan caer en manos de grupos terroristas o sean entregados a Hezbolá, la milicia chií que domina la política libanesa y pretende destruir al Estado judío. “Esas armas están almacenadas y custodiadas por las Fuerzas Armadas”, aseguró Maqdisi, pero no tranquilizó a nadie y su gesto motivó reacciones inmediatas de los líderes árabes y occidentales.

Por ejemplo, el ministro de Exteriores de Gran Bretaña, William Hague, dijo que las advertencias de Damasco eran “inaceptables” que la idea de que Siria es víctima de una agresión extranjeras es un “ilusión del régimen”.

Las agencias occidentales creen que esas armas son tanto biológicas (bombas de bacterias) como químicas (gas mostaza, gas sarín y agente nervioso VX), y que emplazadas en los misiles Scud de los que dispone el ejército sirio, podrían causar miles de muertes en Tel Aviv, Estambul, Atenas, Doha o Riad.

El miércoles 25, el Instituto Real de Servicios Unidos difundió un informe en el que advierte que está creciendo la percepción de que una intervención militar de potencias occidentales se avecina, ya no por el desastre humano en Siria, sino por el peligro de que su gobierno ataque a los vecinos con armas químicas o de que su arsenal caiga en manos de grupos terroristas.

Michael Clarke, director general del IRSU, afirmó: “El problema de contener el conflicto sirio, prevenir que provoque mayor violencia, fragmente países vecinos e incluso provoque invasiones transfronterizas, es ahora más urgente que terminar con la violencia dentro de la propia Siria”.

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