Egipto: Golpe de Estado “suave”


Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 23 de junio de 2012)

Después de haberse celebrado un largo proceso de comicios legislativos, entre noviembre de 2011 y marzo de este año, y una elección presidencial que culminó en segunda vuelta el sábado 16 y el domingo 17, la devolución a los civiles del poder, que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) detenta desde el 11 de febrero de 2011, debería consumarse el 1 de julio, instaurando así la legitimidad democrática por primera vez en la historia de Egipto. Se pensó que entonces sólo quedarían pendientes redactar una nueva Constitución y limpiar las instituciones judiciales, integradas totalmente por jueces nombrados durante el largo reinado del derrocado Hosni Mubarak.

Los Hermanos Musulmanes, que obtuvieron el 45% de los escaños parlamentarios y cuyo candidato, Mohamed Morsi, se perfilaba al cierre de la edición con un 52% de los votos para convertirse en presidente electo, parecían llamados a encabezar la construcción del nuevo Egipto.

Los jueces y los generales, sin embargo, guardaban algunos ases bajo la manga. El jueves 14, dos días antes del inicio de la votación, la Corte Constitucional declaró inválido el procedimiento de elección de un tercio del Legislativo.

Y al anochecer del domingo 17, cuando apenas se habían cerrado las urnas, el CSFA aprovechó esa decisión judicial para imponer la disolución total del Parlamento así como una “declaración constitucional revisada” en la que auto-otorga amplios poderes que le retira al presidente: los militares designarán a los encargados de elaborar la Constitución, tendrán poder de veto sobre los artículos que se aprueben, gobernarán los temas de seguridad nacional, conservarán una independencia absoluta de toda supervisión civil y, hasta que se apruebe la carta magna en referendo y se elija un nuevo parlamento, gozarán de facultades legislativas. Además, la policía recibe facultades para detener a personas indefinidamente y sin presentar cargos.

En medio de todos estos movimientos, calificados de “golpe de Estado suave”, y mientras el órgano electoral posponía la difusión del resultado de los comicios (tanto Morsi como el mubarakista Ahmed Shafiq se habían declarado ganadores y se denunciaban mutuamente por irregularidades cometidas), un extraño evento desvió la atención de parte de la opinión pública: el martes 19, la agencia oficial de noticias MENA aseguró que Hosni Mubarak había muerto. Durante las 24 horas siguientes, todo fue especulación mientras otras fuentes aseguraban que estaba en coma o que sólo había sufrido un accidente menor en el baño de la cárcel (fue recientemente sentenciado a cadena perpetua por “no haber hecho lo suficiente” para impedir la muerte de casi 900 revolucionarios a manos de fuerzas del Estado, entre el 25 de enero y el 11 de febrero de 2011).

DUELO DE ESTRUCTURAS

El drama de Mubarak podría ser totalmente real o en parte un intento de distraer a la gente. Aunque algunos de sus simpatizantes se concentraron el miércoles en las afueras del hospital militar del acomodado barrio de Maadi, en el sur de El Cairo, en la plaza Tahrir, centro de demostraciones populares desde el lunes 18, el asunto no llegó a ser prioritario y los miles de manifestantes se dividían entre quienes exigían el reconocimiento y celebraban el triunfo de los Hermanos Musulmanes, y quienes estaban ahí sólo para rechazar el arrebato del poder que realizó la junta militar.

“Mubarak ya no es el enemigo, ya no importa para nosotros”, dice Ali Mohamed, un mecánico automotriz y activista de la revolución que ha montado guardia en Tahrir desde el lunes. “El enemigo es el CSFA”.

En la primera vuelta de la elección presidencial, que tuvo lugar el 23 y 24 de mayo, no ganaron los aspirantes que parecían más populares: Amr Moussa, exsecretario general de la Liga Árabe, y el famoso disidente de los Hermanos Musulmanes, Abdel Moneim Aboul Fotouh. Quienes se impusieron eran menos conocidos pero venían montados en las únicas dos estructuras electorales de alcance nacional, capaces de movilizar el voto corporativo:

Ahmed Shafik cuenta con los “felul”, o “remanentes” del régimen de Mubarak, que siguieron operando desde la carcasa del oficialmente disuelto Partido Nacional Democrático (PND), que gobernó Egipto como partido único durante medio siglo.

Mohamed Morsi, por su parte, tiene a su disposición la extensa red de apoyo social y activismo político de los Hermanos Musulmanes, que desde las mezquitas y desde las clínicas y oficinas de empleo con las que dan ayuda a la población están en posición privilegiada para llegar a los votantes.

Fueron ellos dos quienes pasaron a la segunda ronda, lo que fue un duro golpe para los jóvenes de la revolución, que se quedaron sin opciones y sintieron que habían sido despojados al verse obligados a escoger entre islamismo y mubarakismo. Muchos de ellos optaron por llamar a la abstención.

A falta de datos oficiales, los principales diarios egipcios estimaron que la participación rondó el 50% de los ciudadanos. A través de su brazo electoral, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, los Hermanos Musulmanes tardaron pocas horas después del cierre de la votación para proclamar la victoria de su candidato, con el 52% de los votos (13 millones 238 mil 298) frente al 48% (12 millones 351 mil 184) de su rival.

La campaña de Shafik tardó 24 horas en pronunciarse, reclamando el triunfo con “entre el 51.5 y el 52%”. El miércoles 20, sin embargo, los Hermanos Musulmanes fueron capaces de presentar copias de las actas de casilla para demostrar su dicho, en tanto que Jueces por Egipto, una organización de corte reformista que fungió como observadora, dio a conocer un resultado coincidente con el de Morsi.

Shafik acusó a sus rivales de tratar de imponer su triunfo mediante una táctica de “hechos consumados”. Los Hermanos señalaron que temían, en cambio, que los militares realizaran un fraude electoral para imponer a Shafik, a quienes muchos ven como el candidato del CSFA.

PRESIDENTE O CHIVO EXPIATORIO

No es del todo claro, sin embargo. “Shafik no puede ser el candidato del CSFA por la simple razón de que todo el mundo pensaría que sí lo es”, dice a este semanario Majmud Salem, un influyente bloguero egipcio mejor conocido por su nombre de guerra, Sandmonkey. “Sus éxitos y fracasos serían interpretados como los éxitos y fracasos de los militares, y lo que vamos a ver van a ser sobre todo fracasos, porque la economía nacional está muy mal y la internacional se está deshaciendo. Los egipcios son personas impacientes y los ataques contra él, se dirigirían contra el CSFA también. Lo que les conviene es que quede alguien que se lleve todos los golpes”.

A su manera, Michael Collins Dunn, del Middle East Institute (basado en Washington, D.C.),  coincide: “Serían inteligentes si no les quitaran el premio a los Hermanos, puesto esto podría conducir a una revuelta. (Para los militares) es mejor tener una figura elegida, pero sin poder. Van a necesitar a alguien a quien echarle la culpa cuando la gente finalmente se dé cuenta de que la economía es un desastre. Y unos Hermanos cooptados serán útiles de muchas formas, siempre y cuando Morsi entienda quién está cooptando a quién”.

Aunque inicialmente el órgano electoral debía presentar resultados el jueves 21, el anuncio fue pospuesto varios días porque ambas campañas presentaron alegatos de irregularidades que debían ser resueltos. Esto ha alimentado nuevos temores de manipulación del resultado.

“La única forma en que Shafik podría ganar sería que la Comisión de Elecciones aceptara todas sus denuncias y anulara cientos de miles de votos”, explica el periodista egipcio Amr Said, “y eso sería visto como una decisión muy politizada que provocaría una respuesta violenta. Yo creo que los militares declararán ganador a Morsi porque no pueden pagar el costo de declarar ganador a Shafik”.

A lo largo del jueves 21, El Cairo se llenó de rumores de que el CSFA les ofrecía a los Hermanos declarar ganador a Morsi a cambio de que ellos aceptaran la disolución del Parlamento. Por lo pronto, los Hermanos y los salafistas (islamistas más radicales) convocaron a manifestaciones más grandes a partir del viernes 22, bajo el lema “Regreso a la legalidad”, en tanto que unidades blindadas del ejército han ocupado puntos estratégicos en los accesos a la capital.

El diario online Jadaliyya citó el mismo jueves a una “fuente de la seguridad” que aseguró que había un “plan B” listo para el caso de que Shafik sea declarado ganador: “Estamos preparándonos para una gran ola de motines y descontento de por lo menos dos días, que podría ser incitada por los Hermanos”.

EL PROBLEMA DE FONDO

La disputa por la Presidencia, sin embargo, empieza a parecer banal, en la medida en que ese puesto quedará “descafeinado” si se impone la junta militar, que pretende ceder sólo parcialmente las facultades del poder ejecutivo, quedarse con otras, asumir el poder legislativo y seguir controlando el judicial. “¿Acaso importa si el CSFA reconoce a Morsi?”, pregunta Collins, retóricamente.

Actuando como parte ofendida, el CSFA dio una conferencia de prensa el lunes 18, defendiendo su posición: “Queremos un poco más de confianza en nosotros. Alto a las críticas de que somos un Estado dentro del Estado. Por favor. Alto”. Y se lavó las manos: “No nos gustó que la Corte disolviera el Parlamento. La elección del Parlamento fue nuestro mayor logro”. Esto, a pesar de que la Corte sólo había descalificado a un tercio de los legisladores, no a la totalidad.

Ese mismo día, las respuestas desde distintos sectores llegaron veloces: los Hermanos Musulmanes calificaron la declaración militar como “nula y vacía” (y el miércoles, sus legisladores y simpatizantes marcharon tres cuadras desde Tahrir hasta el Parlamento, pero el ejército les impidió acercarse) y Mohamed ElBaradei, el Premio Nobel de la Paz que es la principal figura de los liberales y los revolucionarios, la describió como “un grave retroceso para la democracia”. El martes, un portavoz del Pentágono (que transfiere al ejército egipcio mil 300 millones de dólares anuales en ayuda militar) expresó su “preocupación” tanto por las enmiendas constitucionales como por “el momento en que se anunciaron, al cierre de las urnas”.

“Con ese documento, Egipto ha abandonado totalmente el ámbito de la Primavera Árabe para entrar en el de la dictadura militar”, afirma Hosam Bagat, un conocido defensor de los derechos humanos. “Esto es peor que nuestros peores temores”.

En el blog The Arabist, Nathan Brown, un especialista en Egipto de la George Washington University, explicó los alcances de la declaración constitucional que “lo que realmente hace es completar el golpe (iniciado con la disolución del Parlamento) de muchas maneras obvias –básicamente reinstituyendo la ley marcial, poniendo al ejército por arriba de los civiles y apoderándose de la supervisión del sistema político”.

Brown llamó la atención sobre un asunto que había escapado a la atención de los observadores: el CSFA existía desde antes de la revolución y su estatuto establece que lo debe encabezar el presidente de la República. “Sin la declaración constitucional, el presidente Shafik o el presidente Morsi habrían quedado al frente del CSFA”, pero el nuevo artículo 53 “congela la membresía del CSFA y al darle tantos poderes, lo que se hace es constitucionalizar un golpe militar”.

Según el periodista Said, los generales “tienen todas las cartas y no creo que una victoria de Morsi cause mucho ruido. El ejército también anunció la formación de un consejo de defensa nacional que incluirá al presidente y a 16 miembros, de los que 11 serán oficiales, y las decisiones se tomarán por mayoría simple”.

“En realidad, el CSFA no necesita hacer pactos con nadie”, dice el bloguero Sandmonkey, “pues tienen las armas y las instituciones, y saben que quien sea que llegue tendrá que buscar pactos con ellos”.

Mientras tanto, los jóvenes de la revolución asisten como espectadores a un partido de tenis. “Ellos saben que esta lucha no es su lucha, es un enfrentamiento entre los Hermanos Musulmanes y el CSFA”, dice Said. “Así es que están esperando a ver qué resulta. Hay en estos días un dicho muy popular que va así: ‘Abajo el próximo presidente… sea quien sea’”.

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