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Viajar para conocerse. Israelíes e iraníes traban amistad


Nada mejor que encontrarse con los otros para derribar los prejuicios

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, mayo de 2012

Si la gente pudiera y quisiera viajar daríamos pasos inmensos hacia un mundo en paz. La desconfianza, el miedo y el odio –y por lo tanto, los conflictos— son fundamentalmente producto del desconocimiento: no sabemos realmente cómo son los otros y eso nos produce temor.

 

Un ejemplo está en las historias de alienígenas: desde la novela clásica de H.G. Wells “La Guerra de los Mundos” hasta la película “Distrito 9”, imaginamos a los seres de otros planetas como entes peligrosos que intentarán hacernos daño. Y en realidad no tenemos la menor idea de cómo pueden ser. Si un pobre marciano por casualidad cayera en nuestras calles, le dispararíamos antes de preguntarle el nombre.

 

Así es como alimentamos los prejuicios y los rumores. En cada país se comparte una serie de presunciones erróneas sobre otros.

 

Una idea muy extendida en Occidente, por ejemplo, es que los musulmanes son naturalmente violentos. Hay gente que cree que es valeroso viajar por Irán, Egipto o Siria. Este periodo de revoluciones, claro está, ayuda a consolidar la idea. Aunque sea excepcional: la “primavera árabe” sorprendió al mundo porque en realidad esos países son muy pacíficos y sus ciudades están entre las más seguras del planeta. El riesgo de sufrir una agresión o un robo en El Cairo, Damasco o Teherán es mucho más bajo que el que tenemos en Ciudad de México, Chicago o Roma.

 

Ellos, por supuesto, también tienen ideas equivocadas sobre los otros. Por ejemplo, como sus costumbres son más conservadoras que las nuestras y han visto demasiadas películas de Hollywood, han concluido que en Occidente la gente cambia de pareja sexual todos los días y uno las consigue apenas salir a la calle. Esto provoca situaciones incómodas para las viajeras no acompañadas en Medio Oriente: muchos chicos creen que con ellas tendrán las oportunidades que sus compatriotas mujeres no les dan.

 

Eventualmente, nos llegamos a conocer. Y a aceptar la diferencia. Hace un año, en plena revolución en Egipto, se encontraron dos amigos míos, una anarquista de California de 22 años y un musulmán de El Cairo de 24. Al principio hubo desconfianza: ella tenía un comportamiento sexual muy liberal que a él le chocaba. Y la chica se sentía juzgada por él.

 

Con los días se conocieron mejor y empezaron a apreciarse. Él logró entender que la muchacha tenía reglas tan válidas como las de los egipcios. Y ella se interesó por aprender árabe, empaparse de las tradiciones locales y conocer a la novia del joven. Se hicieron buenos amigos.

 

Cerca de allí, hay dos países que pueden entrar en guerra en cualquier momento: Israel teme que Irán construya un arma nuclear y quiere destruir sus instalaciones atómicas. Tanto iraníes como israelíes han escuchado siempre que los otros están sedientos de sangre y que deben defenderse.

 

A fines de marzo, dos diseñadores israelíes montaron una campaña en internet: la gente podía poner su foto detrás de un mensaje que decía: “Iraníes jamás bombardearemos su país. Los amamos”. Un padre con su hija, familias completas, parejas con su perro: cientos de israelíes salieron a decir que no odian al pueblo supuestamente enemigo. Y éste respondió: en menos de 48 horas, los iraníes empezaron a colgar sus propias imágenes con la leyenda: “Israelíes los amo. No quiero guerra”.

 

Los israelíes no pueden viajar a Irán y los iraníes prácticamente tampoco a Israel. Los gobiernos lo impiden. Pero unos y otros se reunieron en Facebook y empezaron a decirse que, aunque sus líderes políticos manden mensajes de odio, la gente común de cada país no tiene nada contra la del otro.

 

Porque no les habían dado jamás la oportunidad de conocerse. “No tenía ni idea acerca de ustedes, israelíes”, dijo un iraní. “Pero ahora tengo un buen sentimiento”. Manifestaron su deseo de encontrarse. Y empezaron a concertar citas: “Voy a estar en París en mayo”, “yo también”, “tomémonos un café y hablemos de música”, “te llevaré unos CD’s de música sefardí”. El camino a la paz.

Los viajes ilustran. Derriban prejuicios. Y le abren camino a la amistad.

RECUADRO

Mira carteles amistosos de israelíes e iraníes en http://www.israelovesiran.com

 

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