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Israelíes rompen el silencio


Veteranos de guerra israelíes nos llevan de viaje a la realidad de la ocupación en Palestina

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, diciembre de 2011

En Tailandia conocí a una periodista que se dedicaba a hacer guías de viaje. “A la de Londres le fue muy bien”, se regocijó. “Estoy en la de París”. A mí me dio curiosidad… ¿no hay ya montones de guías de París? ¿Y de Londres? ¿Hace falta otra? “Ésas están hechas para occidentales”, replicó, “las llenan de museos y monumentos y esas cosas. Los tais queremos saber qué se puede comprar y dónde”.

 

Pues sí. Hay turismo para todo. Y no hay exclusividad: esa guía de viajes de compras para tais sin duda tendría buenas ventas en Chicago o en Caracas o en Roma.

 

Entre tantas variedades, está el turismo político. En Egipto conocía a una estadounidense y a un chipriota que habían viajado a El Cairo sólo para ser testigos de una revolución: que no le digan, que no le cuenten, vea los toros desde el ruedo.

 

En 1995, el presidente mexicano Ernesto Zedillo se empeñó en destruir una floreciente industria que dejaba muchos dólares, la de los zapatours (visitas a la zona controlada por los zapatistas), que atraía a entusiastas de todo el mundo, especialmente italianos (por cortesía presidencial, a varios de ellos les regalaron viajes forzosos de regreso a su país).

 

También existen quienes organizan expediciones de “conscientización” para aquellos turistas que no quieren marcharse del país sin haberse enterado de lo que ocurre. En Rio de Janeiro, por ejemplo, hay una floreciente industria de visitas a las favelas, que pueden ser por el día, para ver la forma en la que viven, o por la noche, para ver cómo se divierten. En Nairobi, el destino es Kibera, la mayor villa-miseria de África. En Ciudad de El Cabo, se va a eKhayelitsha, la competencia. En México, todavía no se nos ocurre.

 

El problema es que con frecuencia resulta difícil distinguir si, en efecto, se trata de conscientización o de morbo, y casi siempre el objetivo es comercial. El contacto con las personas que viven en el sitio se limita a la compra-venta de artesanías y, en el caso de los paseos a las discos cariocas, la seguridad coloca a los lugareños de un lado y a los extranjeros del otro. Es como ir a un zoológico. Con el agravante de que los organizadores no explican cómo han convencido a quienes controlan la favela (narcotraficantes, milicias paramilitares) para que permitan estas intromisiones cotidianas. Antes de adquirir uno de estos tours, uno debe preguntarse si, en lugar de conscientizarse, no está contribuyendo a empeorar las cosas.

 

“Rompiendo el silencio” (shovrim shtika, en hebreo) es el otro lado de la moneda. Se trata de una pequeña organización constituida por israelíes que, a su edad (21-28 años) ya son “veteranos”, pues prestaron el servicio militar obligatorio (tres años, los chicos, y dos años, las chicas) en calidad de combatientes. Los fundadores como Yehuda Shaul y Dana Golan estuvieron asignados a la ciudad palestina de Hebrón, uno de los sitios donde la violencia de los colonos israelíes es mayor, y se vieron obligados a proteger a los agresores.

 

Tardaron en entender lo que estaban haciendo. Se arrepintieron de sus acciones. Les costó romper el silencio, pero una vez que lo lograron, decidieron ayudar a otros a hacerlo también: desde que organizaron en junio de 2004 una exhibición de fotografías tomadas por veteranos, que revelan abusos contra palestinos, su organización reúne testimonios de jóvenes que han pasado por lo mismo: los presentan en libros, en videos, por internet: quieren que la sociedad israelí se entere de los abusos que los soldados o los colonos cometen en su nombre, ya que los ciudadanos comunes “simplemente no quieren saberlo”, dice Yehuda.

 

Otra parte de su trabajo, es crear conciencia entre los jóvenes israelíes que están haciendo el bachillerato, que pronto prestarán el servicio militar y que, en algunos casos, también se convertirán en combatientes.

 

Igualmente, realizan tours en hebreo y en inglés para extranjeros, a Hebrón y otros sitios de los territorios palestinos donde la población es víctima cotidiana de abusos. No es un negocio: uno sólo paga su lugar en el autobús. Ellos mismos actúan de guías, explican el problema y nos presentan a las familias que viven en esta situación. Sin vendernos artesanías.

 

Esa vez, entramos en casa del palestino Abu Heikel, constantemente agredido por los colonos. Sus hijos reciben a los visitantes israelíes con alegría. Abu Heikel dice que esta convivencia es importante para sus niños: “Quiero que vean que hay judíos con los que podemos entendernos”.

 

RECUADRO

Información detallada de los tours se puede obtener en la página http://www.breakingthesilence.org.il. Todos son con salida en Jerusalén y durán 6 horas y media.

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