Gallery

Desde una cárcel egipcia: la carta de Alaa Abd El Fattah


Alaa Abd El Fattah es un bloguero y activista egipcio de 29 años, conocido por su intensa participación en el movimiento revolucionario que derrocó al dictador Hosni Mubárak. El 31 de octubre, fue aprehendido por haber escrito en su blog lo que todos sabemos: que el ejército de Egipto estuvo directamente involucrado en la agresión contra una manifestación de cristianos coptos en El Cairo, en la noche del 9 de octubre, cuando al menos 27 personas fueron asesinadas. Para quienes no estuvimos ahí, lo prueban numerosos videos disponibles en YouTube, entre ellos algunos que muestran a carros blindados militares lanzándose a alta velocidad contra grupos de personas y aplastando a varias de ellas.

Los fiscales militares acusan a Abd El Fattah de “incitación contra el ejército” y, con base en una ley de emergencia usada por Mubárak durante 30 años, y cuya derogación es una de las principales demandas revolucionarias, lo tienen detenido por un periodo renovable de treinta días. Además, lo han sometido al fuero militar, como a unos 12,000 civiles desde la revolución. Abd El Fattah y otros revolucionarios se niegan a ser procesados por cortes marciales y exigen que se vea su caso en cortes civiles. Otro bloguero detenido por sus opiniones, Maikel Nabil Sanad, cumplió hoy lunes 77 días en huelga de hambre por esta causa.

Abd El Fattah escribió esta carta el 1 de noviembre en la celda 19 de la prisión de Bab el-Khalq, en El Cairo, y su joven esposa embarazada, Manal (ambos en la foto), la sacó clandestinamente. Fue publicada en árabe por el diario egipcio Al Shorouk, y en inglés por el británico The Guardian. Abajo encontrarán la traducción que hice desde el inglés.

Nunca esperé repetir la experiencia de hace cinco años: Después de que una revolución derrocó al tirano, ¿regreso a sus cárceles?

Los recuerdos vienen a mí, todos los detalles de estar en prisión; la habilidad para dormir en el suelo, nueve hombres en una celda de dos por cuatro metros, las canciones de la cárcel, las conversaciones. Pero no hay manera de que me acuerde de cómo solía mantener mis gafas a salvo cuando dormía.

Los han pisado ya tres veces el día de hoy. De pronto me doy cuenta de que son las mismas gafas que tenía en mi último paso por la cárcel, debido a que apoyé al poder judicial egipcio en 2006. Y de que estoy encerrado, de nuevo a la espera de un juicio, de nuevo bajo cargos vagos y falsos. La diferencia es que en lugar de tener a un fiscal de la seguridad del Estado, tengo a un fiscal militar. Esto es un cambio acorde al momento militar que vivimos ahora.

La vez pasada, compartí mi encarcelamiento con 50 colegas del movimiento Kifaya. Esta vez, estoy solo, en una celda con ocho hombres que no deberían estar aquí: pobres, indefensos, detenidos injustamente.

En cuanto supieron que yo era uno de “los jóvenes de la revolución”, empezaron a maldecir la revolución y cómo no había conseguido limpiar el Ministerio del Interior. Pasé mis primeros dos días escuchando historias de tortura en las manos de una policía que insiste en no ser reformada, que se venga de su derrota en los cuerpos de los pobres y los indefensos.

A partir de sus historias, descubro la verdad de los grandes logros del “regreso de la seguridad” a nuestras calles. Dos de mis compañeros de celda han sido arrestados por primera vez, jóvenes ordinarios que no tienen ni un átomo de violencia. ¿Cuál es su crimen? Participar en pandillas armadas. Sí. Abu Malek es una pandilla armada de una persona. Ahora ya sé lo que quiere decir el Ministerio del Interior cuando nos regala cada día el descubrimiento y el arresto de pandilleros armados. Podemos felicitarnos por el regreso de la seguridad.

Durante las pocas horas en que la luz de día entra en la oscura celda podemos leer lo que un preso del pasado escribió en las paredes, en una elegante caligrafía árabe.

Cuatro paredes cubiertas de piso a techo con versos del Corán, oraciones, invocaciones y reflexiones. Y lo que se entiende como un poderoso deseo de arrepentirse.

Al día siguiente descubrimos, en la parte baja de un rincón, la fecha de la ejecución de nuestro compañero de celda del pasado. Nuestras lágrimas nos conquistan.

El culpable hace planes para arrepentirse. ¿Qué puede hacer el inocente?

Mis pensamientos vagan mientras escucho la radio. Escucho el discurso del general mientras él inaugura el mástil de bandera más alto del mundo, que sin duda romperá todos los récords. Me pregunto: ¿El que introduzcan en mi caso el nombre del mártir Mina Danial como uno de los “acusados de instigación” romperá un récord en insolencia? Ellos deben ser los primeros que asesinan a un hombre y no sólo van a su funeral, sino que escupen sobre su cuerpo y lo acusan de un crimen. ¿O acaso podrá esta celda romper el récord del número de cucarachas en una mazmorra? Abu Malek interrumpe mis pensamiento: “Juro por dios que si esta revolución no hace algo radical contra la injusticia se hundirá sin dejar huella”.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s