Libia. El reto, armar el rompecabezas


Por Témoris Grecko / Madrid (Publicado en Proceso, 28 de agosto de 2011)

En los días previos a la toma de Trípoli, los políticos occidentales filtraban a los medios su preocupación por las señales de descontrol que daban los rebeldes. La conquista de la capital libia iba a ser un “éxito catastrófico” que provocaría un vacío de poder y caos, confió un diplomático occidental al diario londinense The Times, que mantuvo su identidad en reserva. Alcanzar ese objetivo cuanto antes, sin embargo, era una prioridad para los mandos militares de las fuerzas extranjeras, y su involucramiento en la victoriosa operación resultó mayor de lo que se había supuesto. Fue más allá, en todo caso, de la participación que la alianza había reconocido tener, limitada a la imposición de una zona de exclusión aérea y a bombardeos contra posiciones del dictador Muamar Gadafi.

En medio de la excitación causada por los avances sobre el terreno, hay importantes dudas sobre la capacidad del revolucionario Consejo Nacional de Transición (CNT) para imponerse sobre las numerosas milicias que sólo en teoría lo obedecen, sobre las diversas tribus que componen el entramado social libio e incluso sobre las dispares tendencias ideológicas que actúan dentro del órgano.

El tiempo no es su aliado, además. Además de consumar la victoria mediante la captura de Gadafi, le es urgente poner en marcha una nueva administración civil para Trípoli y el país, liberar los fondos y activos libios que congeló la ONU y que permitirán financiar la reconstrucción y, tal vez lo más delicado, volver a poner en marcha la única y vital industria del país, la petrolera, por la que ya se empieza a ver que habrá sordas luchas.

AMANECER DE LA SIRENA

La intervención internacional que empezó el 19 de marzo detuvo la ofensiva de Gadafi, justo antes de que aplicara un castigo potencialmente genocida sobre Bengasi, sede del CNT y capital de la provincia de la Cirenaica, en el este. Pero eso no permitió que los revolucionarios pudieran lanzar un contrataque serio: su ejército no eran más que bandas mal armadas, sin orden, disciplina, estructura ni estrategia.

La esperanza era que la oposición en Trípoli, en el lado contrario del país,  a 1,600 kilómetros por la carretera del oeste, pudiera montar una insurrección, lo que se llamaba en jerga “la hora cero”. Que nunca llegó: las fuerzas gadafistas realizaron una agresiva limpieza urbana que acabó con las vidas y la libertad de un número aún desconocido de personas, y además reconquistó varias ciudades rebeldes, entre las que destacó por su valor estratégico Zauiya, 60 kilómetros al oeste de Trípoli. Sólo la tercera población del país, Misrata, 90 kilómetros al este de la capital, resistió un sangriento asedio de tres meses sin caer.

Empezó entonces un paciente proceso de planeación, en el que los revolucionarios recibieron asesoría táctica y logística, armamento e información de inteligencia de las fuerzas extranjeras. Con personas que habían escapado de la ciudad, formaron la Brigada Trípoli, un cuerpo de alrededor de 700 miembros que fue preparado por asesores militares y civiles británicos, franceses, italianos y cataríes. Un centenar de ellos viajó para recibir entrenamiento en Catar, un emirato árabe en el Golfo Pérsico que, además, asumió la representación comercial del CNT para vender petróleo libio.

Después crearon células “durmientes” en Trípoli, introdujeron armas y explosivos de contrabando y difundieron la voz de que un día del Ramadán, el mes sagrado de ayuno para los musulmanes (que este año corrió del 1 al 29 de agosto), se daría la señal para iniciar una ola de protestas en la ciudad al finalizar las oraciones vespertinas. La fecha elegida fue el 20 de agosto, aniversario de la liberación de La Meca por el profeta Mahoma.

La ofensiva empezó dos semanas antes de ese día y no la encabezaron los grupos rebeldes más notorios hasta el momento, los árabes de Bengasi y de Misrata. Una minoría étnica particularmente agraviada por Gadafi, los bereberes, habían resistido en las montañas de Nafusa, al sur de Trípoli y cerca de la frontera de Argelia, durante meses sin recibir la atención del mundo. Ellos crearon el espacio geográfico donde los asesores extranjeros pudieron hacer su trabajo y preparar a la Brigada Trípoli, y sólo fueron detectados por los pocos periodistas internacionales que llegaron hasta allá.

En unos cuantos días, los bereberes y los tripolitanos lograron tomar varias ciudades claves al sur-suroeste de la capital, y el viernes 19 recuperaron Zauiya: de esta forma se apoderaron de la única refinería que proveía de combustible a la Trípoli y cortaron su conexión con la frontera de Túnez.

El sábado 20 atacaron la capital desde el oeste y el sur; mientras, los rebeldes de Misrata presionaban por tierra desde el este, y por mar desde el norte, con una flotilla de pequeños barcos, en una operación llamada “Amanecer de la Sirena”; los cazas tripulados y los aviones no tripulados de las fuerzas de intervención atacaron objetivos específicos, que destruyeron los mecanismos de comunicación del ejército gubernamental y sus arsenales, e informaron a los revolucionarios sobre los movimientos del enemigo; y las células durmientes se levantaron dentro de la ciudad, desmantelando la retaguardia gadafista.

El domingo, tomaron la Plaza Verde, corazón social de la Libia de Gadafi, y le devolvieron su nombre original, el de Plaza de los Mártires; y el martes 23 saquearon Bab Aziziya, la urbanización militarizada que le servía al dictador como cuartel general: las imágenes de rebeldes que destruían el monumento más querido por Gadafi, el de un puño que aplasta un avión estadounidense, pueden convertirse en un símbolo como las de los iraquíes echando abajo la estatua de Sadam Husein, en 2003. Gadafi, mientras tanto, está escondido, probablemente en alguno de los muchos búnkeres subterráneos con los que ha plagado el país, o en su bastión tribal de Sirte, en la costa central, dispuesto a hacer tanto daño como pueda. Según el CNT, la batalla de Trípoli dejó 400 muertos y 2 mil heridos.

LOS RETOS DEL CNT

En un principio, algunos observadores especularon que los rebeldes habían demostrado una capacidad militar inesperada o que había sido el golpeo aéreo constante el que finalmente había provocado que el régimen se desmoronara y fuera incapaz de resistir la ofensiva rebelde. La ayuda exterior fue clave, sin embargo, como reconoció Fadlallah Harun, un portavoz militar opositor que colaboró en la elaboración del plan, y quien dijo a la agencia AP que: “Honestamente, la OTAN jugó un papel muy grande en la liberación de Trípoli. Bombardearon todos los sitios importantes de los que no podíamos dar cuenta con nuestras armas ligeras”.

Para los rebeldes, la importancia del rol de sus distintos grupos será más difícil de admitir internamente, sin embargo. Los bereberes siempre han tenido un lugar secundario en Libia y ahora no es del todo claro que lograrán ser más respetados. La gente de Misrata acusa a la de Bengasi de haber sido excesivamente lenta para enviar víveres y combatientes en su apoyo. Los tripolitanos se sienten incómodos con la presencia de foráneos que quieren tener autoridad sobre ellos. Hay 140 tribus en el país y algunas de ellas se han sentido agraviadas o no están plenamente divorciadas del gadafismo. En general, hay recelos del CNT, al que se ve como demasiado vinculado a Bengasi, y esta ciudad tiene rivalidades históricas con Trípoli.

El Consejo ya ha mostrado dificultades para imponer su autoridad en su mismo lugar de origen, como se hizo más que evidente el 28 de julio, cuando una de las milicias rebeldes secuestró al propio comandante de las fuerzas de la revolución, el ex ministro del Interior Abdel Fatah Younis, y lo asesinó con dos de sus compañeros. Nadie sabe cuántos grupos armados existen ni hay garantías de que todos los jefes aceptarán desamarse o integrarse en el nuevo ejército libio sin condiciones.

Por necesidad, la conformación del CNT incluyó al más amplio abanico de corrientes (islamistas y laicistas, socialistas y nacionalistas, empresarios y trabajadores), que se unieron para oponerse al dictador y que ahora deben acordar un proyecto nacional compartido.

Martin Chulov, el corresponsal de The Guardian que fue el primer periodista en entrar clandestinamente en Libia, 36 horas antes que el de Proceso, en febrero, está de regreso en el país y advierte: “Las lecciones de lo que le pasa a un estado de Medio Oriente que de pronto pierde a su hombre fuerte son recientes y crudas. Más de ocho años después de que Bagdad cayó con la misa rapidez que Trípoli, sigue siendo un lugar de agendeas en competencia, una clase política dividida y ciudadanos que se enfrentan a la realidad de que el Estado no tiene la capacidad o la voluntad de ocuparse de ellos”.

El hecho de que el CNT le puso precio a la cabeza de Gadafi (ofrece amnistía y una recompensa de 1.3 millones de dólares a quien lo entregue vivo o muerto) y de que al cierre de esta edición se disponía a trasladarse a la capital nacional, con la esperanza de ganar legitimidad y representatividad, revela que hay conciencia de que el reto militar y el político son prioridades para el Consejo. Al igual que el financiero: la ONU impuso sanciones económicas a la Libia de Gadafi y congeló sus fondos. Para levantarlas y empezar a aliviar las urgencias del nuevo gobierno, las potencias occidentales y los países árabes celebrarán una cumbre con la diregencia del CNT, este jueves 1 de septiembre, en Catar.

LA DISPUTA POR EL PETRÓLEO

Qué hacer con la industria petrolera es otra tarea apremiante. En los días previos al inicio de la intervención internacional, algunos entre quienes se oponían a ella en Occidente denunciaban que estarían motivada principalmente por el deseo de apropiarse del petróleo de Libia. En Bengasi, capital de facto de la revolución, sin embargo, Proceso encontró que se pensaba lo contrario: dado que Gadafi había otorgado las concesiones de exploración, extracción, transporte y comercialización de los hidrocarburos a compañías extranjeras –sobre todo occidentales—, si la comunidad internacional no impedía que Gadafi masacrara a las ciudades rebeldes, sería porque lo único que le importaba era preservar su control sobre el petróleo.

“Gadafi era la mejor garantía no sólo de un abastecimiento continuado de crudo sino de importantes contratos en Libia para las petroleras europeas y cuantiosas inversiones libias en Europa”, escribió el analista del diario El País, Ignacio Torreblanca (25 de agosto).

La italiana Eni, la británica British Petroleum, la francesa Total, la española Repsol YPF y la austriaca OMV son las empresas que producían más petróleo en la Libia de Gadafi, seguidas por compañías de China, Rusia y Estados Unidos.

Hasta el inicio de la guerra, cuando Libia extraía 1.3 millones de barriles al día, Italia saciaba allí un 20% de su sed de combustibles, mientras que Francia, Suiza, Irlanda y Austria lo hacían en un 15%. El conflicto provocó el desplome de la producción hasta sólo 60 mil barriles diarios.

La perspectiva del reinicio de las actividades (la nueva administración espera poder exportar 1.5 millones de barriles al día dentro de un año) no sólo trajo una baja de 3% en el precio del crudo, hasta 108.42 dólares por barril, el lunes 22, sino que adelantó lo que, inevitablemente, será una nueva batalla por el petróleo: las compañías que tenían contratos esperan asegurar su cumplimiento y, si pueden, arrebatarle alguno a la competencia. Eni y Total son las que han hecho los primeros movimientos, lo que los observadores interpretan como señal de la agresividad de la pelea.

Otro motivo para el pleito es la perspectiva de que los revolucionarios tomen represalias contra las empresas de los países que no los apoyaron, como Rusia y China, que en marzo amenazaron con usar su poder de veto para bloquear la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, amparo legal de la intervención internacional contra Gadafi. Rusia y Brasil, además, denunciaron reiteradamente que los bombardeos contra el régimen excedían el mandato de las fuerzas extranjeras.

Aunque las nuevas autoridades libias no dejan ver su juego y han descartado que pretendan actuar contra esas naciones, el deseo de cobrar afrentas está vivo y lo que los jugadores toman en cuenta no es el diplomático anuncio de que nada cambiará, sino que éste se produjo como desmentido a la declaración de Abdelyalil Mayouf, vocero de la petrolera de los rebeldes, Agoco, quien dijo a Reuters que: “No tenemos problemas con países occidentales, como las compañías italianas, francesas y de Gran Bretaña. Pero es probable que tengamos diferendos políticos con Rusia, China y Brasil”.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s