Los palestinos, divididos y anquilosados


Por Témoris Grecko / Ramala, Cisjordania

Publicado en PROCESO (17/4/2011)

Aunque la llamada primavera árabe está reactivando políticamente a países desde el Atlántico hasta el Índico, hasta el momento no ha conseguido calentar la atmósfera de división interna y anquilosamiento político que prevalece en los territorios palestinos. Esto ocurre mientras tiene lugar una escalada de enfrentamientos con los israelíes y en vísperas de que se abra un periodo especialmente delicado de mayo a septiembre.

Dicha etapa se abre en altamar: la primera “Flotilla de la Libertad”, una expedición de siete navíos que pretendía atravesar con ayuda humanitaria el cordón impuesto por Israel sobre la franja de Gaza, fue interceptado y asaltado por tropas de ese país el 31 de mayo de 2010, con saldo de nueve activistas turcos muertos. La polémica se convirtió en un fuerte golpe a la imagen de Israel y atrajo advertencias de que provocaría nuevos intentos similares.

En efecto: para el aniversario del incidente, se pretende que llegue a Gaza una Flotilla de la Libertad II, aumentada a 20 buques con mil tripulantes y pasajeros. “Si las autoridades israelíes pensaron que su ataque del año pasado nos asustaría, se equivocaron”, se establece en un comunicado de los organizadores. El primer ministro Binyamin Netanyahu respondió el lunes 11 con la exigencia a Europa de que “deben detener esta flotilla”. Esto es parte de una ofensiva diplomática destinada a que, si vuelve a recurrir al uso de la fuerza “Israel pueda decir que hizo todos los esfuerzos posibles para detener los barcos pacíficamente”, según el diario Haaretz.

Ese mismo lunes, en la última de una serie de declaraciones de dirigentes palestinos, el ministro de Planeación y Desarrollo Administrativo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Ali al Jirbawi, aseguró que el proceso de creación de instituciones para un gobierno independiente avanzaba a buen ritmo y “estaremos listos para la declaratoria de septiembre”, cuando la Asamblea General de la ONU, un órgano en el que ningún estado tiene poder de veto, discutirá y presumiblemente aprobará aceptar a Palestina como miembro de pleno derecho.

“Israel se encontrará entonces en una situación de diaria violación de los derechos de otro estado miembro y esto tendría consecuencias diplomáticas y legales”, prevé Nabil Shat, un alto miembro de Fatah, el partido político que controla la ANP.

El problema será, sin embargo, quién tiene la representatividad legítima y legal de los palestinos. El presidente Mahmud Abbas ha extendido su gestión a pesar del término de su periodo, hace un año y medio, y además ha cerrado el parlamento, donde su partido, Fatah, se encuentra en minoría frente a su acérrimo rival, el islamista Hamás, quien ha impuesto violentamente un férreo control sobre Gaza y le disputa a Fatah el del otro segmento –el mayor— de los territorios palestinos, Cisjordania.

Los dos partidos enfrentan una severa crisis de credibilidad. Hamás está acusada de provocar sufrimientos innecesarios a los ciudadanos de Gaza tras entrar en una espiral de violencia con Israel, lo cual culminó en la sangrienta invasión de diciembre de 2008 y enero de 2009; y también se critica que la base del dominio de Hamás es la represión y una exagerada severidad religiosa.

Fatah y la ANP, por su lado, quedaron gravemente exhibidas en enero por la difusión, por parte de la cadena de televisión Al Jazeera, de los llamados “papeles palestinos”: una serie de documentos secretos que muestran que sus dirigentes hicieron a Israel ofrecimientos cuestionables, como el control total sobre Jerusalén y la renuncia al derecho de retorno de los refugiados de las guerras de 1948 y 1967, y también que su posición es de debilidad y colaboración con el gobierno ocupante.

Los liderazgos palestinos están, además, afectados por reiteradas denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito, que no se investigan ni producen cambios significativos.

Es por eso que algunos vieron la primavera árabe como la oportunidad de renovar la clase política palestina mediante una insurrección cívica juvenil. Sin embargo, el Movimiento 15 de Marzo (M-15M, que convocó a una manifestación en esa fecha a través de Facebook, a similitud de agrupaciones similares en Egipto y Libia), no se propuso ir tan lejos: su principal demanda es la unidad de Fatah y Hamás, a pesar del desprestigio de esas organizaciones.

Muchos de estos jóvenes (también conocidos como “los de Al Manara”, porque como mínimo eco de los egipcios de la rotonda Tahrir de El Cairo, algunos duermen en una sola tienda de campaña en la plaza principal de la sede administrativa palestina, Ramala) son estudiantes y profesionales de una clase acomodada con estancias en el extranjero y costumbres occidentalizadas. “Están completamente desconectados de los palestinos, que son mucho más conservadores”, explica un miembro de Fatah al compartir unas cervezas. “Yo bebo contigo, pero no lo hago frente a otros. Ellos van a la plaza Al Manara con aliento alcohólico y la gente se da cuenta. No los apoyarán nunca”.

A diferencia de lo que ocurre en otros países árabes, donde las convocatorias a la movilización llegan a sociedades a las que las dictaduras dejaron sin experiencia política, en este caso la ocupación ha creado un pueblo sumamente politizado y organizado.

En Gaza, los miembros del M-15M tienen que esconderse porque Hamás ha amenazado con aprehenderlos, y esto acarrea violencia y tortura. En las ciudades de Cisjordania, la policía palestina los golpeó y dispersó en la manifestación del 15 de marzo. Además, los miembros de Fatah los hostigan físicamente, como el 30 de marzo, cuando PROCESO atestiguó un ataque de jóvenes de ese partido que celebraban la victoria de su planilla en elecciones estudiantiles de la Universidad de Bir Zeit, y al llegar a Al Manara golpearon a los opositores con apoyo de agentes policiacos.

“Nuestro objetivo es crear un bello espíritu de unidad”, afirma uno de los chicos lastimados, que reserva su nombre. “Pero sólo coinciden para patearnos”. Pueden haber logrado algo, sin embargo. El presidente Mahmoud Abbas y el primer ministro de Gaza designado por Hamás, Ismail Haniyeh, anunciaron su intención de reunirse en la franja en mayo y estudiar un posible llamamiento a elecciones generales en septiembre. Eso podría ayudar a resolver el problema de división interna. El anquilosamiento político es más complejo.

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