Libia: La quinta columna de Gadafi


Por Témoris Grecko

(Publicado en PROCESO, 27/3/2011)

La carretera que va a Ajdabiya es hoy una trágica tira de destrucción: tanques, camiones transportadores de vehículos blindados, camionetas pick-up con ametralladoras montadas, lanzamisiles Grad… todos esos ingenios de matar, ahora incinerados por los aviones Mirage franceses, se dirigían días atrás a Bengasi en un feroz intento de causar el mayor daño posible al centro político rebelde antes de que las potencias occidentales empezaran a atacar, en cumplimiento de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Para los bengasíes, esa cinta asfáltica de muerte se convirtió en un paseo de la vida conservada, una especie de atracción turística a donde van a estremecerse con la evidencia de lo que se les venía encima.

Pero la paz no es algo que haya prevalecido en su ciudad. El mundo se sintió satisfecho por haber roto el largo brazo derecho con el que Moamar Gadafi se disponía a retorcerles el cuello. El izquierdo, sin embargo, permanece libre y en activo. Es la “quinta columna” del régimen, como proclamó el dictador, al compararse sin rubor con Francisco Franco. Los miembros de los “lejen thawriya”, los “comités revolucionarios” que creó el coronel para funcionar como ojos, oídos y puño de su régimen.

Con una campaña de terror callejero, han traído el estado de guerra a Bengasi, una urbe que se sentía más allá del alcance de la violencia.

48 HORAS PARA GADAFI

Al cumplirse un mes del inicio de la revolución del 17 de febrero, y a pesar de que el ejército de Gadafi había destruido las defensas rebeldes en Ajdabiya, los bengasíes no parecían haberse tomado en serio la posibilidad de tener la guerra encima. Los cuatro primeros días del conflicto les bastaron para expulsar a las fuerzas uniformadas del régimen, el 21 de febrero, un evento que ocurrió de forma inesperada, no planeada, en un abrir de ojos, y así de pronto descubrieron que habían ganado su libertad. Lo siguiente sería empujar hacia el oeste para recuperar la capital, Trípoli. Los grupos de amigos, convertidos en combatientes, se dirigían hacia el frente de manera espontánea, anárquica, como a un fin de semana de fiesta.

Los vientos de la guerra cambiaron para soplar contra los rebeldes. Las primeras bombas cayeron cerca del aeropuerto de Benina el jueves 17 de marzo. A diez kilómetros de ahí, en Bengasi, la gente reaccionaba al golpe explosivo cerrando los ojos, antes de abrirlos para buscar miradas cómplices entre risillas nerviosas. No querían aceptar que la guerra pudiera llegar a sus calles. Y confiaban en que la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, tan largamente esperada, que tendría lugar esa noche, aprobara una zona de exclusión aérea que le impidiera a Gadafi seguir utilizando sus aviones.

La resolución adoptada fue más allá de lo que se creía: también previó la implementación de las medidas necesarias para proteger a los civiles y las zonas habitadas por civiles, sin operaciones terrestres, porque se especificaba que ninguna parte del territorio libio podría ser ocupado por extranjeros. Esto era exactamente lo que el opositor Consejo Nacional de Transición (CNT), con sede en Bengazi, había pedido desde fines de febrero: que no volaran los aviones de Gadafi y ataques contra sus fuerzas pesadas en tierra.

La hiperactividad del presidente francés, Nicolás Sarkozy, había llevado a los revolucionarios a asumir que los golpes contra las tropas gubernamentales empezarían en el minuto después del anuncio del acuerdo en la ONU. La política global tiene otros tiempos, sin embargo, e hicieron falta dos días más de reuniones para que las potencias se pusieran de acuerdo.

Fueron 48 horas que Gadafi quiso aprovechar para ganar cuanto terreno fuera posible: arrasó Ajdabiya, lanzó sus fuerzas de avanzada contra Bengasi y sólo demoró en hacer llegar sus unidades más pesadas, las que ahora se ven destruidas en la carretera.

El ataque quedó a cargo de soldados en camionetas pick-up apoyados por algunos tanques. Y de los “lejen thawriya”.

LOS QUINTACOLUMNISTAS

A las 20.30 de ese jueves 17, la radio y la televisión oficiales empezaron la transmisión de un discurso del “hermano líder” al pueblo de Bengasi, en el que aseguró que los opositores “están terminados, barridos, desde mañana sólo estará nuestra gente. ¡Salgan y limpien la ciudad de Bengasi!”

¿A quiénes les estaba enviando la señal? Él mismo lo aclaró:

“Tal como Franco en España, que avanzó sobre Madrid con apoyo externo. Y le preguntaron, ¿cómo logró liberar Madrid? Él dijo: ‘Había una quinta columna, la gente de la ciudad’. Ustedes son la quinta columna dentro de la ciudad. Éste es el día en que habremos de liberar la ciudad. Hemos estado esperando este día”.

Los “lejen thawriya” son la base de poder de Gadafi. Oficialmente, sus tareas son de supervisión del ejercicio del “poder popular”, lo que en los hechos se traduce en espionaje y represión a nivel de calle, al estilo de los Comités de Defensa de la Revolución en Cuba y de las milicias Basij en Irán. Sus miembros vigilaban ubicados en todas las esferas de la vida pública (en cada manzana, salón de clases, unidad laboral y club social) e inevitablemente, también en espacios familiares, pues se calcula que antes de la insurrección del 17 de febrero, entre un 10 y un 20 por ciento de los libios formaba parte de los comités revolucionarios (que toman su nombre del golpe de Estado que dio el coronel Gadafi en 1969, y que él llama “revolución”).

“En el viejo régimen, solían torturar y asesinar gente. A quienes se arrepintieron y pidieron perdón, los dejamos libres”, explica Abdel Hafiz Ghoga, vicepresidente del CNT, el miércoles 23. “Entonces desaparecieron y ahora, se armaron en espera de la removilización. Les hemos dado un ultimátum para que salgan y se entreguen, y si no, acabaremos con ellos”.

Un voluntario de la oficina de prensa del CNT, por su lado, lamenta: “Bengasi tiene una tradición más liberal que otras ciudades del Este. En Tobruk, Baida, Derna, Shahat y Ajdabiya, la gente persiguió a los miembros de los ‘lejen thwariya’, y los que no murieron o fueron encarcelados, escaparon. Nosotros quisimos hacerles sentir que podían ser parte de la revolución. Y ellos se quedaron ahí, esperando la señal de atacar”.

CAMPAÑA DE CAOS

Ya había señales de que darían problemas. A los periodistas extranjeros sólo les llegaban rumores aislados de sabotajes y pequeños ataques, así como las insistentes recomendaciones que les daban voluntarios rebeldes, taxistas y personas de la ciudad: “Esto no es seguro, hay gente de Gadafi por ahí, tengan cuidado”.

El 8 de marzo, desconocidos que viajaban en un coche sin matrícula arrojaron dos granadas contra las puertas del hotel Ouzu, donde se alojaba la mayor parte de los enviados de los medios internacionales. Y el día 12, un equipo de Al Jazeera fue objeto de una emboscada carretera a unos cuantos kilómetros de Bengasi, en la que murió de tres disparos el camarógrafo de Qatar Ali Hassan Al Jaber.

El viernes 18, tras el discurso de Gadafi, los “lejen thawriya” se echaron a la calle a montar operaciones de hostigamiento, y el sábado 19 atacaron a los opositores por la retaguardia, mientras éstos trataban de contener la ofensiva que venía desde Ajdabiya. Los rebeldes tuvieron éxito y, por la noche, los aviones franceses dispararon contra las columnas que venían por la carretera. La toma de Bengasi había fracasado, aunque a un costo de 94 vidas de sus residentes.

Para los “lejen thawriya”, de cualquier forma, ya no había marcha atrás después de haberse revelado como la quinta columna del dictador. A lo largo de la siguiente semana, las calles de la ciudad se convirtieron en el escenario de una pequeña guerra de fusiles Kalashnikov y granadas, en el que los gadafistas tenían la ventaja de estar bien organizados, pero el grave problema de encontrarse en absoluta minoría.

Sus acciones (tiroteos indiscriminados desde vehículos en movimiento o azoteas, contra peatones y casas) indican que su misión pasó a ser crear caos e inseguridad. El peligro de atentados forzó a los integrantes más conocidos del CNT, a quienes antes los periodistas podían encontrar con facilidad en el edificio de la Mahkama (tribunales, convertido en sede del Consejo) o caminando sin guardaespaldas por los alrededores, a refugiarse en algún sitio de las Montañas Azules, en dirección a Baida, donde por ahora celebran sus reuniones.

Los periodistas extranjeros también se convirtieron en objetivo: “Francotiradores nos empezaron a disparar desde los tejados y tuvimos que arrojarnos al piso y quedarnos ahí hasta que se fueron”, cuenta Hugo Borga, un reportero italiano. Los voluntarios que operaban una sala de prensa en la antigua sede de la Mojabarata (policía secreta), consideraron que reunir comunicadores allí los exponía a las agresiones de los “lejen thwariya” y decidieron desmontarla.

“Lo que importa es que la intervención de Francia evitó la enorme matanza que venían a hacer las tropas de Gadafi”, ataja Jamis Bushadai, un joven combatiente. “Bengasi se salvó, aunque todavía estemos en riesgo de que nos maten a traición. Pero no tenemos que mirar hacia nuestros pequeños males, cuando la gente de Trípoli, de Misrata y Zauiya sufre la opresión del tirano. La revolución sigue”.

3 responses to “Libia: La quinta columna de Gadafi

  1. Hey Temoris.

    I get what you’re saying about the Basij and the Cubans. There’s always the street-level thugs who work for the regime, and then the next grade up are uniformed ‘officers.’ I’m guessing its Revolutionary Guards in Iran vis-a-vis the Basij. Who’s Libya’s version of the Revolutionary Guards? The Army itself?

    It is too bad the turn of events for the rebels. But in USA it is leaking info now that the government has CIA ops on the ground working with and learning about the opposition. Very strange this Libyan adventure has become, and quickly so.

    Be careful man.

  2. I think the Iranian Basij correspond very well with the Cuban CDR. The Libyan Revolutionary Comittees would their under-developed counterpart. Th magic of Cubans and Iranians is that their close-surveillance groups work also managing social needs, as housing, education, work and so on. The Libyan groups give away money and treat people badly, and that’s about it.

  3. Where you at these days in Libya Temoris? From MSM perspective I see here there is kind of stalemate of sorts going on. The rebels can’t win, but the Army can’t really employ the force needed to finish them off without exposing themselves to Western air power.

    I hope something breaks that impasse soon. The powers-that-be in the West have to accommodate the fickle nature of their citizens, and they can sour on this adventure as quick as one plane going down and killing some Western pilots. If that happens, the rebels will be out of luck.

    Also, looking at a map, I had to think about the Egyptians. They could take a large (full of oil) chunk of Libya rather easily right now and get away with it. Given the history in that part of the world, I wouldn’t completely discount that idea, remote as it is. Good luck!

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