Libia: Discrepancias en la retaguardia


Por Témoris Grecko / Bengasi, Libia

(Publicado en PROCESO, 13/3/2011)

Abdel Hafiz Ghoga, abogado con una trayectoria de defensa de los derechos humanos y dirigente de la revolución libia, salió agitado de la sala de juzgados de la Mahkama (el edificio de tribunales que funge como sede del rebelde Consejo Nacional Interino de Transición) y se asomó a una ventana, donde podía verlo la multitud de manifestantes que ocupa la calle desde el 17 de febrero, fecha de inicio del movimiento. “¡Es una mentira que estemos dispuestos a dialogar con el dictador asesino!”, exclamó entre vítores. “¡(Muamar) Gadafi no merece una salida segura!”

Era la mañana del martes 8 y se había producido una situación confusa, que al paso de las horas se enredaría más. Las cadenas en lengua árabe Al Jazeera y Al Arabiya habían dado a conocer, la noche anterior, que emisarios de Gadafi habían contactado al Consejo para proponer que el viejo dirigente marchara al exilio, a cambio de no perseguir sus crímenes. El día amaneció con versiones contradictorias, unas en el sentido de que el Consejo aceptaba discutir la idea, otras que la rechazaba. Fuentes del gobierno gadafista negaron tajantemente que a su jefe le pasara tal cosa por la cabeza. Y Ghoga quiso cerrar el asunto hablando de frente al pueblo.

Él es sólo el vicepresidente del Consejo, no obstante. En virtud de las alianzas que realizaron para fortalecer su ofensiva contra Gadafi, los revolucionarios aceptaron varias condiciones de ministros del dictador que renunciaron y se pasaron al bando opositor el 20 y el 21 de febrero: el extitular de Interior, Mohamed Fatah Younis, y el que fue de Justicia, Mustafa Abdelyalil. Esto fue un trago difícil porque los rebeldes sufrieron la represión de los policías de Interior y de los jueces de Justicia, y porque tuvieron que cederles nada menos que la Presidencia del Consejo, que ahora ocupa Abdelyalil y que le otorga la representación internacional de la revolución.

Como tal, Abdelyalil despacha desde su plaza fuerte de Baida, una ciudad rebelde a medio camino entre Bengasi, capital provisional de la Libia liberada, y la frontera con Egipto, y hace declaraciones aprovechando el invaluable espacio que le concede la cadena en árabe Al Jazeera, que transmite sus intervenciones y entrevistas en directo, mientras que a Ghoga sólo le concede algunos soundbits.

Desde Baida, una hora después de que Ghoga negara ante la gente cualquier posibilidad de perdonar al dictador, Abdelyalil dijo a Al Jazeera: “Si él (Gadafi) abandona Libia en las próximas 72 horas, y detiene los bombardeos, nosotros como libios nos abstendremos de perseguirlo por sus crímenes”.

El Consejo llamó a conferencia de prensa por la tarde, para que su vicepresidente desmintiera a su presidente: “Nadie en Libia tiene el derecho de impedirle al pueblo libio buscar castigo para los crímenes que le han infligido”, dijo Ghoga.

Mientras las ciudades rebeldes de Zauiya y Misurata, en el occidente del país, sufrían el terrible castigo de las fuerzas gadafistas, y las fuerzas rebeldes parecían incapaces de salir de su zona de control en el oriente,  los revolucionarios se enfrentaban en Bengasi a los amargos dilemas de la política de alianzas.

El sábado 5, el Consejo, que fue integrado inicialmente sin haber establecido quiénes serían sus 31 miembros, en virtud de que se espera que se sumen ciudadanos del centro, sur y oeste del país, anunció a un primer grupo de diez integrantes, que son todos personalidades locales de varias poblaciones y representantes de sectores (jóvenes, mujeres y presos políticos).

Más significativa resultó la designación de tres figuras con tareas ejecutivas. Dos de ellos, que se dividen la gestión de las relaciones exteriores, también ocupaban altas posiciones en el régimen de Gadafi hasta el mes de febrero: Mahmud Jibril, exembajador en Libia y exdirector de la Oficina Nacional de Desarrollo Económico, dependiente del primer ministro, y Ali al Issawi, exministro de Economía. El tercero es quien queda oficialmente a cargo de los asuntos militares, Omar el Hariri, un antiguo compañero de armas de Gadafi que participó en el golpe de 1969 y después cayó de su gracia y en prisión.

De esta forma, cuatro de las seis posiciones de responsabilidad quedaron en manos de personas que, hasta hace apenas tres semanas, colaboraban con Gadafi, y sólo dos se entregaron a disidentes de largo tiempo, Ghoga y El Hariri.

Los miembros del Consejo consultados, sin embargo, insistieron en que las relaciones internas van muy bien. “No hay discrepancias”, dijo Ghoga. PROCESO insistió: “Abdelyalil anuncia que se le pueden perdonar los crímenes a Gadafi y usted dice que nadie puede ofrecer eso, la discrepancia es obvia”. “Todos los libios estamos de acuerdo”, repuso el vicepresidente, “en que ese gobierno tiene que irse y si se hace pacíficamente, mejor. Estoy seguro que el señor Abdelyalil quiere escuchar que Gadafi se va y que no habrá más derramamiento de sangre”.

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