Marruecos: Protestas que caen al vacío


Por Témoris Grecko / Casablanca

(Publicado en PROCESO, 27/02/2011)

Marruecos no parece ser el siguiente de la lista de revoluciones árabes exitosas. En primer lugar, porque no parece que se busque una revolución que derroque al régimen. Además, si las convocatorias lanzadas por Facebook en Túnez y Egipto ganaron potencial apenas empezar, al reunir multitudes inusuales en muchas ciudades del país, las concentraciones que se registraron el domingo 20 en las urbes marroquíes superaron en poco la afluencia normal de fin de semana en las plazas donde tuvieron lugar.

En Casablanca, la capital económica y comercial, por ejemplo, el optimismo de los activistas cifró en 5 mil el número de asistentes. No es impresionante en comparación con la cantidad de habitantes de la ciudad, que supera los tres millones. A ojos de los periodistas, la cifra fue de dos o tres mil personas.

Los dos aspectos más llamativos fueron, sin embargo, que la mayoría de la gente formaba parte de grupos, lo que indica que el objetivo de involucrar a la sociedad civil no organizada (como ocurrió en Túnez y Egipto) sigue estando lejos de ser alcanzado, y que entre éstos no parecía haber una coincidencia de motivos o metas: Democracia y Libertad Ahora, la asociación ad-hoc recién creada por los jóvenes convocantes de Facebook, realizó lo que parecía el acto principal, con generador eléctrico, bocinas y micrófono, mientras que en paralelo tenían lugar otros dos con megáfonos: uno de militantes izquierdistas y otro de jóvenes bereberes, que exigen que el tamazigh, la lengua que hablan, alcance rango constitucional de idioma co-oficial al lado de las que ya lo son, el árabe y el francés.

Esto último parece de elemental justicia: los bereberes son la etnia indígena de la región y fueron conquistados por los árabes cuando éstos llegaron en el año 670 de la era común, y desde entonces, hablar tamazigh es como una vía al atraso. Pero eso no lo entiende mucha gente, explica Ismael Akesbi, uno de los manifestantes: “A la mayoría de los árabes no les parece necesario darle estatus de igualdad a nuestra lengua, ni les interesa. Lo peor es que muchos bereberes tampoco ven por qué hace falta lograrlo”.

Tal incomprensión también afecta a otra de las demandas principales del movimiento: que la monarquía marroquí adopte un carácter parlamentario y que, como decía un cartel, “el rey reine, pero no gobierne”. “Tenemos una tasa de analfabetismo superior al 50% y la gente carece de nociones de política”, dice Ahmed Jayati. “Para ellos, el gobierno y el rey son cosas separadas”.

Un comentario de Majmud Al Bana, un anciano que acudió a la protesta con cuatro chicas adolescentes, todos cargando retratos donde el rey Mojamed VI aparece en uniforme militar, de traje en una visita de Estado o con vestimenta esport al lado de un coche deportivo, ilustra lo anterior: “¿Para qué quieren ponerle límites al rey? ¿Para qué quieren que el gobierno pueda hacer lo que se le antoje? El rey es el único que puede poner al gobierno en orden, lo que hace falta es que el gobierno realmente obedezca al rey”.

“Casi nadie en Marruecos se da cuenta de que esto es así desde la independencia, el rey es el que tiene la autoridad absoluta, remueve ministros e impone su criterio”, observa un politólogo y profesor universitario que prefiere no usar su nombre cuando habla del monarca. “Nada se hace en Marruecos contra la voluntad del rey. Pero la gente cree que los errores, la ineficiencia, la corrupción, los abusos de autoridad, son cosas que se hacen traicionando las buenas intenciones del rey. Las leyes que prohiben cuestionar la monarquía y la censura a la prensa garantizan que nadie se entere de que el rey es el actor principal del terrible saqueo al que está sometido el reino”.

Es la prensa extranjera la que retrata al monarca de manera más completa. Pero esta información es accesible sólo por internet, al que accede sólo una minoría de la población.

FALTA DE COHESIÓN

En Túnez y en Egipto, una amplia cantidad de grupos políticos y sociales se aglutinó en torno a una demanda común, fácil de explicar y compartida por la mayoría de la población: que se vaya el jefe del Estado, una figura odiada que se ha eternizado en el poder y a la que se responsabiliza de los males del país.

Esto no existe en el caso marroquí. El movimiento opositor ha insistido cuanto ha podido que es leal al rey y sólo pretende cambios legales dentro de la monarquía. Cualquier otra actitud le acarrearía un enorme desprestigio social y daría bases legales para la represión y el enjuiciamiento de sus miembros por ofensas al soberano.

“El resultado es que es mucho más difícil construir una narrativa que cohesione a los distintos grupos”, continúa el académico citado. “En la plaza de las palomas (como se llama popularmente a la céntrica Plaza Mojamed V de Casablanca, donde tuvo lugar la concentración del día 20), viste que actuaban por separado bereberes, izquierdistas y convocantes. En otras ciudades participaron además los movimientos islámicos. ¿Bajo qué bandera vas a reunir a un clérigo musulmán que quiere prohibir el alcohol con una chica estudiante que no usa el velo, tiene novio en Europa y apenas sale de Facebook? ¿O a un nacionalista que quiere reivindicar el orgullo bereber con un marxista internacionalista que rechaza la magnificación de las divisiones étnicas y promueve la identidad de clase?”

REY MULTIMILLONARIO

En otro país, la monarquía ya habría provisto a la oposición de bastantes argumentos para desecharla. La actuación de algunos parientes y ministros del rey no es ejemplar. El 3 de junio de 2010, por ejemplo, El Periódico de Catalunya, de Barcelona, publicó que un tío político de Mojamed VI, Hasán Yacubi, le disparó en la pierna a un policía que se atrevió a detenerlo por pasarse un semáforo en rojo. “Soy de la familia real y para mí eres como una mosca”, gritó el agresor. Que no recibió castigo alguno.

Los rumores que corren entre la comunidad extranjera, en el sentido de que para hacer negocios importantes en Marruecos hace falta regalarle la mitad de las acciones a alguien de la Casa Real, se vieron reforzados por los cables diplomáticos filtrados por WikiLeaks en noviembre de 2010.

En uno de ellos, del 11 de diciembre de 2009, la embajada de Estados Unidos cita a un empresario que dijo que “mientras las prácticas corruptas existían durante el reinado del rey Hasán II, se han vuelto mucho más institucionalizadas con (su hijo) el rey Mojamed VI”. Por eso, se indica en otro del 24 de abril de 2008, muchas voces piden que el rey “salga del mundo de los negocios, mencionando el conflicto inherente entre su rol como el árbitro final del sistema marroquí y como empresario y banquero líder dentro de él”.

En el documento de 2009, se narra la experiencia del director de una empresa que considera que “las mayores instituciones y los procesos del Estado marroquí son usados por el Palacio Real para coaccionar y exigir sobornos en el sector de bienes raíces del país”.

Según la revista estadounidense de negocios Forbes, la fortuna personal –en inmuebles y finanzas, tanto en Marruecos como en el extranjero—de Mojamed VI, sus hermanos y hermanas oscila entre los 4 mil y los 5 mil millones de dólares.

Esto contrasta con la situación general de los marroquíes, de los que un 15% vive con menos de dos dólares al día. En casi doce años de reinado de Mojamed VI, no se ha avanzado en enseñar a leer y escribir a la mitad de la población que no sabe. En el Índice de Desarrollo Humano de la ONU (que evalúa aspectos como la salud, el alfabetismo y el nivel de vida), Marruecos está en el lugar 130, después de país como Gabón, Fiji y los territorios palestinos ocupados por Israel.

Además, explica el politólogo universitario, “los miembros del gobierno sólo necesitan demostrar su incondicionalidad hacia el rey para seguir en su puesto, de eso dependen, y no de su eficacia”. Para ilustrar cita el caso del primer ministro Abbas el Fassi, quien fue nombrado en esa posición en 2007 a pesar de que como Ministro de Empleo fue el centro de un escándalo fatal: su institución promovión un esquema para ofrecer 30,000 contratos de trabajo a marroquíes desempleados. Decenas de miles de personas se registraron tras pagar 900 dirhams (unos 115 dólares) para un examen médico. La promesa jamás se cumplió y nadie recibió su dinero de regreso. Hubo cuatro suicidios.

PRENSA CENSURADA

La opinión pública no se entera de estas cosas, o sólo parcialmente, porque estos temas son venenosos para los periodistas marroquíes. Ali Anuzla, director del periódico en árabe Al Yarida al Ula, fue procesado en 2009 por “dar falsas informaciones” sobre la salud del rey. Muchos otros medios han sido cerrados por publicar caricaturas consideradas “ofensivas” o revelar asuntos incómodos. En los primeros diez años de reinado de Mojamed VI, al menos 30 periodistas fueron arrestados, procesados y sentenciados por delitos de opinión.

La única revista que lograba mantener un pequeño margen de independencia, la francófona Tel Quel, es ahora la última víctima de la censura. Su director histórico, Ahmed R. Benchemsi, quien ya había visto cerrar su versión en árabe, Nichane, ahogada por un boicot publicitario orquestado desde el Palacio Real, tuvo que vender en diciembre su participación accionaria en la compañía editora y exiliarse en Estados Unidos, a raíz de que publicó una encuesta sobre la popularidad del rey –un asunto sobre el que no se hacen preguntas.

La Tel Quel de ahora no parece tener nada que ver con la de hace dos meses. En el artículo del director publicado en su número del 19 de febrero, en el que debía informar sobre la manifestación del domingo 20, se incluyen párrafos como éste: “Sí a la revolución. Sí a los cambios. Pero con el rey. No contra él. Es una elección y una convicción. Esta idea es producto de una reflexión y una sensibilidad que atraviesa los numerosos niveles de la sociedad marroquí”.

Los demás medios nacionales, por su parte, se ocuparon de describir a los convocantes de la concentración en malos términos: presentaron a algunos como expatriados que han perdido contacto con la realidad de su país y como dados a beber alcohol; sacaron una foto de otro dentro de una iglesia cristiana; y a uno más con indepentistas del Sájara Occidental.

El ministro de la Juventud, Moncef Belkhayat, posteó una larga declaración en su página de Facebook en la que llamaba a los opositores a usar el diálogo en lugar de la presión popular. “Mi posición personal”, escribió, “como ciudadano marroquí que vive en Casablanca, y no en París o Barcelona, es que la marcha está manipulada por el (independentista Frente) Polisario, con el objetivo de provocar peleas callejeras que debiliten la posición de nuestro país en Naciones Unidas, al respecto de la situación de los derechos humanos en el Sájara”.

Después de criticar al rey, la mayor ofensa que se puede cometer en Marruecos es simpatizar con el Frente Polisario o con la independencia del Sájara Occidental. Con estas afirmaciones, se colocaba a los activistas con calidad de traidores a la patria y a la fe musulmana.

SIN CUESTIONAR AL RÉGIMEN

Montasser Drissi, de 19 años, es uno de los convocantes de la marcha del 20 de febrero, una fecha en la que se esperaba que prendiera la chispa del cambio político en Marruecos, así como ocurrió el 17 de diciembre en Túnez y el 25 de enero en Egipto.

No les está resultando fácil, sin embargo, explicarse ante la gente y motivarla: “No tenemos reclamos contra la monarquía en sí misma”, afirma Drissi en actitud defensiva. “Queremos un gobierno que represente al pueblo, no a la elite”.

Después de una manifestación en solidaridad con el pueblo egipcio, el 9 de febrero, Drissi y sus compañeros trataron de impulsar su propio movimiento con una llamada a manifestarse en las 15 mayores ciudades marroquíes el día 20. Sus demandas son juzgar a los acusados de corrupción y “saqueo de las riquezas de la patria”, la liberación de los presos políticos, el reconocimiento oficial de la lengua tamazigh, el fin de la censura “directa e indirecta”, garantizar empleos en el sector público a todos los licenciados universitarios, elevar el salario mínimo y mejores servicios sociales.

Nada que cuestione la naturaleza del régimen. Y el gobierno ha tratado de manejar el reto con más inteligencia que fuerza: una semana antes del día 20, anunció incrementos en los subsidios que impiden que los precios de los alimentos se eleven; expresó su respeto por la libertad de manifestación; y lo demostró al permitir que las concentraciones se realizaran sin presencia de policía uniformada (aunque abundaban los agentes en ropas de civil). La televisión mostró dos tipos de imágenes: las de admiradores del rey que se presentaron en las plazas; y las de adolescentes que en ciudades como Tánger y Marrakech aprovecharon la ocasión para atacar comercios, no se sabe si espontáneamente o bajo consigna.

Quedó así neutralizada la otra posibilidad que tenía el naciente movimiento de dotarse de un elemento aglutinador: la furia de las víctimas de la represión. En Egipto y Túnez como en Libia y Bahréin, los excesos de las fuerzas de seguridad al tratar a los manifestantes provocaron olas de solidaridad que contribuyeron a generalizar los alzamientos. En Marruecos, no ocurrió así. Los activistas tendrán que buscar otras formas de explicarse y unificarse.

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