Egipto: El momento Al Jazeera


Témoris Grecko / El Cairo

(Publicado en PROCESO, 20/2/2011)

Un día antes de que se anunciara la caída de Hosni Mubárak como presidente de Egipto, el 11 de febrero, un acto la anticipó: la televisora del Estado empezó a retransmitir las imágenes de Al Jazeera, la cadena de noticias 24 horas con canales en árabe (desde 1996) y en inglés (desde 2006), propiedad del emir de Qatar, Hamad bin Khalifa al-Thani. Sólo dos semanas antes, el 28 de enero, el gobierno de Mubárak había ordenado el cierre de las oficinas de la emisora en Egipto y prohibió que su señal fuera reproducida por su satélite Nilesat, con la esperanza de que los egipcios sólo recibieran información de la Tv gubernamental y los tímidos canales privados. La victoria de la revolución egipcia fue también la de Al Jazeera.

Y también, hasta cierto punto, su propia obra. Las protestas masivas que derrocaron al mandatario de Túnez, Zine el Abidine Ben Ali, el 14 de enero, sólo pudieron llegar al mundo gracias a que Al Jazeera logró establecer una conexión con los tunecinos a través de Lofti Hajji, un periodista local que trabajaba de forma encubierta, y decenas de videos amateurs revelaron la escala y los detalles de la exitosa movilización. Esto inspiró a la gente común de otros países de la región, donde individuos y organizaciones reprodujeron los actos de descontento vistos en Túnez a través de Al Jazeera.

“Descubrimos que ser árabes no equivale a tener un destino inevitable de opresión”, explica Rania Kasim, una estudiante y activista de El Cairo. “Habíamos perdido la confianza en nosotros mismos, pero las imágenes de Al Jazeera nos demostraron que sí se puede combatir con éxito a los opresores”. Antes de la revolución, recuerda Kasim, Al Jazeera no era muy popular, pues era considerada una especie de instrumento para expandir la influencia de Qatar. “Ahora todos queremos verla”, sigue.

A pesar de que varios de sus periodistas fueron apaleados por pandillas pro-gubernamentales o arrestados por las autoridades, la televisora reportó puntualmente lo que ocurría en los alzamientos ciudadanos de Egipto, Argelia, Yemen, Jordania, Palestina y otros países. El 1 de febrero, muchos twiteros egipcios reprodujeron este mensaje: “Gente en #alejandría: #aljazeera es el único canal honesto, todos los #canales egipcios son mentirosos”. En la plaza Tahrir de El Cairo, centro de la revolución egipcia, los opositores seguían los discursos del presidente Mubárak y otros eventos importantes en una pantalla gigante improvisada, donde se proyectaba la señal de la cadena qatarí (que llega a 220 millones de hogares en más de cien países).

El diario británico The Guardian señaló el día 14 que Al Jazeera estaba pasando por un “momento CNN”, en referencia a la cobertura que hizo esa cadena de la primera guerra del Golfo, en 1991, lo que la colocó en el centro de la atención pública estadounidense.

Tras haberse convertido en la principal fuente de noticias sobre los movimientos árabes, numerosos medios occidentales la citan regularmente y muchos telespectadores de Estados Unidos se preguntan por qué no pueden acceder a ella directamente (sólo está disponible en Washington, DC, Toledo, Ohio, y Burlington, Vermont). Mediante la campaña “Exige Al Jazeera”, hasta el 15 de febrero, 33,000 personas ya habían enviado mensajes a sus cadenas locales de cable para que incluyan esta señal en su oferta.

Su sitio web en inglés, english.aljazeera.net, experimentó durante la revolución egipcia un salto en visitas de 2,500%, incluidos 7 millones de usuarios en Estados Unidos sólo el día 2 de febrero. Y el fenómeno en general es tan fuerte que ha generado una ola de artículos en todo tipo de medios estadounidenses, desde los pequeños hasta los de influencia global, con títulos tales como “Aprovechando el momento, Al Jazeera galvaniza la frustración árabe” (The New York Times), “10 canales que podrían ser reemplazados por Al Jazeera y a nadie le importaría” (The Kansas Star) y “Al Jazeera lidera la cobertura en inglés sobre Egipto, pero la mayor parte de los estadounidenses no la puede ver” (Media Bistro).

La paradoja está en que, durante los 15 años de su existencia, Al Jazeera ha sido condenada y demonizada en Estados Unidos. Sus reportajes han exhibido los daños humanos y materiales causados por ese país en Irak, Afganistán y otros sitios, y los comunicados de Al Qaeda son reproducidos ahí. Según reportes periodísticos, durante la guerra de Irak el expresidente George W. Bush le dijo alguna vez al primer ministro británico, Tony Blair, que le gustaría bombardear a Al Jazeera, y sus aviones de hecho lo hicieron en dos ocasiones, en Bagdad y en Kabul, con saldo de un periodista muerto.

Un cable confidencial del Departamento de Estado de noviembre de 2009, filtrado por WikiLeaks, no indica que sus diplomáticos compartan el rumor de que Al Jazeera tenga alguna clase de vínculo en Al Qaeda, pero sí creen que el emir de Qatar la utiliza “como una herramienta de negociación para reparar sus relaciones con otros países”. Otro, de febrero de ese año, informa que “la relaciones entre Qatar y Arabia Saudí están mejorando después de que Qatar bajó el tono de las críticas contra la familia real saudí en Al Jazeera”.

Mediante un portavoz, la cadena respondió en diciembre de 2010: “Ésta es la valoración de la embajada de Estados Unidos y está muy lejos de la verdad. Al Jazeera nunca ha cambiado sus políticas editoriales, que son guiadas por los principios de la libertad de prensa”.

Los gobiernos árabes aliados a Estados Unidos también temen que la cadena trata de confrontarlos con su audiencia: además del Egipto de Mubárak, Marruecos y el Túnez de Ben Ali cerraron sus oficinas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, la acusó de tratar de destruirlo políticamente tras filtrar, en enero, una serie de documentos que demuestran las amplias concesiones que el liderazgo palestino ha estado dispuesto a hacerle a Israel, y seguidores del mandatario atacaron una oficina de la cadena. Igualmente, en Líbano, simpatizantes del exprimer ministro Saad Hariri, de la secta musulmana suní, golpearon a periodistas de la televisora y quemaron una de sus camionetas porque, dijeron, apoya a sus rivales chiíes de Hezbollah.

En su programa Al-Ittijah al-Muakis (“la dirección opuesta”), uno de los más polémicos de Al Jazeera, su conductor, Faisal Kasim, estableció una posición el día 13: “Nuestros medios de comunicación deberían ser urilizados para liberar al pueblo árabe de sus gladiadores internos”.

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