Egipto: Apoyo aliado


Témoris Grecko / El Cairo

(Publicado en PROCESO, 20/2/2011)

El 30 de enero, entre muchos de los manifestantes en la plaza Tahrir se extendió el pánico cuando dos aviones F-16 de la Fuerza Aérea de Egipto realizaron un vuelo rasante sobre sus cabezas. Las aeronaves, que valen cada una 40 milloesn de dólares, fueron hechas en Estados Unidos. El 9 de febrero, civiles desarmados se acostaron frente a las orugas de los tanques M1A1 Abrams y los carros blindados de combate, dispuestos a dejarse aplastar antes que permitir que el ejército avanzara sobre el territorio controlado por el movimiento de protesta. También se fabrican bajo licencia estadounidense. Desde el 25 de enero, cuando empezó la revolución, los opositores descubrieron que las bombas de gas lacrimógeno con las que los atacaba la policía decían “Made in USA” (y encontraron, además, que habían caducado en 2008, pero todavía causaban daño, lo que probablemente habla de la calidad de la industria militar de E.U.).

Washington no sólo le vende armamento al ejército egipcio: también le regala el dinero para comprarlo. Cada año, el país recibe mil 600 millones de dólares en ayuda estadounidense, de la que mil 300 millones tienen un destino militar, según el Servicio de Investigación del Congreso de E.U. Se estima que equivalen al 60% del presupuesto militar egipcio. Este país es el segundo receptor mundial de asistencia económica estadounidense, sólo después de Israel. Desde los acuerdos de Camp David de 1979, que sellaron la paz entre estas dos naciones, por cada tres dólares que EU dona a Israel, dos más van a Egipto.

Parte de este dinero retorna a Estados Unidos a través de grandes compañías privadas a las que El Cairo compra armas, tales como tanques Abrams a General Dynamics, helicópteros de transporte CH-47 Chinook a Boeing, aviones caza F-16 a Lockheed Martin, helicópteros Black Hawk a Sikorsky Aircraft, y las infaustas bombas de gas lacrimógeno a Combined Systems Inc.

Los mandos que controlan los aviones y los tanques, además, se han formado en escuelas militares de Estados Unidos. La generación que está ahora en la cúpula del ejército es de una época previa a 1977, cuando el asesinado presidente Anuar el Sadat rompió la alianza con los soviéticos y se alineó con Washington. Pero la que viene, los cuadros medios superiores, ha pasado por América del Norte, según el mayor general Robert Scales, quien dirigió el Army War College, en declaraciones a NPR el 1 de febrero: “Los militares egipcios han tenido cuidado de enviar a los mejores, más brillantes y más prometedores oficiales a escuelas estadounidenses”. En casi todas ellas, desde la Academia West Point hasta la National Defense University de Nueva York, hay un egipcio becado bajo el International Military and Education Training Program, que tiene un presupuesto anual de 1.4 millones de dólares.

En círculos militares y diplomáticos de EU, la decisión del ejército egipcio de no atacar a los opositores se atribuye a la influencia que estas relaciones les han dado a los militares estadounidenses. El 8 de febrero, el secretario de Defensa de EU, Robert Gates, declaró: “Creo que los militares egipcios se han conducido de una forma ejemplar durante todo el episodio. Han actuado con gran autocontención. Francamente, han hecho todo lo que hemos indicado que esperábamos que hicieran”.

“Los beneficios tangibles de nuestra relación ejército-ejército son claros”, afirmaba la embajadora estadounidense en El Cairo, Margaret Scobey, en un cable confidencial del 31 de marzo de 2009, filtrado por WikiLeaks. “Egipto sigue en paz con Israel y Estados Unidos goza de acceso prioritario al Canal de Suez y el espacio aéreo egipcio”. Scobey añadió que el régimen de Mubárak  veía el programa de asistencia militar como la “piedra fundamental” de esta relación y consideraba la ayuda económica como una “compensación intocable” por “hacer y mantener la paz con Israel”.

Además, Egipto tiene un gran valor para la lucha de Washington contra Al Qaeda y los movimientos fundamentalistas islámicos, así como para garantizar el flujo del petróleo del Golfo Pérsico hacia el Mediterráneo.

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