De un ataque en altamar a un debate en Facebook


Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica (septiembre 2010)

¿Viajar puede servir para promover la paz? A veces sí, y de formas inesperadas.

 

Témoris Grecko

 

Es triste marcharnos de un país sin haber conocido por lo menos a un lugareño, a alguien que nos pueda transmitir un poco de cómo se piensa y se siente ahí. Yo hago lo que puedo por conectar de alguna manera con la gente. A veces he hecho entrañables amigos, incluso en países enemigos entre sí. Lo que de pronto me metió en problemas.

 

El 31 de mayo de 2010, el ejército israelí atacó una flotilla de activistas pro-palestinos y nueve turcos murieron a balazos. En Facebook, donde acostumbro opinar sobre los temas que me interesan, estoy ligado a amigos palestinos, israelíes y turcos. Yo sabía que cada uno de estos grupos estaba sujeto a distintas combinaciones de prejuicios, deseos, bombardeos mediáticos y presiones sociales. Pensé que no podría expresar mi pensamiento –menos aún dejar salir mis emociones— sin chocar con todos ellos y ofenderlos.

 

Las cosas iban muy mal. Para palestinos y turcos, era clarísimo que Israel había vuelto a actuar con violencia e impunidad, una masacre contra civiles en aguas internacionales. Indignados, un par de amigos turcos colocaron consignas racistas en sus estatus de Facebook, e invocaron nada menos que a Adolf Hitler. Mi amigo mexicano Mauricio anotó que “no puedo escribir con la cabeza fría ante semejante acto de cobardía” y mi amiga palestina Suha añadió que lo mismo ocurría con ella.

 

Por el lado israelí, los medios con mayor audiencia argumentaron que los comandos atacantes iban en un plan pacífico y fueron emboscados por los pasajeros, quienes tenían preparada una trampa. En un país donde los hombres realizan tres años de servicio militar, y las mujeres dos años, la gente le concede una gran importancia a la seguridad de los soldados y compartió la idea de que era absolutamente necesario que se defendieran a balazos. Los antisemitas del mundo afirman que los medios globales están controlados por los judíos, pero en Israel se cree que esos mismos medios participan de un acoso antisemita contra su país. Ante esto, muchos israelíes se blindan y se niegan a atender a lo que les dicen.

 

Por fortuna, nos subestimé a todos. Mi preocupación me condujo a ser cauteloso, a no dar fácilmente por buena la información que llegaba de un lado y del otro, a aceptar que había diferentes hipótesis que podían ser válidas y a analizarlas con cuidado. Traté respetar en lo posible la sensibilidad de cada quien, para evitar que las condenas flamígeras incineraran la voluntad de escuchar.

 

Para esto, pude utilizar un recurso de gran valor: los artículos críticos que también aparecían en la misma prensa israelí, en disonancia con la mayoría ultranacionalista. Esto me sirvió para evitar que mis amigos israelíes se sintieran acosados por antisemitas y para demostrarles a mis amigos turcos y palestinos que hay muchos judíos que buscan sinceramente el diálogo y la paz.

 

El resultado fue que mi perfil de Facebook se convirtió en lo que probablemente fue uno de los escasos foros en donde turcos, palestinos, israelíes y otras personas debatieron amistosamente, aportaron argumentos y evidencias para sostener sus puntos de vista, aceptaron otros e incluso intercambiaron gestos de simpatía.

 

Mi amiga israelí Odelia agradeció el acceso a otras versiones de lo sucedido y denunció la aplanadora de la televisión y la radio de su país. Mis amigos israelíes Matan y Nadav pudieron dar a conocer que ellos y muchos otros compatriotas se estaban manifestando contra el ataque. Mi amiga palestina Suha les agradeció esa actitud. Mi amigo turco Çağatay reconoció que “debemos separar lo que hace el gobierno israelí de lo que hace su pueblo”, y además buscó y me envió videos de judíos críticos con las posturas belicosas de Israel. Finalmente, en un mensaje privado, un amigo palestino me escribió: “Cuando al principio pedías detalles sobre los hechos pensé que era obvio que Israel estaba en el lado equivocado. Pienso lo mismo ahora, pero valoro el ejercicio de buscar hechos y hacer preguntas, me ayudó a ser más útil en otras discusiones que tenía. Y hacer preguntas deja espacio para que haya respuestas”.

 

De esta forma, conservé a estos amigos queridos, aunque pude haberlos perdido. Lo que es mejor: algunos de ellos han entrado en contacto entre sí y espero que desarrollen una amistad que ayude a acercar a sus pueblos. Donde pudo haber juicios sumarios y descalificaciones mutuas, hubo tolerancia, diálogo y entendimiento. Los viajes no sólo ilustran: también pueden servir para buscar la paz.

 

 

 

 

 

 

 

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