La ola verde


Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica (junio 2010)

Crónica de la revolución espontánea en Irán: mi nuevo libro sobre gente como nosotros en lucha

Por Témoris Grecko

 

Los pueblos —como las personas— revelan sus principales rasgos de carácter en momentos de crisis. Virtudes y defectos emergen diáfanos, propulsados por la presión de la urgencia y desnudados por la espontaneidad de la improvisación. Hace exactamente un año, el 12 de junio de 2009, un enorme fraude descarriló los comicios presidenciales en Irán. Yo estaba allí: tuve la invaluable oportunidad de aproximarme a una de las naciones más interesantes que he conocido, en un periodo crítico para ella: el proceso electoral y el movimiento de protesta que redefinieron a los iraníes en el imaginario mundial, que corrigieron muchos prejuicios y los diferenciaron de la perversidad del sistema político que los rige desde hace exactamente treinta años.

 

Estuve con ellos, los vi de cerca, traté de pasar como uno más, lo mismo en instantes de alegre celebración que cuando escapábamos con los milicianos detrás. Mi nuevo libro es un retrato en primer plano de este pueblo a nivel individual y colectivo, que describe a gente amigable, generosa, valiente, luchadora y llena de gracia y estilo, aun en medio de la batalla. En particular, trata de reflejar el rol destacado que asumieron las mujeres, objeto principal de la opresión social y líderes naturales de la resistencia.

 

También presenta los defectos, sin embargo. A pesar del encanto, la hospitalidad y la cortesía que despliegan los iraníes la mayor parte del tiempo, todo eso se pierde lastimosamente en dos situaciones: cuando van montados en una motocicleta y cuando se sienten inflamados con la verdad de dios.

 

Irán es un prometedor candidato al título de país con los peores conductores del mundo. Su fama se fortalece con el hecho de que ostenta la tasa más alta de muertes por incidentes con vehículos. Si se considera que su presidente, Majmud Ajmadineyad, ostenta un doctorado en dirección del tráfico, es fácil hacer de esto un chiste sobre su torpeza profesional. Pero sería injusto: con los iraníes al volante, no hay quien pueda. De esto sí que no se puede culpar al mandatario impuesto. Ni al líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Es difícil de explicar cómo es que la moto convierte a la persona más amable en un vándalo abusivo y desconsiderado.

 

Algo parecido sucede con el fanatismo religioso, aunque éste sea un fenómeno que ocurre tanto entre los musulmanes chiitas de Irán como entre los miembros de cualquier fe. Individuos educados, tranquilos y corteses se pueden convertir en ángeles enloquecidos que aplican justicia por su propia mano, convencidos de que cuentan con la bendición de dios y se ganan un pasaje al cielo. La idea de tener una justificación divina les hace parecer como aceptable y hasta necesario cualquier castigo, desde un porrazo hasta la tortura, el asesinato y la matanza.

 

Creo que es en las personas simples donde están las respuestas para los individuos normales. En sus problemas y, sobre todo, en la forma en que los afrontan. Es de ellos de quienes más se aprende. Y en los iraníes de la calle encontré emocionantes ejemplos a seguir para todos nosotros. No en los liderazgos que tratan de conducirlos, no en los del gobierno, tampoco en los de la oposición oficial. A veces, en las escaramuzas callejeras, cuando los manifestantes padecían el ataque feroz de los unos y el abandono de los otros, llegaba a parecerme que habían sido derrotados, que los habían echado de la avenida, reducido, aplastado. Y de pronto los veía regresar por donde nadie se esperaba, las manos elevadas con los dedos en V, cantando con entusiasmo y entre risas mientras avanzaban hacia las columnas de policías frustrados que preparaban la siguiente carga.

 

En “La Ola Verde”, la historia de los personajes famosos es relevante y se trata de explicar su influencia y su papel. Pero no es el asunto principal. Este gran movimiento ciudadano no son Ajmadineyad ni Jameneí, ni los candidatos opositores Mir Joseín Musaví y Mejdí Karrubí, ni los ex presidentes Mojamad Jatamí y Akbar Jashemí  Rafsanyaní. El verdadero protagonista de este cuento persa es la gente que está harta de un sistema mentiroso y represor, que tomó a Musaví como figura aglutinante sólo porque era el candidato disponible, y que ahora busca maneras de seguir luchando más allá de las limitaciones de quienes encabezan su descontento.

 

No ofrezco entrevistas con ninguno de ellos. No pretendo que el lector «conozca al hombre», al líder, al gran jefe. Por un lado, esto se debe a una limitación importante: estuve en Irán con visado de turista, no de periodista, y la necesidad de mantener un perfil bajo me mantuvo lejos de las oficinas de prensa y de los equipos de campaña. Por otro lado, lo que me interesa es presentar una visión desde adentro, no con la perspectiva de la conferencia oficial, del hotel de lujo y de las oficinas permanentes en donde encerraron a la prensa acreditada.

 

Doy la mirada de la calle, el contacto con los iraníes sin nombre y con rostro oculto que soportaron las cargas policiales, la crónica directa de lo que ocurrió en cada escaramuza, desde donde el gas lacrimógeno arde en la garganta, en los ojos y en la piel. La ventaja de haber actuado sin la protección del visado de periodista es que pude trabajar por debajo del radar de las autoridades y mantenerme muy cerca de la gente normal, incluso cuando las calles se habían vaciado de periodistas extranjeros, que habían sido forzados a marcharse del país o que, en algunos casos, habían sido arrestados.

 

Gracias a esto, puedo traer un mensaje. Uno que muchos iraníes me pidieron que entregara: «No somos terroristas. Somos gente normal de este siglo».

 

Por eso también quise retratar, individualmente, a iraníes comunes. Porque me parece más importante que el lector los conozca. Porque al salir a la calle a manifestarse, no solamente protestaban contra el régimen y el fraude electoral: estaban gritándole al mundo quiénes son en realidad.

 

RECUADRO

LA GENTE COMÚN

Oriana Fallaci y Ryszard Kapuściński, ambos fallecidos, son dos referentes fundamentales del periodismo occidental del siglo xx. En cuanto a mis preferencias personales, no hay duda ni término medio: escojo la actitud profesional del polaco a la de la italiana. No soy un interrogador de grandes personalidades, más inteligente que sus entrevistados: a mí me gusta la gente común. La observo, la aprecio, la valoro. Sobre todo, admiro a los que luchan. (Publicado por Los Libros del Lince, Barcelona, 2010)

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s