Los Guardianes del Régimen (en Proceso)


Por Témoris Grecko / Teherán, Irán

El lunes 22, Zahra, su hermana y dos amigos, todos de entre 24 y 26 años, salieron del edificio donde viven en Bahjat Ambamd, un barrio del centro-norte de Teherán muy parecido a la colonia Nápoles de la Ciudad de México. Era media tarde. En un instante, se vieron rodeados por una veintena de motociclistas que pertenecen a la milicia Basij, armados con macanas y cadenas, y vestidos con una combinación de ropa de civil y de camuflaje militar. Sin media palabra, empezaron a golpear a los chicos mientras a ellas las arrinconaron contra una pared, llamándolas putas por dejar ver parte del cabello, cubrirse el resto con pañuelos de colores y usar maquillaje. “Los iban a matar”, dice Zahra. “Pero un basiji dijo que había visto a varios simpatizantes de Mir Hossein (Mousavi, el candidato reformista que denunció fraude electoral) y se fueron a buscarlos”.

Los cuatro muchachos tenían la intención de dirigirse a la cercana plaza Heft-e Tir, donde opositores habían convocado una concentración de duelo en memoria de Neda Agha-Soltan (la joven cuya agonía fue registrada en un video que circula en YouTube y que murió a causa del disparo de un francotirador basiji) y de las al menos 12 víctimas más de la represión gubernamental contra la manifestación del sábado 20. Los asistentes debían acudir con velas negras y listones verdes, por el color del movimiento que representan Mousavi, pero el evento no se llevó a cabo: Heft-e Tir y los alrededores estaban tomados por la policías antimotines y milicianos, quienes impidieron que la gente se reuniera a través de cargas contra cualquier pequeño grupo. Los golpearon, los intoxicaron con gases lacrimógenos y a algunos los arrestaron. Los basijis que atacaron a Zahra y sus compañeros estaban patrullando la zona con el objetivo de detectar y dispersar contigentes de civiles antes de que llegaran a la plaza.

Sobre el encuentro luctuoso pesaba una amenaza todavía más grande. El Ejército de los Guardianes de la Revolución Islámica, conocidos popularmente como “Sepáh” (ejército) o “pásdárán” (guardianes), había advertido que no toleraría más actos de protesta y que “se emplearía a fondo” contra quienes participaran en ellos, con “decisión revolucionaria”. Hasta ahora, la violencia oficial no ha empleado nada más que armas ligeras, pero la intervención de los pásdárán pondría tanques en las calles.

PODERÍO ECONÓMICO-POLÍICO-MILITAR

Los Guardianes de la Revolución son un Estado dentro del Estado. Ya que su comandante es designado directamente por el líder supremo, ayatolá Ali Khamenei, gozan de gran autonomía frente a los otros poderes públicos, tienen fuerza deliberativa (es decir, opinan y actúan en asuntos políticos y son tomados en cuenta), ocupan importantes posiciones en las estructuras políticas nacionales y provinciales, controlan sectores de la economía como el de la construcción y, gracias al prestigio ganado durante la guerra contra Irak, se presentan como ejemplo a seguir y garantes de la República Islámica.

Tras la revolución de 1978-79, el ejército del derrocado shah de Irán se puso a las órdenes del fallecido ayatolá Ruhollah Khomeini. Pero éste desconfiaba de los generales y decidió crear una corporación militar propia, el Sepáh. Actualmente, el ejército tradicional realiza exclusivamente tareas de defensa externa y protección de fronteras, en tanto que Guardianes, que cuenta con un ministerio propio, controla problemas de seguridad interna y algunos que invaden el ámbito de acción del ejército. Sus efectivos de tierra suman 125,000, según estimaciones, más los milicianos basijis, que se encuentran bajo su comando. Además, cuenta con una marina de 1,500 navíos y 20,000 hombres, una pequeña aviación con 13 aviones Sukhoi Su-25 Frogfoot rusos, un número impreciso de Chengdu FM7 chinos y 40 Embrar EMB 312 Tucano brasileños, más flotillas de helicópteros Mil Mi (rusos), Bell y Boeing (E.U.); un comando especial, la Fuerza Quds, heredera de la Guardia Imperial del shah, de entre 3 y 15 mil miembros; y lo que es más relevante, los misiles balísticos iraníes están bajo su control: una brigada de Shahab 2 (con alcance de 750 kms.) y una de Shahab 3 (2,100 kms.).

Su poder no se limita al campo militar. La Constitución iraní contempla que participen en la actividad económica y ellos han tratado de explorar todas las posibilidades que esto les da. Durante la guerra Irán-Irak (1980-88), el gobierno adquirió para el Sepáh gran cantidad de recursos de ingeniería que después reunió en una serie de empresas de construcción bajo su control, que desde entonces han recibido preferencias en la asignación de contratos gubernamentales y que hoy tiene un valor conjunto equivalente a 12 mil millones de dólares, según estimaciones de The Los Angeles Times. La más importante de ella es Khatam-ol-Anbia, que sólo en 2006 recibió un contrato por 2,090 millones de dólares para desarrollar el campo de gas natural Pars Sur, otro por 1,200 millones de dólares para construir una línea del metro de Teherán, y uno más por 1,300 millones de dólares para un oleoducto hacia Pakistán.

Una tercera expresión de los Guardianes está en el ámbito político, donde constituyen una de las fuerzas dominantes de la cúpula iraní. En 25 años, quienes fueron creados para proteger el sistema empezaron a tomarlo. La llegada a la Presidencia de Mahmoud Amhadinejad (a quien los resultados oficiales ahora otorgan la reelección) en 2005, significó el acceso al poder de los jóvenes guardianes que pelearon en la guerra de Irak en los años 80. Él fue primero basiji y después, ya como pásdárán, participó en operaciones en el Kurdistán iraquí, en 1985.

Junto con Ahmadinejad, todo un batallón de guardianes ocupó posiciones clave en las estructuras de gobierno: 14 de los 21 ministerios, 80 de los 290 asientos del Majlis (parlamento) y dos terceras partes de las gubernaturas provinciales.

Tanto su comandante, el mayor general Mohammad Ali Jafari, que fue colocado en el puesto en 2007 por el líder supremo, ayatolá Ali Khamenei, como el alcalde de Teherán, Mohammed Baqer Qalibaf, pertenecen a una subfacción de los Pásdárán ligada a Mohsen Rezaei, el cuarto candidato presidencial de este año, quien la semana pasada declinó sus cuestionamientos al proceso electoral “porque es más importante restablecer el orden”. Más cercanos al presidente Ahmadinejad son el viceministro del Interior encargado de seguridad, Mohammed Baqer Zoldaqr, y el comandante de la milicia Basij, Mohammad Hejazi.

EL TRABAJO SUCIO

El jueves 18 de junio, durante el sexto día de protestas contra el fraude, milicianos basijis atacaron un dormitorio de la Universidad de Teherán. Ya lo habían hecho el sábado anterior, durante la noche, y habían matado a siete personas. Esta vez, tomaron presos a 46 estudiantes. Los insultaron y golpearon, para después transportarlos en un autobús a los sótanos del Ministerio del Interior. El piso estaba cubierto de cenizas, de las que salía humo. Obligaron a los chicos a rodar sobre ellas y les pegaban con macanas si se desviaban un poco. “Los basijis nos preguntaban, ¿vas a hacer la revolución?’, y nos pateaban en la cara”, asegura uno de ellos en un testimonio escrito, en poder de este corresponsal. Los mantuvieron sin bebida ni comida por una noche, formándolos para darles agua por cinco segundos y reírse de ellos por tener sed. “Nos decían que íbamos a tener una experiencia mil veces peor que Guantánamo”. Sólo al día siguiente los hicieron lavarse la sangre y les dieron una camisa limpia para entregarlos a la policía.

Los basijis están a cargo de hacer el trabajo sucio, de hostigar a las jóvenes por no vestirse de acuerdo al rigor islámico, de irrumpir en las fiestas donde se mezclan personas de ambos sexos y de sofocar las expresiones de descontento popular. Son sumamente numerosos: hasta 11 millones, dice el gobierno, aunque cuentas menos alegres los cifran en alrededor de tres millones. Cuando el ayatolá Khomeini creó la milicia Basij (que significa “movilización de los oprimidos”) dijo que “un país con 20 millones de jóvenes debe tener un ejército de 20 millones de soldados, y ese país nunca será destruido”.

Aunque los basijis no han logrado tanto, sus números siguen siendo grandes. Esto se debe a que la organización cumple funciones sociales. Sus integrantes son voluntarios (viven de otras actividades y además participan en las de la milicia) que pertenecen a sectores pobres. Los atraen los beneficios que otorga la membresía: acceso a servicios sociales, preferencias para obtener empleo, reducción del servicio militar de 21 a 12 meses, prestaciones económicas, algo parecido al prestigio social (los basijis y sus allegados sólo respetan a quienes son basijis o guardianes) y plazas universitarias de la cuota reservada a la milicia.

Esto permite que tengan una manera de controlar los espacios académicos y laborales, pues sus estudiantes y trabajadores vigilan y tratan de imponerse sobre los demás, a veces a través de la violencia. Un alumno que vive en el dormitorio universitario refiere que los atacaron otros compañeros por haberse levantado al baño en ropa interior, lo cual fue juzgado como “inmodesto”. Ellos también identifican a los miembros de movimientos estudiantiles o políticos y los denuncian o actúan directamente en su contra.

Además, están presentes en las mezquitas, en donde siempre hay un salón dedicado para sus actividades.

LOS MOTIVOS DEL BASIJI

“Es una noche bonita. Me gustaría irme pronto a casa, insh’allah” (dios lo quiera), dijo el hombretón, de unos 30 años, encantado de practicar su inglés. “Preferiría no pelear con nadie. Mi familia me espera”. Era un basiji y se había acercado a este reportero sin sospechar cuál es su profesión, pues lo han enseñado a odiarla. Vive en un pueblo a hora y media de Teherán, es profesor de primaria y estaba cansado porque, desde las elecciones, casi todos los días había tenido que venir a la ciudad a participar en la represión de las protestas. “Son los británicos. Y los sionistas. Y la prensa extranjera. Ellos están engañando a estos tontos, que ya no saben lo que quieren. Alborotadores, les vamos a enseñar”.

Estaba orgulloso del heroísmo de la milicia Basij, demostrado en la guerra contra Irak. “¡Tenemos que estar a la altura de nuestros mártires!”

Los basijis pasaron a la historia en la Operación Ramadán, en 1982. Irán estaba a la ofensiva y quería avanzar hacia Basora. Pero los iraquíes habían llenado los campos de minas explosivas. A las órdenes del ayatolá Khomeini, 100,000 adolescentes basijis, a quienes se les había dicho que si morían iban a ir al cielo, lanzaron olas humanas para hacer estallar las minas y limpiar el camino de los tanques.

Ahora, los nuevos basijis están ansiosos de merecer el prestigio de la milicia, quieren ganárselo con sus acciones. Pero el enemigo no son pelotones de soldados con ametralladoras, sino jóvenes, madres, abuelos y niños que marchan con la V en los dedos, un listón verde por el movimiento y uno negro por los caídos en los últimos diez días.

Indisciplinados, mal entrenados y mal organizados, los basijis siguen constituyendo una fuerza formada para golpear y atacan con ventaja. Están provistos de equipo antimotines (casco, escudo, tolete) y algunos de ellos con rifles AK-47. Numerosas imágenes los han retratado disparando alevosamente desde azoteas, como el que mató a la joven Neda, la chica cuya agonía en video le ha dado la vuelta al mundo.

Los agredidos han aprendido a defenderse. Este reportero presenció un enfrentamiento en el que un contingente de opositores, que marchaba pacíficamente por una avenida, fue atacado desde la retaguardia por una pandilla de basijis en motocicletas, liderados por una docena de tipos con uniformes negros como émulos de Darth Vader. La carga con los vehículos hizo que se dispersaran los seguidores de Mousavi. Pero esto dejó a los agresores solos en medio de la calle: pronto estuvieron bajo una lluvia de rocas, a lo que siguió un efectivo contrataque. Los basijis perdieron seis motos que pronto estuvieron en llamas.

También en la marcha del sábado 20, unos diez mil manifestantes fueron capaces de avanzar cuatro kilómetros, entre las plazas Enghelab (Revolución) y Azadi (Libertad), a pesar de la ofensiva de un número similar de policías antimotines y basijis, en medio de numerosas escaramuzas (con un saldo de muertos desconocido, pero que oficialmente fue de 13, todos opositores).

En los últimos días, la gente no se ha podido agrupar debido a la represión, pero ejemplos como los anteriores hacen pensar que no es imposible. No será lo mismo, sin mebargo, si salen los tanques de los Guardianes de la Revolución.

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