De cómo descubrí que México sí pertenece a Estados Unidos


Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Definitivamente, mi conocimiento empírico sobre la física está muy, muy mal. Según yo, estar adentro y salir afuera era llegar a afuera. Más todavía cuando entre adentro y afuera están construyendo un muro con tecnología súper-moderna para asegurarse que los que están afuera no puedan entrar adentro. Pero según Estados Unidos (más concretamente, sus autoridades de migración), estar adentro, volar sobre el muro y salir afuera no es salir afuera, sino seguir adentro. O tal vez crean que lo que hay del otro lado del muro no es afuera afuera, sino poquito afuera, así que ellos quieren que la gente salga muchote afuera. Hay que salir salir.

En todo caso, según nos dijeron los empleados de la aerolínea estadounidense Delta en Barcelona, que no nos dejaron abordar el avión, para las autoridades de Estados Unidos, México y Canadá son parte de ese país. No para efectos de estar adentro, pero sí para no estar afuera. Y por lo tanto, esas mismas autoridades tienen autoridad para imponerse autoritariamente sobre las decisiones de las ‒hemos descubierto‒ sub-autoridades mexicanas y canadienses. Al César lo que es del César, y a los súbditos, callar y obedecer.

El 5 de octubre, Vivienne ‒australiana‒ y yo ‒mexicano‒, estábamos en Barcelona a tiempo para volar con Delta rumbo a México, vía Atlanta. Ya sabemos que volar vía Estados Unidos es un coñazo. No es como los grandes aeropuertos de otros países, donde uno pasa directamente al siguiente avión: aunque la conexión sea de menos de una hora, hay que bajar, pasar migración, poner cara de gente decente (eso se me dificulta un poco, pero alguna vez estudié actuación), con frecuencia hay que recoger el equipaje, pasarlo por la aduana y volverlo a facturar, después pasar la revisión de seguridad y finalmente presentarse en el mostrador para el segundo vuelo, mostrar el pasaporte y entregar el cartoncito de migración que te dieron para que deambules un ratito por el aeropuerto (y hagas compras).

Ya nos habíamos resignado a ello. Pero la sorpresa fue que a Vivienne le pidieron que demostrara que tenía un boleto (billete) de salida de México. ¿Requisitos de la migración mexicana? Sí tenía uno, pero en su buzón de e mail (era un boleto electrónico), y ¿cómo obtenerlo cuando estábamos ahí, en facturación? Acompañada por mi querida amiga Catalina, mientras yo guardaba el equipaje las dos corrieron a buscar cómo acceder a internet. Tardaron, lo consiguieron, y después… ¡no había cómo imprimir! Y el tiempo se acababa, la supervisora de Delta quería cerrar ya la facturación. Discutimos y logré que pasaran nuestro equipaje e imprimieran pases de abordar, que nos entregarían sólo si Vivienne mostraba el boleto. A Vivienne se le ocurrió una idea que jamás imaginé que colara: a falta de impresora, ¡tomó una foto de la pantalla de la computadora con su teléfono celular! Regresó con él, la mostró a los de Delta, pensé que se reirían y… ¡sí! ¡Les pareció bien! Nos dieron los pases y muchas gracias.

Nos pusimos en la fila para pasar seguridad, nos estábamos despidiendo de Catalina cuando los de Delta llegaron de nuevo: “¡Oye! ¿Y a dónde va ese billete que nos has mostrado?” A Nueva York. “¿Pero no tienes uno que diga que vas a Australia, o a otro país de Sudamérica? (Hay tanta gente en España que no comprende que la división entre América del Norte y Sur está miles de kilómetros al sur de México.) ¡Tienes que salir de Estados Unidos!” Ese boleto es ida y vuelta, va a Nueva York y de vuelta a México. “¡Pero tienes que salir de Estados Unidos!” Por eso, voy a México. “¡Eso sigue siendo Estados Unidos!”

Cara de mega-what! Pero sin tiempo para discutir, el vuelo salía en 40 minutos. Interrumpí, dije que Viv tenía otro boleto fuera de lo que fuera que ellos imaginaran que era Estados Unidos, corrimos a otro lado y con la laptop, cambié los datos de un viejo boleto electrónico e improvisé un billete para Australia. Tomamos una foto con el celular y ¡listo!

¡Pero faltaban 20 minutos para el despegue! ¡Ya iban a cerrar la puerta de embarque! Teníamos todavía los pases y con ellos cruzamos seguridad como un viento antártico, ni siquiera volteamos a decirle adiós a Catalina, empujamos gente, tiramos ancianitas y niños de pecho, hicimos rodar un puesto callejero de frutas ‒vale, no los hay en los aeropuertos, pero siempre pasa en las pelis‒, el oficial de migración apenas pudo ojear nuestros pasaportes, corrimos los 200 metros planos hasta la puerta número 2,545 (o al menos me pareció que tenía ese número), y la gente de -Delta nos vio llegar con enorme alivio. “¡Es que ya se va, ya se va!”, dijeron, “¿traéis el billete?” Sí, Vivienne en su móvil… ¿Vivienne? No estaba. La supervisora ordenó cerrar la puerta de embarque. ¡No! Pero Viv apareció de pronto: casi se había caído en la carrera porque tenía las cintas de los zapatos desabrochadas, y debió detenerse a arreglarlas. Sacó el celular, mostró la foto, ¡oh qué bien! Pero… mi fama global de falsificador se fue al piso. Todo estaba perfecto, había tenido el cuidado de buscar vuelos reales a Australia por si los querían comprobar, parecía correcto, pero… ¿y qué día sale tu vuelo, guapa? ¡Había olvidado poner la fecha!

Chau.

Un día más en casa de Catalina. Viv compró un billete a Australia. Y fuimos al día siguiente. Muy sonrientes. Ahora sí traemos todo. Impreso, para que no haya problema. Sí, mira, sale a Australia en febrero. “Muy bien”, dijo la chica, “¿cuándo dices que sale? ¿En febrero? ¿Cuándo se cumplen los 90 días?”, preguntó a su supervisora. “El 5 de enero”. “No puede volar”. Pero, ¿por qué? “Tiene que salir de Estados Unidos antes de 90 días”. ¡Pero no va a Estados Unidos, va a México! “Eso sigue siendo Estados Unidos, de acuerdo con la legislación de Estados Unidos”. ¡Pero no con la de México, y México le da permiso de quedarse 180 días! “No podemos dejarle [nótese el leísmo] abordar si no cumple los requisitos de Estados Unidos”.

Pues ya, pensé. Tendremos que modificar su salida a Australia. Que se vaya cuando Bush quiera. Pero Viv escogió sacar los guantes, pelear, gritar en inglés, castellano y lenguaje gutural, la supervisora y otros discutieron, llamaron por teléfono con no sé quién, y de algún lugar del mundo salió una autorización. De los australianos no se ha sabido que amenacen la seguridad nacional de Estados Unidos. Que la dejen pasar.

***

Llegamos a Atlanta. Pasamos migración, qué lata, sin problemas para Viv, no tuvimos que sacar nuestro equipaje porque Delta nos hace el gracioso favor de liberarnos del trámite, seguridad, el mostrador de Delta, todo. Por fin íbamos a abordar el segundo vuelo a México. Pero la fila estaba exageradamente lenta. Cuando entramos en el gusano de acceso al avión, vimos que guardias de seguridad habían montado un operativo sorpresa e interrogaban con detenimiento a cada uno de los dos centenares de pasajeros. A un mexicano, uno de ellos le gritaba: “¡Así que has pasado 11 años de ilegal en Estados Unidos!” Sí, pero ya me voy. “¿Y me enseñas esta green card falsa?” Sí, pero ya me voy. El guardia no parecía dispuesto a dejarlo regresar tan fácilmente, con éxito y sin consecuencias. Al fin y al cabo, el chico sólo iba a salir poquito, México es el afuera interior de Estados Unidos. No pudimos saber más porque otro se plantó frente a nosotros. A mí me hizo poco caso. Fue contra la australianita. Qué iba a hacer a México, si vivía allí, si era ilegal, y sobre todo: “¿Qué clase de relación tienen ustedes dos?” Si de verdad quería saberlo y tenía tiempo, podíamos salir a tomar un café, quizás nos pudiera hablar de su experiencia también y darnos algunos consejos. Pero el vuelo se iba, los pasajeros presionaban, Viv no tuvo la cortesía de invitarlo al café y él, ofendido, nos dejó ir.

(Publicado originalmente en Mundo Abierto.)

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s