El aborto en la corte: el juez decide contra el derecho a decidir


Por Témoris Grecko / Tucson, Arizona

A partir de hoy, lunes, la Suprema Corte de Justicia de México discutirá las acciones de inconstitucionalidad presentadas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Procuraduría General de la República en contra de las reformas a leyes locales aprobadas por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (Ciudad de México), que despenalizan totalmente la interrupción del embarazo, si se realiza antes de las primeras trece semanas (el DF es la única demarcación de América Latina, fuera de Cuba, donde el aborto está despenalizado).

El debate empieza mal, porque el ministro encargado de presentar la ponencia, Sergio Salvador Aguirre Anguiano, decidió reinterpretar y tratar de rescribir la Constitución mexicana con base en su fe, no en la razón, la ciencia, la salud pública ni la ley. Esto significa que el derecho de la mujer a elegir, que por fin fue reconocido legalmente en 2007, podría ser abrogado por las convicciones espirituales de una persona. Mal asunto para el Estado laico, que ha logrado resistir tantas ofensivas políticas y legislativas de la ultraderecha católica, ser herido por la daga de quien debe defender su virtud.

Cuando la ALDF votaba la reforma, en abril de 2007, los obispos amenazaban con excomuniones y manifestaciones impactantes para evitar lo que habían llamado, sin sentido de la moderación, un “nuevo holocausto”. Pero esas amenazas, que tan bien funcionaron en el pasado, sirvieron para poco frente a una sociedad, la del Distrito Federal, que pese a sus numerosos fallos se ha liberalizado mucho en sus actitudes y convicciones. La excomuniones no espantaron y no había poder de convocatoria para tales manifestaciones masivas. Los caminos viables para emprender acciones estaban en otro lado: en el Poder Ejecutivo Federal, a través de la Procuraduría General de la República, y, por contraste, en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), un órgano autónomo del gobierno (aunque no de la fe). En el primer caso, se trataba de hacer efectivo el respaldo del presidente Calderón, quien anteriormente se había manifestado contra el aborto, como lo hizo también su esposa, Margarita Zavala, dos días antes de la votación.

En el caso de la CNDH, se daba una circunstancia especialmente favorable: en 1999, la ultraderecha había logrado colocar al frente de ella a uno de los suyos, José Luis Soberanes, señalado por su cercanía al Opus Dei y confirmado en su puesto en 2005, por seis años más. No había duda de su posición: en 2002, por ejemplo, había entregado todos los reconocimientos anuales de la Comisión a grupos de la extrema derecha católica, como el Comité Nacional Provida, la Asociación Nacional Cívica Femenina, la Unión Nacional de Padres de Familia, A Favor de lo Mejor, Vida Humana Internacional y la Asociación Mexicana de Malta. En su discurso, había afirmado que “el derecho a la vida (desde la concepción)” es el primero de los derechos humanos. Luego le había cedido el micrófono al líder pro vida Jorge Serrano Limón, quien describió la práctica del aborto como “un verdadero genocidio en el mundo moderno”.

Así, el 25 de mayo de 2007, una dependencia gubernamental y un órgano autónomo coincidieron al presentar sendas acciones de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia. La CNDH argumentó que las reformas “rebasan el ámbito local” y que por lo tanto no son competencia de la ALDF, sino del Congreso de la Unión; que “existen contradicciones entre las leyes locales aprobadas” y los convenios internacionales signados por el país; que se les otorga capacidad de decidir a mujeres menores de edad, que por definición carecen de ella; y que hay “imprecisiones, lagunas y dudas entre la población” sobre los servicios que brindan los servicios del DF y los federales, lo cual afecta el derecho fundamental de la seguridad jurídica. Y como para disipar dudas sobre sus motivaciones, la Comisión afirmó que “el debate no puede centrarse en razones religiosas o de Estado laico, lo que deberá analizarse es si las reformas aprobadas son correctas, y eso le compete definirlo a la Corte”.

Muchos no se lo creyeron. El escritor Carlos Monsiváis comentó: “Así que las razones del Estado laico son prescindibles en un Estado laico, precisamente el mismo que emplea a Soberanes”. El experto en religión Roberto Blancarte, quien se precia de ser amigo del presidente de la Comisión, escribió que entendía que Soberanes no estuviera personalmente de acuerdo con la despenalización del aborto, “lo que no concibo es que haya arrastrado a la CNDH a una posición moralista, escudándose en argumentos legalistas. (…) Todos tenemos creencias y opiniones, pero no podemos utilizar a las instituciones que están bajo nuestra responsabilidad para empujarlas; éstas deben responder únicamente al interés público, que es el de todos y no el de unos cuantos”. Y se dijo sorprendido porque él creía que las comisiones de derechos humanos “trabajan para ampliar los derechos de las personas, no para limitarlos”.

La PGR, por su lado, centró su alegato en el principio de que una norma no puede “permitir la privación de la vida del producto de la concepción, ni discriminar su protección por determinadas características, como sería la temporalidad de gestación”. Monsiváis lo describió como “un planteamiento estrictamente religioso”.

Se trata de un argumento que cae sobre un aspecto fundamental del debate religioso-jurídico-científico sobre el aborto: saber en qué momento aparece un individuo. Lo jurídico está en medio de los otros dos, porque el legislador tiene que decidir si le dará más peso al dogma religioso o a la evidencia científica. El Vaticano asegura que hay un individuo desde el instante en que el espermatozoide fecunda el óvulo y, por lo tanto, interrumpir el embarazo es llanamente asesinato. La perspectiva de la PGR asume que esto es cierto, que se está privando de la vida a un ser humano y no se le da protección a causa de una discriminación por la temporalidad de su gestación.

Sería distinto si el fiscal de la nación atendiera la evidencia científica. Julio Muñoz Rubio, profesor de biología celular de la Facultad de Ciencias de la UNAM, publicó en La Jornada en las semanas previas a la despenalización un artículo en el que trata de exponer en términos sencillos cuándo hay un individuo y cuándo no. Afirma que el Vaticano tiene una “completa confusión entre lo que es vida y lo que es un individuo biológico”. Muñoz se basa en la teoría celular de Theodor Schleiden y Mattias Schwann, aceptada por la ciencia desde hace ya dos siglos (como la teoría de la evolución, pero a la Iglesia le toma un poco tiempo procesar esas cosas), para explicar lo siguiente:

“Cuando un espermatozoide fecunda a un óvulo, se forma una nueva célula, distinta a las dos que le dieron origen, pero sigue siendo una célula. La diferencia fundamental es que esa nueva célula contiene la información genética de los dos potenciales progenitores del individuo que está por producirse, pero que aún no lo es. El hecho de que esa célula-huevo sea el resultado de esa fecundación del gameto femenino por parte del masculino, no le confiere el estatus de individuo biológico, pues no puede sobrevivir de manera independiente a quienes sí son individuos biológicos: la madre y el padre. Solamente los individuos biológicos pueden desarrollarse y sobrevivir de manera independiente a otros de su misma y de otras especies, gracias al proceso de diferenciación y especialización de sus partes. En el caso de los vertebrados superiores, grupo al cual pertenece el ser humano, ni embriones ni fetos pueden considerarse individuos biológicos pues carecen del desarrollo que les permite alcanzar esa independencia en su existir, aunque estén compuestos de células y, por lo tanto, haya vida en ellos, pero no individuación. Por esa sencilla razón, la destrucción de una célula o un conjunto de células cualquiera del ser humano no puede ser considerada un homicidio”.

Añade que si la tesis de los pro vida “fuera correcta tendríamos que extenderla a cualquier modalidad de pérdida celular. Cualquier hemorragia sería un asesinato de células del tejido sanguíneo y tendría que ser sujeto de persecución legal, en algunos casos con la atenuante de la involuntariedad del ‘homicidio’, como en la menstruación, pero no lo sería así en el caso de la pérdida de células del tracto bucal expulsadas en un escupitajo, o en la extracción de una muela, menos aún en la amputación de un miembro”.

Además del argumento científico, está el argumento social: el de las madres adolescentes, el de los abortos clandestinos, el de las mutilaciones y las muertes que esto provoca. El aborto es un problema de salud pública y como tal debe ser tratado. Y la ley que garantiza el derecho a la vida no se refiere a la vida celular ni a los cigotos. Es por ello que la Iglesia, el gobernante Partido Acción Nacional y los grupos extremistas católicos han realizado (y fracasado en) numerosos intentos de añadir “desde la concepción” a la garantía constitucional del derecho a la vida.

Pero al ministro Aguirre Anguiano no le importa. Ni la ciencia, ni la ley, ni la salud pública son para él más importantes que su fe. Y por la fe que niega a la razón, plantea en la ponencia que ahora discute la Corte que las reformas aprobadas por la ALDF deben ser declaradas anticonstitucionales y que las mujeres que aborten deben recibir una condena de cárcel por un periodo de tres a seis meses. Todo esto con el objeto de garantizar la protección del “bien jurídico tutelado”, que es precisamente el feto o el cigoto. Su dictamen evade por completo cualquier discusión científica sobre en qué momento el producto del embarazo es individualmente viable y adquiere derechos constitucionales, y propone imponer sin más argumento que el peso de su cargo lo que los legisladores de derecha han fracasado en conseguir: que la ley fundamental consagre el derecho a la vida “desde la concepción”.

No le será fácil, sin embargo. Para que la ponencia tenga éxito, debe ser apoyada por el voto de 8 de los 11 ministros. En quienes esperamos que prevalezca la razón, no la fe.

NOTA: “El vocero de Dios. Jorge Serrano Limón y la cruzada para dominar tu sexo, tu vida y tu país”, libro de Salvador Frausto y Témoris Grecko que tiene mucho que ver con este tema y que será publicado por la editorial Random House Mondadori, será presentado en octubre.

(Publicado originalmente en Mundo Abierto.)

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