La desnuda ilustrada de Hidalgo y la derrota de la moralINAH


Por Témoris Grecko / Ciudad de México

Es que a la ultraderecha le cuesta tanto trabajo entender que los tiempos son otros. Están anclados mentalmente a sus abuelitos que usaban sábanas con hoyitos y rezaban “No es por vicio no por fornicio, es por hacer un hijo en tu santo servicio” antes de emprender un breve metesaca que tenía que acabar en eyaculación precoz (y preñez, ¡te lo ruego Santísima!) antes de que pudiera aparecer la sombra pecadora del placer. Y son víctimas graves del síndrome obsesivo-compulsivo Soledad Orozco de tapar partes pudendas.

Uno de los organismos más importantes y valiosos de México, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido por Alfonso de María y Campos Castelló, acaba de dar una lección de moralINAH propia de la señora Soledad Orozco, esposa del presidente Ávila Camacho, quien en los años 40 se quejó de la desnudez de la estatua de la Diana Cazadora, que en pleno Paseo de la Reforma nos mostraba con qué hermosas curvas idealizaban los escultores mexicanos a las deidades griegas. El resultado fue que le pusieron calzoncitos a la amazona, para que la doña y sus amigas de la Liga de la Decencia pudieran pasar por la avenida sin acordarse de los pecados que cometían (o soñaban cometer) con sus políticos maridos cuando ellos les hacían caso. En los sesenta, le quitaron el indigno taparrabos a la diosa, que desde entonces se ha portado bien en su sólida inmovilidad y no ha causado escándalos.

A principios de junio, el gobierno del Estado de Hidalgo lanzó una campaña para promover sus atractivos turísticos. Pusieron una actriz muy guapa (Irán Castillo) a modelar, le tomaron unas fotos en estudio con bikini, con photoshop montaron sobre su cuerpo imágenes de los monumentos que querían mostrar, y luego colocaron esos mismos monumentos de fondo, de manera que la actriz parecía mimetizar su cuerpo desnudo con ellos. No es el tipo de publicidad que yo prefiero (efectivamente, uno se fija más en la chica que en lo que promociona), pero ése es mi problema.

El INAH censuró la campaña. En sus primeras declaraciones, el vocero del INAH, Benito Taibo, salió a decir que no podían aparecer personas tapando los monumentos. Y después se quedó contento con un pequeño cambio en la campaña hidalguense, que fue simplemente que los senos de la muchacha, que no se veían tanto, quedaran ocultos. O sea, como ponerle el calzoncito a la Diana.

Busqué en la página web del INAH si Jorge Serrano Limón, el líder pro vida que además es autodesignado gran vigilante de la moral, tiene un puesto ahí, es asesor honoris causa del Instituto o tal vez representante plenipotenciario de los cardenales Rivera Carrera, Sandoval Iñiguez y Cepeda para supervisión de lo que las ovejas del rebaño nacional hagan con su patrimonio histórico, pero al menos ahí, no lo mencionan.

Es el gobierno del PAN, que no ha logrado controlar los afanes moralistas de sus ultras ni su tendencia a comprar el acceso al paraíso (y a las pantallas de tele) con dinero de nuestros impuestos, como hace el gobernador de Jalisco. El síndrome Soledad Orozco que no los deja abrir la mente. Antecedentes hay muchísimos. Pero esos mismos antecedentes ilustran cómo los mexicanos han cambiado, mientras que los ultras siguen pensando que viven en otros siglos. Unos poquitos ejemplos:

En enero de 1988, Serrano Limón y el cardenal Corripio mezclaron a alumnas de escuelas de monjas con antiguos líderes pro-nazis (que en 1940 promovieron un golpe de Estado fallido para alinear a México con Alemania), como Salvador Abascal Infante y Celerino Salmerón, en una protesta frente al Museo de Arte Moderno contra una exposición artística: lograron cerrarla y de paso, renunciaron al director. Ese mismo año impidieron que se exhibiera en México “La última tentación de Cristo”. El gobierno de Salinas de Gortari que entró en diciembre de 1988 les permitió darse vuelo censurando y atacando y agraviando, los mismo exposiciones que obras de teatro y lo que no les gustara. En Guadalajara y Monterrey, incluso, los ayuntamientos panistas prohibieron unos anuncios de sostenes de Wonderbra. Y cuando entró Fox, en 2000, quien había hecho campaña con la Virgen de Guadalupe y había prometido los oros de Moctezuma a los obispos, pensaron “ahora sí, es la nuestra”.

Así lanzaron en 2002 su poderosa campaña de anatemas y condenas (e incluso antisemitismo) contra la película mexicana “El crimen del Padre Amaro”, sobre un cura que llega a un pueblo, seduce una menor de edad, la embaraza y la hace abortar, a consecuencias de lo cual ella muere. A la jerarquía católica y su infantería, conducida por Serrano Limón, le cayó muy mal que pusieran en las pantallas lo que ocurre en la vida real. Y pensaron que iban a poder asustar a todo el mundo con sus manazos en el púlpito. Incluso, ya encarrerados, adelantaron que censurarían también dos películas de las que no sabían nada, más que el nombre “La virgen de la lujuria” (donde apenas sale un actor que besa los pies de la imagen de una virgen que no tiene nada de lujuriosa) y “El rescate del Santísima Trinidad” (la historia de un buque naufragado que tenía ese nombre).

Y como siempre, justifican sus violencia censora con el argumento de que representan al pueblo de México, que es católico. Pero el pueblo de México les respondió de forma muy elocuente: “El crimen del Padre Amaro” batió en 50% el récord como la más taquillera en la historia del país. El secretario de Gobernación había rechazado las demandas de prohibirla (“la censura se fue de este país y esperamos que nunca regrese”, dijo Santiago Creel). Y a partir de ahí se abusó del chiste de solicitar, para cada peli, obra de teatro, novela y presentación de payasos, la asistencia de Serrano Limón para condenarlos y generar así enorme publicidad gratuita. Hace poco, la Arquidiócesis de México dio a conocer un estudio propio en el que afirma que sólo entre el 6% y el 8% de los católicos bautizados van a misa regularmente.

Este país ya no es el de sus culpables sueños húmedos, es lo que el tipo del apellido virreinal, Taibo y Serrano Limón no consiguen entender. ¿Qué es lo que pasó con su torpe censura de la campaña hidalguense?

Para empezar, que alguien lo filtró a los medios. Nada tontos. Así, las fotos de la campaña censurada y de la nueva ocuparon ni más ni menos que la mitad de la portada de El Universal, ocuparon amplios espacios en muchos diarios y llegaron a las planas de The New York Times. Más que ofendido por la censura, el publicista que ideó la campaña, Roberto Gaudelli, está dando brincos de gusto por su inesperada fama nacional e internacional. Véanlo en su blog. Y mucha gente se está enterando ahora de que en Hidalgo también hay cosas hermosas qué ver (aunque cuando van a descubrir, decepcionados, que Irán Castillo no está allí luciendo su ilustrada desnudez).

Da vergüenza que todavía se den estos gestos de moralINAH entre las autoridades de este país, que no han superado el síndrome Soledad Orozco. Además, da pena ajena, porque ponen en evidencia su atraso intelectual y su torpeza en relaciones públicas. Y a final de cuentas, da gusto, porque los mexicanos ya no se tragan estas tonterías. ¡Veamos la campaña completa aquí!

Como cantaba Joaquín Sabina: “A mí, las moralINAHs me hacen vomitar”.

¿Qué van a hacer el próximo fin de semana? ¡Vámonos a Hidalgo!

(Publicado originalmente en Mundo Abierto.)

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