Tag Archives: Syria

Gallery

Siria: En el límite de la línea roja

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso 12/mayo/2013) Sheikh Maksoud es un distrito de mayoría kurda en la norteña ciudad siria de Alepo, en la zona controlada por la oposición pero junto a la línea del frente que la separa del … Continue reading

Gallery

Aleppo 2013 = Sarajevo 1993

I was thinking about all those musical, artistic and literary efforts for Sarajevo during its siege, 20 years ago… Wonderful, U2 & Pavarotti singing together “Miss Sarajevo”, I love that one; Max Richter’s “Sarajevo”; Spain’s writer Juan Goytisolo’s “Cuadernos de … Continue reading

Gallery

Siria: Armas para los moderados

Por Témoris Grecko / El Cairo (publicado en Proceso 23/marzo/2013) La confrontación de potencias competidoras en Siria fue públicamente reconocida por Laurent Fabius, el ministro francés de exteriores, en comentarios a la prensa, el jueves 14: “No podemos aceptar el … Continue reading

Gallery

Siria: Encrucijada geopolítica

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 19-feb-2012) Siria no es Libia ni febrero de 2012 es marzo de 2011. Los grandes actores políticos internacionales discuten ahora qué hacer ante la constatación de esa realidad, algo que quedó más que claro … Continue reading

Gallery

Siria: Misión bajo sospecha

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 1 de enero de 2012) El martes 27 de diciembre, por fin, empezó a trabajar la misión de observadores que envió la Liga Árabe a Siria para verificar que las autoridades de ese país … Continue reading

Gallery

Siria. La oposición se agrupa… y se arma

Por Témoris Grecko / Ouadi Khaled, frontera Líbano-Siria (publicado en Proceso, 4/dic/2011) Homs y Hama, dos de las ciudades más golpeadas por las fuerzas de seguridad del gobierno sirio, están muy cerca de aquí, a sólo 40 kilómetros la primera de … Continue reading

Siria. El régimen pierde aliados

Por Témoris Grecko. Publicado en Proceso, 21 de agosto de 2011.

 

El aislamiento del régimen sirio se está profundizando, a pesar de sus intentos de convencer al mundo exterior de que conserva el apoyo de la población y de que sus operaciones represivas son puntuales, dirigidas exclusivamente a lo que denomina “grupos armados terroristas”.

 

Según las estimaciones que maneja la prensa internacional, el número de víctimas fatales de este conflicto desde que inició el 15 de marzo oscila entre 1800 y 2000, y se incrementó en la última semana con las ofensivas militares contra diversas ciudades rebeldes, incluidas las mayores del país, Aleppo, Hama, Homs, Deir es-Zor y Latakia, así como barrios de la capital, Damasco.

 

El saldo para el presidente Bachar al Assad y su hermano Maher, quien se encuentra a cargo de la campaña bélica gubernamental, se incrementa por enfrentamientos recientes con antiguos aliados, como Turquía; con rivales como Arabia Saudí, e incluso con dependientes como la milicia chiíta libanesa Hezbolá y el partido islamista palestino Hamás. Algunos observadores señalan que los Assad ni siquiera pueden dar por garantizado el apoyo del líder supremo de Irán, el ayatolá Jameneí.

 

Jaitam Malej, un veterano disidente sirio, dijo a Proceso desde Londres que el régimen podría caer “en semanas” y adelantó posibles escenarios de cómo esto se podría dar, desde uno “optimista” –una revuelta dentro del ejército— hasta el más pesimista, que prevé una guerra civil entre numerosas facciones.

 

REPRESIÓN SANGRIENTA

 

Hasta el fin de julio, de manera similar a como había ocurrido en otras insurrecciones árabes de los últimos meses, el momento clave para manifestarse cada semana era el viernes, día sagrado para los musulmanes, después de las oraciones de mediodía. Esto cambió el 1 de agosto, cuando comenzó el Ramadán, un mes durante el cual se ayuna durante el día y sólo se come al caer el sol: ésta es también la señal de salir a la calle a protestar.

 

La intensificación de las actividades de la disidencia vino acompañada de mayor represión, con la entrada a sangre y fuego a las ciudades de tropas del ejército sirio apoyadas por tanques y fuego de artillería pesada, y en el caso de la población costera de Latakia, por disparos de cañón realizados desde buques de la marina. Los soldados actúan en compañía de los shabiha, milicianos armados al estilo de los Basij iraníes.

 

El objetivo han sido zonas residenciales y comerciales donde actúa la oposición. Las denuncias de grupos como el Observatorio Sirio de derechos Humanos señalan que se realizan bombardeos indiscriminados, con fuego de francotiradores y allanamientos de hogares en busca de supuestos disidentes. “Lo que ocurre es gravísimo”, le dijo un vecino de Latakia a la cadena árabe Al Yazira, “en el momento en que ven que algo se mueve, le disparan”.

 

Para el miércoles 17, cuando el gobierno anunció la salida de sus tropas de Latakia y Deir es-Zor (la oposición afirma que los tanques se ubicaron en los afueras de esas ciudades y que siguen disparando), se estimó que en la primera habían matado a al menos 36 personas en cuatro días de ocupación. En declaraciones al diario The Guardian, un residente, que pudo escapar de Latakia con su familia y refugiarse en las montañas, dijo que “hay muchos francotiradores en las azoteas, por la mañana los tanques disparaban mucha gente murió, no los pudimos contar. Creemos que vana destruir el barrio, lo que pasó fue una masacre, una masacre”.

 

El caso de Latakia tiene connotaciones particulares porque ahí se encuentra Al Ramel, un campo de refugiados palestinos fundado por personas que fueron expulsadas en 1948 de territorios que ahora forman el Estado de Israel. El miércoles, se estimaba que la mitad de los habitantes del Al Ramel había tenido que huir. “Una población olvidada se ha convertido en una población desaparecida”, afirmó el martes el vocero de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, Chris Gunness, “ya que no tenemos noticia del paradero de hasta 10 mil refugiados que escaparon de Latakia en los últimos días”.

 

Bachar al Assad heredó de su padre Hafez (quien ocupó la presidencia desde 1971 –cuando dio un golpe de Estado— hasta su muerte en 2000), no sólo el poder, sino una política exterior de rechazo a Israel y apoyo a la causa palestina. El ataque contra Al Ramel le atrajo fricciones con Hamás y graves críticas de la Organización para la Liberación de Palestina, cuyo secretario general, Yasser Abed Rabbo, se expresó el martes en términos muy duros: “El bombardeo proviene de lanchas artilladas y tanques y se realiza contra casas hechas de hojalata, contra gente que no tiene a dónde correr o refugio para esconderse. Es un crimen contra la humanidad”.

 

AISLAMIENTO INTERNACIONAL

 

La postura de las potencias occidentales frente a la sangrienta represión en Siria es delicada: ocupadas con tropas terrestres en Irak y Afganistán, y envueltas desde el 19 de marzo en una campaña de incursiones aéreas contra el libio Muamar Gadafi, no hay quien desee comprometerse en una ofensiva contra un ejército más poderoso que el del líder norafricano, en un país mucho más poblado y topográficamente complejo que Libia.

 

Rusia y China, además, han hecho patente en el Consejo de Seguridad de la ONU su rechazo frontal a asumir resoluciones como la que permitió atacar a Gadafi. Y Estados Unidos quiere evitar darles fundamento a las acusaciones del régimen sirio, en el sentido de que es la verdadera fuente de la agitación opositora.

 

Por eso el lunes 15, tras considerar que la actuación siria es “aborrecible y repulsiva”, la secretaria de Estado de Washington, Hillary Clinton, pidió a otras naciones imponerle a Siria sanciones económicas y diplomáticas similares a las que Estados Unidos ha establecido, dejar de comprarle gas y petróleo, así como de venderle armas.

 

EU prefiere permitir que los actores regionales tomen el liderazgo de la ofensiva diplomática contra los Assad. Y es así que el de la OLP es el último de una serie de gestos de rechazo a la represión efectuados por actores internacionales en los primeros días de agosto, que marcan el creciente aislamiento del régimen de los Assad.

 

Primero alzó la voz Arabia Saudí, una monarquía que no sólo combatió a sus propios disidentes, sino que intervino militarmente en el pequeño Bahrein para aplastar la rebelión de la mayoría chiíta contra sus emires sunitas, y que además expresó su apoyo al hoy derrocado presidente egipcio Hosni Mubarak y le brindó refugio al de Túnez, Zine el Abidine ben Ali.

 

El 7 de agosto, el conservador rey saudí Abdullah demandó “reformas veloces y amplias” que “no sean sólo promesas”, ya que Siria no tiene más que dos opciones: “O escoge la sabiduría o se desploma a las profundidades del caos y la pérdida”. De inmediato, Arabia Saudí, Kuwait y Bahrein retiraron a sus embajadores en Damasco, siguiendo los pasos que ya había dado Qatar en julio.

 

Dos días más tarde, vino el turno de Turquía, una potencia regional emergente que sostiene una política de “cero problemas” con sus vecinos, y que comparte con Siria una delicada frontera. Rompiendo con el principio de no intervención que él mismo ha implementado, el ministro turco de Exteriores, Ajmet Davotoglu, visitó Damasco para decirle a Bachar al Assad que a su país se le había acabado la paciencia y pedirle que haga retornar a los soldados a sus cuarteles.

 

Incluso Hasán Nasrallah, el líder de Hezbolá –considerado dependiente de Irán y de Siria–, le ha pedido a Al Assad que atienda las demandas de la población, según reveló Masoud Adrisi, exembajador iraní en Líbano.

 

El papel de Irán parece fundamental en esta crisis. Hasta el momento, el ayatolá Alí Jameneí, líder supremo (jefe de Estado) de ese país, ha brindado apoyo a Damasco. Los observadores han detectado, sin embargo, signos de que no se trata de un compromiso total. Mencionan, por ejemplo, que los medios iraníes que al principio sólo hablaban de los manfiestantes para asegurar que eran manipulados por las potencias occidentales, ahora reportan que las fuerzas de seguridad sirias han estado disparando contra la multitud y citan a defensores de derechos humanos que denuncian ataques contra civiles desarmados.

 

Unod es estos observadores es el analista internacional iraní-israelí Meir Javedanfar, quien en un artículo de opinión publicado el 13 de agosto en internet, advirtió que, aunque Jameneí es un amigo del presidente sirio, “él no se va a hundir con el barco de Assad. En el momento en que el líder iraní se dé cuenta de que Assad no tiene salvación, lo va a abandonar”. Esto se debe, continúa el autor, “a que es cierto que el régimen iraní es extremista: es extremista de su propio bienestar. Para Jameneí, no hay nada más sagrado que esto. Está dispuesto a sacrificar cualquier cosa que signifique un riesgo para él, incluido al propio Bachar al Assad”.

 

ESCENARIOS

 

Aunque es difícil anticipar cómo y cuándo caerá el régimen sirio, o si lo va a hacer, hay quienes lo consideran probable, como Jaitam Malej, un prominente defensor de los derechos humanos de 80 años de edad, que ha sido encarcelado varias veces por las autoridades sirias (la última ocasión en 2009 y fue liberado el 8 de marzo de 2011), y que se encuentra actualmente de visita en Londres.

 

Los problemas económicos, el agotamiento de las fuerzas de seguridad y la determinación de los manifestantes son, según él, los factores que llevarán a la caída del régimen. Ante ella, Malej prevé tres posibles escenarios:

 

Una revuelta del sector “normal” del ejército, es decir, el que tiene un carácter institucional y no está destinado, como el “otro” sector, a servir de guardia pretoriana de los Assad. Malej cree que hay altos oficiales del sector “normal” que desearían acabar con el baño de sangre y buscar la salida del presidente y su familia.

 

Una segunda opción es que la presión internacional consiga que Assad ceda el poder al vicepresidente Farouk al Sharaa, quien se encargaría de formar un nuevo consejo de gobierno que integre a la oposición.

 

La última “es muy peligrosa”, advierte Malej, pues “hay muchas armas en Siria y si la situación sigue degradándose, la gente se va a enfrentar y tendremos una guerra civil. No la necesitamos”.

 

 

A year on the road and a birthyear with the Sun

Dear friends:

Last March 2 it was a year since I flew out of Mexico and started this second round-the-world trip. I’m in Nairobi now, which has trapped me just as it did back in 2005. And, as I decided that I will turn 40 once and only once (not tempted to repeat), I won’t have a birthday, but a birthyear with the Sun. Therefore, I’m also starting here a series of celebrations which should follow the fireball in the sky: from South to North as the Boreal Summer approaches and the Austral one heads off, and from East to West as the light chases away the darkness.

In this year I have seen things that have made me feel ever more amazed about our world, its nature and its peoples.

First of all, I watched in big close-up the Iranian Green Revolution. It was a unique chance to witness the bravery, generousity and glamour of a wonderful people rebelling against the military-religious dictatorship that rules them. If it was only for this experience, the whole trip is worth it. As long as the authoritarian regime is in place, I won’t be welcome back in Iran, which makes me very sad. But I believe in the Iranians and trust that they will get rid of that fanatic, corrupt cast of pious cheaters, liars and killers. I wrote a book on what I saw and heard, which shall be on sale in Spain (a little later in Mexico and Argentina) by mid-April. It’s title is “La ola verde. Crónica de una revolución espontánea” and it will be published in Barcelona by Los Libros del Lince. It’s in Spanish, of course, and though you can dismiss the possibility that some foreign publisher would like to acquire it and translate it into English, this is not very likely. As one English writer puts it, “we English native speakers stopped reading foreign language authors since Voltaire was alive”. Hope dies last, of course, so we’ll see.

I’ve also seen the pledge of the Uyghur people from Kashgar, pushed far from their homes as the Old City, a crucial stage on the Silk Road, was being bulldozed by the Chinese government to build huge appartment blocks in its place. I saw huge Buddhas in the Mogao caves and six-hundred metres sand dunes nearby, in Dunhuang. I crossed the snowed Pamirs and the Tian Shan, now in Kyrgyzstan, where my belongings ended in some thieves’ hands. Then, in Uzbekistan, I went to the now-defunct Aral Sea, where ship corpses strangely lie on the sand in the middle of the desert.

Iran was the highlight. But I was almost caught by the police commiting journalistic crimes and had to escape to Armenia, where I made a detour to Nagorno-Karabakh and the occupied, utterly destroyed Azeri city of Aghdam. In Georgia, I went up to Kazbegi, a wonder in the Greater Caucasus, in Georgia. Then I took a little holiday. Sort of, because I went to Barcelona to write the book, but my dear Catalina and many other friends, old and new, made me feel the most welcome.

Back on the road, I went to the Turkish Kurdistan and then to one of the most amazing cities on Earth, Istanbul, where I was also warmly received. In fact, this part of the trip makes a big contrast with the Central Asian one, which was tough for many reasons, being the main one a deep feeling of isolation. Now, and for months, I’ve met lovely people in almost every place. Like Beirut, Damascus, Aleppo, Nicosia, Tel Aviv, Accre, Jerusalem, Ramallah… and Mama Africa: it was a coming back home. Uganda, Congo (with it’s volcanic eruptions, an eclipse, gorillas), Ruanda, Uganda again… and now Kenya.

So here I am, reporting on a year on the road… and inviting everyone to join me in this birthyear with the sun…

No time for siesta. Life is fiesta!!!

The celebrations actually started in Kampala’s Backpackers on New Year’s Eve and following weeks, with Sean, Adam, Kate, Clare, The Prince Formerly Known as Frankie, Andy, Rafa, Peter, Rachel and so many more! Nakasero nights, Kololo nights… Kabalagala nights and mornings! What a start!

And then Nairobi, with Laura, Melanie, Waireri, Sheila, Waringa, Cynthia, Peaches, David, Ben, David “Hacienda”, Wendy “Paloma”, “Rodríguez” and again, Adam, who took a few days off to celebrate with me in Westlands, Langata, Hurlingham and… well, not yet, but Madhouse should appear at some point.

What next?

Well, be aware: A party! Coming soon to a venue near you!

Next in line are:
Following the Sun from South to North: up to Cairo, by mid-March; Tel Aviv, late this month; and Istanbul, late April.

Then, from East to West: Barcelona, late May; Madrid, in June; and Mexico City!!! in… well, all this is temptative, so let’s say August.

The celebrations will have covered, by then, 8 cities in four continents.

Naturally, Mexico City’s celebrations should be rather quiet, my body will be quite diminished after all this, and well, it’s 40… but I paid everything I owed and was punished for every sin in the deserts of Central Asia and Iran, this is my only 40th birthyear, and that’s my beloved city!

(And the celebrations threaten to connect with the 200th anniversary of Mexico’s independence, in September… dammit!)

So, as you see, I’m not as serious as you no doubt thought I was. And you are welcome to be as unserious as you can in any, or all, of these fiestas!

Happy bithyear!

Con amor, Témoris

A year on the road

Today, March 2, but one year ago, I flew from Mexico to China and started this second round-the-world trip. I crossed Asia from East to West following the Silk Road, perceived the growing anger in China’s Uyghur inhabitants, resisted repeated police abuse in Kyrgyzstan, climbed ships stranded on dunes in the dissapeared Aral sea in Uzbekistan, witnessed a Green Revolution in Iran, sneaked into a closed military zone in a thoroughly destroyed city in Nagorno-Karabakh, survived a car race on a narrow mountain road in the Greater Caucasus, wrote a book in Barcelona, talked to a former Kurdish fighter in Turkey, got a Muslim name in Şanlıurfa (just the name), attended Friday noon prayers in Damascus’ Umayyad mosque, listened to foreign female domestic workers who had been enslaved in Lebanon, enjoyed tea with Bedouins in Palmyra, walked the ghostly buffer zone in Cyprus, sensed the hopeless hatred in Jerusalem, interviewed Palestinian hiphoppers in Ramallah, got lost in Petra, watched a solar eclipse and a volcanic eruption, and met great men and gorillas in the Heart of Darkness (Congo), felt the sadness of the genocide in Rwanda, spoke to a pious Christian pastor who wants to kill gay people in Uganda, and came to Kenya to visit old friends.

12 months on the road…

Mohammed Tariq goes to the mosque

Did I mention that my Turkish and Kurdish friends from Sanliurfa gave a me a Muslim name? (My third one, after the original and the Chinese ones.)

So today I took my Mohammed Tariq personality and found some room among the faithful to attend Friday noon prayers at Damascus’ Umayyad mosque, the holiest in the Islamic world apart from those in Mecca and Medina (where the kafirs –infidels– are not allowed to come). It’s one of the most beautiful I’ve seen and, definitely, the one where I feel most welcome and relaxed.