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Palestina-Israel: cuando los extremos se tocan

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 21-oct-2011) La liberación del soldado israelí de 25 años Gilad Shalit, el martes 18, después de sufrir un secuestro de cinco años y cuatro meses a cargo de la milicia islamista palestina Hamás, y de … Continue reading

Palestina. A merced del enemigo

Por Témoris Grecko / Burin, Cisjordania (publicado en Proceso, 2 de octubre de 2011)

 

El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, tiene claro que las exigencias que ponen los palestinos (que se detenga la construcción israelí en los territorios internacionalmente reconocidos como palestinos) como condición para dialogar, es complicar las cosas innecesariamente. “Estoy dispuesto a negociar en cualquier lugar, en cualquier momento, sin precondiciones, sólo hay que hacerlo”, dijo el lunes 26 en una entrevista en PBS, el canal de la televisión pública de Estados Unidos.

 

Ese mismo día, sin embargo, en Jerusalén se anunció que había sido aprobada la construcción de 1,100 nuevas viviendas en el asentamiento suburbano de Gilo, en suelo de Cisjordania. Gilo es parte de un anillo de colonias israelíes con las que se está rodeando Jerusalén Este (la parte de la ciudad que los palestinos quieren convertir en capital de su futuro Estado) para hacer imposible en la práctica su devolución a los árabes.

 

“Es como si un hombre te tuerce el brazo, tú le exiges que te suelte antes de hablar, él te replica que estás haciendo más difìciles las cosas y te aprieta más”, dice Haitham Khatib, un documentalista palestino de 35 años que forma parte de una patrulla civil que registra en video los ataques de colonos israelíes contra campesinos y aldeas palestinos.

 

El problema de los asentamientos israelíes en Jerusalén Este y Cisjordania se ha convertido en el obstáculo principal para que tenga lugar un acercamiento entre las partes en conflicto. Entre 1993, año en que se firmaron los acuerdos de Oslo que deberían conducir a un Estado palestino, y 2009, la población israelí en los territorios donde éste se debería crear se duplicó. En Jerusalén Este, creció de 152 mil a 192 mil personas; en el resto de Cisjordania, pasó de 111 mil a 304 mil (según datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel y de la Fundación para la Paz en Medio Oriente).

 

La molestia con los asentamientos no se origina sólo en que muchos de ellos se han levantado en tierras públicas y privadas de palestinos, apoderándose de las fuentes de agua, extendiendo carreteras exclusivas que fraccionan Cisjordania y creando un sistema de seguridad con muros y puntos de control militar que cercenan la capacidad de movimiento de la gente. También se debe a que desde varios de ellos se sostienen campañas de acoso contra palestinos, en un esfuerzo por forzarlos a abandonar sus casas y aceptar la extensión de las colonias y la creación de otras nuevas.

 

SÍ MATARÁS

 

El peligro que representan los colonos israelíes extremistas no es desconocido para Israel. El servicio secreto de ese país, el Shin Bet, ha emitido varias alertas sobre su capacidad de desestabilizar Cisjordania mediante ataques contra palestinos que generan un ambiente de confrontación y podrían provocar un alzamiento. La última de ellas se refirió específicamente a la yeshiva (centro de estudios religiosos) Od Yosef Hai de la colonia de Yizhar (norte de Cisjordania), cuyo rabino principal, Yitzak Shapira, enseña que el asesinato de goyim (no judíos) es moral y legítimo.

 

En su libro “La Torá del Rey: Leyes de vida y muerte entre Israel y las naciones”, publicado en 2009 en coautoría con el rabino Yosef Elitzur, Shapira explica que el mandamiento de “no matarás” sólo es válido entre judíos, en tanto que los no judíos “por naturaleza carecen de compasión” y por lo tanto, es moral atacarlos a ellos y a sus niños, quienes, dice el teólogo, “crecerán para dañarnos”. En 2006, pidió que todos los palestinos mayores de 13 años fueran eliminados o expulsados de los territorios ocupados, y en 2008, expuso su propia versión de la doctrina de la “guerra preventiva”: “Que cada quien imagine lo que el enemigo está planeando hacer contra nosotros y lleve a cabo una represalia proporcionada”.

 

El martes 27, la prensa israelí anunció que el Shin Bet detectó que en la yeshiva se incita a los estudiantes a llevar a cabo ataques contra palestinos y pidió que se suspendiera el financiamiento público que recibe de los ministerios de Educación (1 millón 315 mil shekels, equivalentes a 355 mil dólares, en 2009) y de Asuntos Sociales (863 mil shekels o 233 mil dólares, en ese mismo año). El servicio secreto presentó la solicitud a finales de agosto, pero según el diario Haaretz, después de varias reuniones con los funcionarios ministeriales, el Shin Bet no había recibido respuesta, mientras que la yeshiva preparaba ya una demanda judicial en caso de que dejara de recibir dinero del Estado.

 

Entre los colonos israelíes existe una diversidad de posturas ante el conflicto: algunos sectores proponen que, en caso de que sea creado un Estado palestino, se retorne a Israel, o que se permanezca ahí como israelíes que aceptan la autoridad de un gobierno palestino, o incluso que se adopte la nacionalidad palestina, como ya han hecho grupos de judíos en la ciudad de Nablus.

 

Son minoritarios, sin embargo, y una mayoría preferiría que Israel o bien se anexara los asentamientos o bien la totalidad de los territorios palestinos. Esta última es la postura de los extremistas, entre quienes es popular la llamada “política de la etiqueta de precio” (price tag policy).

 

POBLACIÓN VULNERABLE

 

Se trata de una campaña que lanzaron en abril de 2008, cuando el ejército desalojó a un grupo de israelíes radicales de una casa palestina que habían ocupado en la ciudad cisjordana de Hebrón. En principio, la idea era cobrarse los actos gubernamentales en contra de los asentamientos israelíes con represalias sobre personas y propiedades palestinas, aunque no tuvieran ninguna relación con el agravio recibido.

 

En enero de 2010, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios -Territorios Palestinos Ocupados, estimó que 250 mil palestinos en 83 comunidades de Cisjordania tenían una vulnerabilidad “alta o moderada” a la violencia de los colonos israelíes. De esa cantidad, 75,900 estaban concentrados en 22 comunidades altamente vulnerables.

 

El órgano identificó intersecciones y tramos carreteros especialmente riesgosos, incluidos los caminos en los alrededores de la ciudad de Nablus que usan tanto palestinos como israelíes, así como las autovías de Wadi Kana, Qalqilia-Nablus, Gush Etzion, Bat Ayin y la de las colinas del sur de Hebrón.

 

Los asentamientos israelíes donde existe un riesgo especial de dar origen a agresiones, de acuerdo con la mencionada Oficina de la ONU, son: Yitzhar (el del rabino Shapira), Itamar, Havat Gilad, Kedumim, Ma’aleh Levona, Shilo, Adei Ad, Nokdim, Bat Ayin, Neguhot, Kiryat Arba, Beit Haggai, Karmel y Sussia.

 

Los acuerdos de Oslo dividieron Cisjordania en tres áreas: la A, un 19% del territorio, donde la Autoridad Nacional Palestina (embrión de un gobierno palestino) se encarga de la administración y la seguridad; la B (21%), donde los palestinos administran y los israelíes controlan; y la C (60%), bajo administración y control israelí. Es aquí donde los colonos han encontrado mayor libertad para construir asentamientos y donde la población palestina depende exclusivamente del ejército israelí para su protección, pues la policía palestina tiene prohibido ingresar.

 

Naciones Unidas, a través de ese órgano, señaló que “la principal preocupación es la frecuente omisión de las fuerzas de seguridad israelíes de intervenir y detener los ataques de los colonos, incluida la omisión de arrestar a colonos sospechosos en el lugar y momento. Entre las principales razones de estas omisiones está el mensaje ambiguo que han dado el gobierno de Israel y la cúpula del ejército a las fuerzas de seguridades en el campo, con respecto a su autoridad y responsabilidad de aplicar la ley sobre los colonos israelíes”.

 

Mezquitas, escuelas, cementerios, casas y coches palestinos han sido quemados o destruidos por colonos. El golpe más eficaz, sin embargo, es la destrucción sistemática de las plantaciones de árboles de olivo y almendra, algunos de 150 y más años, de los palestinos, la matanza de sus ovejas y el evenenamiento de sus pozos de agua: el daño económico los desincentiva a permanecer en el lugar y además se limpia territorio que eventualmente puede ser ocupado por los asentamientos.

 

PARA NO MORIR EN SILENCIO

 

Las poblaciones palestinas y las colonias israelíes se alternan en el norte de Cisjordania: en este territorio de cerros y hondonadas, las primeras se extienden en las partes bajas y las segundas, estratégicamente, en las cimas. La forma más fácil de reconocer si lo que se ve es un bloque de edificios israelí o palestino, tanto en las zonas rurales como en Jerusalén Este, es mirar las azoteas: si están llenas de negros tanques de agua, son árabes. La provisión del líquido entubado es constante para los israelíes e irregular para los palestinos, que por lo tanto deben almacenarlo.

 

Lo mismo ocurre con la agricultura: en los campos israelíes se advierten sistemas de riego que sus vecinos sólo pueden envidiar. El control del agua es clave para sobrevivir en el árido Levante.

 

En la aldea de Burin, cerca de Nablus, abundan los tanques de agua. Hay una pequeña estación de bomberos, desde la que, arriba y al frente, en la cumbre de una colina, se ve un extremo del asentamiento israelí de Yizhar, el del rabino Shapira. Está del otro lado de una carretera controlada por el ejército. Haitham Khatib, el documentalista, muestra en su cámara un video tomado semanas atrás, en ese mismo sitio, en el que colonos israelíes convierten los árboles de olivo en hogueras.

 

Extiende la mano para señalar el daño, aproximadamente a un kilómetro de distancia: “Tardaríamos cinco minutos en llegar con el carro y apagar el fuego”, asegura, “pero no podemos porque, para pasar la carretera, necesitamos pedirles permiso a las autoridades militares. Si no, se considerará justificado que los colonos disparen sobre nosotros”.

 

Khatib tiene un par de meses para terminar su segunda película, “Najah”, sobre la aldea en conflicto de Bil’in, pero no tiene tiempo desde que, el 18 de septiembre, se formó la patrulla civil “Negándonos a morir en silencio”: la policía palestina no puede defender a sus compatriotas y una respuesta violenta a las agresiones sería contraproducente, pero el objetivo de este grupo es documentar visualmente los ataques para demostrar qué es lo que ocurre. Tiene cuatro coches, que funcionan las 24 horas, para movilizarse rápidamente, aunque todavía le hace falta darse a conocer y conseguir que la gente llame cuando ocurre algo.

 

El viernes 23, Khatib y sus compañeros llegaron a la aldea de Qusra después de que un enfrentamiento–el último de una larga serie—se saldó con un muerto (Issam Kamel Abid Badran Odeh, padre de siete niños) a manos del ejército, y dos heridos, Fatih Faiz y Amar Masameer, de 15 años.

 

Harriet Sherwood, del diario británico The Guardian, estaba ahí cuando unos 15 colonos bajaron a campos palestinos con banderas israelíes, la gente de Qusra fue a detenerlos, el ejército llegó, “empezó a tirar gas lacrimógeno antes de que empezaran a lanzar piedras”, disparó contra los palestinos e hirió a Odeh en el cuello. “Los militares dijeron que había habido un ‘motín violento’”, explica la reportera, “en el que los palestinos aventaron piedras contra personal de seguridad que, durante el motín, utilizó medios de dispersión de motines y eventualmente, fuego real. Lo que yo atestigüé, sin embargo, fue que la dispersión del motín llegó antes del propio motín”.

 

Por su parte, Khatib sólo pudo documentar la muerte de un joven y el estado de los heridos. “La seguridad de esa gente está en manos de sus enemigos”, denuncia. “En el hospital de Nablus, Fatih me explicó que a él y a su amigo los capturaron los soldados después de haber herido a Issam. Cuando estaban vendados de los ojos y atados de manos, los colonos pidieron permiso de golpear a los detenidos. Lo consiguieron. Les dieron patadas y les lanzaron piedras. Uno levantó una roca y la azotó contra el rostro de Fatih. Le reventó la frente”.

 

 

Mahmoud Abbas, el líder que quiere llevar la “primavera árabe” a Palestina

Por Témoris Grecko / Ramala (publicado en el suplemento Enfoques, del diario La Nación, 2 de octubre de 2011)

 

Si Ramala (sede de la Autoridad Nacional Palestina, ANP) hubiera sido Roma, a Mahmoud Abbas, presidente de la ANP, lo habrían recibido a su retorno de Nueva York, el domingo 25, con un arco del triunfo, como a los césares y grandes generales cuando regresaban victoriosos tras largas campañas.

 

Abbas no tenía glorias qué mostrar. No había derrotado a nadie ni conseguido algo que pudiera ser concreto, tangible o, por lo menos, seguro de obtener en un futuro cercano. La multitud que se agolpaba en el complejo gubernamental de La Mukata, sin embargo, se encontraba extasiada por lo que su líder dijo en la ONU, por enunciar sus más sentidas demandas y por un “¡basta, basta, basta!” que representó el sentir de este pueblo harto de un proceso de paz que, a 20 años de iniciado, parece ahora más extraviado que nunca.

 

Y también porque, hasta hace sólo unas semanas, los palestinos se sentían no representados, sujetos a una administración corrompida y represiva que además de todo es ilegal, jefaturada por un hombre a quien consideraban sumiso ante los israelíes y los estadounidenses.

 

Y ese hombre era el mismo Mahmoud Abbas.

 

FANTASMAS DEL PASADO

 

Abbas les dijo que iniciaba una “primavera palestina”. En tiempos en que sus primos de los países vecinos enfrentan y derriban dictadores y sistemas opresivos en lo que se ha llamado “primavera árabe”, los palestinos sentían que se quedaban estancados en un conflicto interminable que empezó antes de que naciera la inmensa mayoría de ellos.

 

El presidente, deslegitimado y carente de credibilidad hasta hace unos cuantos días, ahora fortalecido y en el clímax de su popularidad, es uno de los que vivió antes de la “nakba”, una palabra que en árabe significa “catástrofe” y se refiere al periodo en el que 700 mil árabes fueron expulsados de sus hogares y tierras en 1948-49 para dar lugar a la creación del Estado de Israel.

 

Abbas nació en el seno de una familia musulmana acomodada el 26 de marzo de 1935, en el pueblo de Safat (el nombre hebreo actual es Safed), en Galilea, una región que entonces era parte del Mandato Británico de Palestina y ahora es el norte de Israel. Vivían en el techo de una tienda en el borde del mercado mayorista de la población, donde vendían sacos de semillas de girasol, conservas en lata y vegetales por libra. La fuente principal de ingresos de su padre, sin embargo, era la leche de las ovejas que tenían en la aldea de Zingariya (hoy Moshav Elifelet), del que se producía el famoso queso de Safed, solicitado lo mismo en la cercana ciudad de Haifa como en la lejana Jerusalén.

 

Era una época de tensiones interétnicas y los jóvenes de la mayoría árabe lanzaban piedras contra los judíos. Abbas era demasiado joven y no fue agresivo, según el testimonio que uno de sus contemporáneos judíos, Aryeh Bandareli, cuyo padre vendía al mayoreo el queso que hacían los Abbas, dio al periódico Haaretz.

 

En la noche del 7 al 8 de mayo de 1948, cuando Abbas acababa de cumplir 13 años, un ataque judío contra Safat provocó pánico en la población árabe. Bandareli vio las columnas de civiles escapar por una cañada desértica, como “una flecha de hormigas”.

 

No se conoce que Abbas haya escrito algo sobre las emociones que imprimió en él este evento, pero Bandareli recuerda que 12 años más tarde, un comerciante árabe de Haifa, amigo de la familia, llamó para transmitir los atentos saludos “del señor Mahmoud Abbas”. Tras otros veinticinco años, invitaría al propio Aryeh a visitarlo “a mi cargo” en Túnez o en Londres, pero Bandareli no encontró la oportunidad.

 

Abbas también mantuvo la amistad Menahem Margalit, una vecina judía de Safat siete años mayor que él, que lo alojó en su casa de Haifa cuando el palestino la visitó en 1999.

 

Los Abbas escaparon a Siria, donde el padre reconstruyó la fortuna familiar y Mahmoud pudo hacer los estudios secundarios y se graduó de abogado, en la Universidad de Damasco. Continuó más adelante con un posgrado en Egipto y culminó con un doctorado en la Universidad Patricio Lumumba, de Moscú.

 

En los 50 se mudó al pequeño emirato de Qatar, en el Golfo Pérsico, donde trabajó como director de personal del servicio civil y se casó con otra refugiada de Safat, Amina, con quien tuvo tres hijos, Mazén, Yasir y Tarqo. Fue ahí que Yasir Arafat lo invitó en 1961 a adherirse a su partido Fatah, creado dos años antes, y en 1965 formaron juntos la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), una federación de grupos nacionalistas e izquierdistas.

 

A partir de entonces y hasta la muerte de Arafat, Abbas fue su lugarteniente, una posición que se confirmó de manera no oficial cuando fue designado secretario general de Consejo Nacional Palestino, en 1996. Actuando en la clandestinidad bajo el seudónimo de Abu Mazén (que significa padre de Mazén, el mayor de sus hijos, que murió a los 42 años de un ataque al corazón en 2002), y por lo regular manteniendo un perfil discreto, Abbas creó una red de contactos con líderes políticos y jefes de inteligencia de varios países, lo que le permitió fungir eficazmente como diplomático en jefe de la OLP y recaudador financiero.

 

Esta cercanía con Arafat ha dado pie a que algunos israelíes denuncien su pasado “terrorista”. La tesis doctoral que escribió en Moscú en 1983 contribuye a generar animosidad en su contra: en “El otro lado: Las relaciones secretas entre el nazismo y los líderes del movimiento sionista”, escribió que “el número de víctimas judías en la guerra pudo haber sido seis millones, pero también pudo haber sido menor, tal vez ni siquiera un millón. El debate sobre el número de víctimas, sin embargo, no disminuye la atrocidad del crimen que fue perpetrado contra el pueblo judío”. Más importante es que Mohammed Daoud Oudeh, el cerebro de la operación en la que un comando palestino asesinó a once atletas israelíes, en las Olimpiadas de Múnich, en 1972, dijo que Abbas había provisto el financiamiento.

 

MODERADO ENTRE HALCONES

 

Los líderes palestinos e israelíes de la generación de Mahmoud Abbas (nació en 1935) tienen todos un pasado sangriento. Entre tantos ejemplos, dos recibieron el premio Nobel de la Paz: Arafat en 1994, a pesar de que llevó a cabo una infinidad de operaciones militares y terroristas, como la de Múnich; y el exprimer ministro de Israel, Menahem Begin, en 1978, quien en su carrera belicista puso una bomba en el hotel Rey David de Jerusalén y mató a 91 británicos en 1946.

 

Sobre Abbás, sin embargo, no pesan acusaciones directas sólidas. Aunque Mohammed Daoud Oudeh lo identificó como el financiador, también dijo que Abbas no tenía conocimiento de la operación contra los deportistas. Sobre las denuncias de que es un negador del holocausto, él replica que citó a un autor, Raul Hilberg, que daba cifras de víctimas menores que las oficialmente aceptadas, pero no cuestiona que el genocidio haya tenido lugar.

 

Sus actividades a lo largo de varias décadas le crearon un perfil de moderación. Aparentemente, sus relaciones con Arafat eran pragmáticas, no fraternas, y en varios momentos pasaron periodos de años sin hablarse. En los años 60 y 70, se distanció de las actividades terroristas de la OLP y prefirió permanecer en Siria cuando Arafat trasladó la sede de la organización a Líbano. Fue uno de los primeros dirigentes palestinos en promover el reconocimiento del Estado de Israel.

 

Su red de contactos incluía a izquierdistas y pacifistas israelíes, con quienes se empezó a reunir en 1983 y a tramar el proceso de paz que daría inicio en Madrid, en 1991 y se plasmaría en los acuerdos de Oslo, en 1993. Eso permitió la creación de la ANP como administradora de Gaza y de un 19% de Cisjordania, y que sería el embrión del Estado palestino que debería surgir al completarse las negociaciones de paz.

 

Sus contrapartes israelíes destacan las maneras corteses de Mahmoud Abbas, y mencionan que no es alguien que entre en confrontaciones y azote puertas. Su reacción típica ante peleas serias es retirarse honorablemente y distanciarse con tranquilidad. En 1994, cuando los israelíes Yitzhak Rabin y Shimon Peres, y el palestino Arafat recibieron el Premio Nobel de la Paz, Abbas se quejó ante el embajador noruego porque él no fue considerado: “Después de todo, yo soy la contraparte de Peres”, argumentó.

 

Uno de sus interlocutores (aunque no su amigo), a partir de 1993, fue Yossi Beilin, viceministro israelí de Exteriores, quien descubrió que Abbas pensaba que entendía muy bien cómo funcionaba la sociedad israelí e imaginaba que los mizrahim (judíos con origen en Medio Oriente) podrían convertirse en un puente para hacer la paz con los palestinos, estableciendo con ellos una alianza de los oprimidos contra la cúpula dominante ashkenazi (judíos con origen en Europa del Este). La derechización gradual de la sociedad israelí en su conjunto, sin embargo, lo ha hecho abandonar esta idea.

 

En 1995, Abbas y Beilin llevaron a cabo una iniciativa propia, independiente de sus respectivos jefes, y presentaron un plan para un arreglo definitivo de paz que preveía el establecimiento de un Estado palestino en casi la totalidad de Cisjordania y Gaza, con acuerdos especiales para compartir Jerusalén. El proyecto, conocido como el “plan Beilin-Abu Mazén”, fue por algunos años algo así como un borrador para los esfuerzos de conciliación.

 

SUSCESOR DE ARAFAT

 

Pragmático y conciliador, Abbas se ganó el reconocimiento de estadounidenses e israelíes, que forzaron su ascenso a primer ministro de la ANP, el 19 de marzo de 2003, para que fungiera como contrapeso para el entonces presidente Arafat, con quien se negaban a tratar. Los dos dirigentes iniciaron entonces una intensa pugna por el poder, que condujo a que Abbas renunciara al puesto tras menos de medio año de ocuparlo, el 6 de septiembre. Los palestinos se encontraban en plena segunda intifada (insurrección), que había empezado en 2000 y a cuya violencia se había opuesto públicamente Abbas.

 

No le quedaba mucho tiempo de vida a Arafat, sin embargo. Cayó en coma en octubre de 2004 y falleció el 11 de noviembre, en circunstancias confusas que dieron lugar a muchas especulaciones: desde que padecía sida hasta que se trató de un asesinato, probablemente llevado a cabo por el Mossad, el servicio secreto israelí. Esta versión fue reforzada el 17 de enero de 2011, cuando el servicio en inglés de Radio Israel difudió declaraciones de un antiguo oficial palestino de inteligencia, Fahmi Shabana, quien participó en la investigación sobre la muerte del líder en 2004 y afirmó que había sido envenenado con polonio.

 

Shabana llamó a las autoridades palestinas a reabrir el caso, pero no tuvo respuesta.

 

Dos semanas después de la muerte de Arafat, el partido Fatah declaró a Abbas candidato para la elección presidencial que tuvo lugar el 9 de enero de 2005. En diciembre, durante su campaña (que tuvo el 94% de la cobertura en televisión, contra un 6% conjunto para los demás aspirantes) el líder pidió el fin de la intifada porque “el uso de las armas ha causado mucho daño y debería terminar”. Ganó con el 62% de la votación.

 

Para perder casi de inmediato: en enero de 2006, los comicios legislativos le dieron la victoria a Hamas, una organización islamista vinculada a Siria e Irán, y que pide la destrucción del Estado de Israel. Abbas le exigió el reconocimiento de Israel y tuvo relaciones muy conflictivas con ese partido hasta que destituyó al primer ministro Ismail Haniyeh, elegido por Hamas, y lo reemplazo con Salam Fayyad, un economista de la Universidad de Texas en Austin. Los islamistas respondieron con ataques que expulsar a Fatah de Gaza y crearon allí una administración paralela y autoritaria, bajo el mando de Haniyeh.

 

ARRIBO A LA POPULARIDAD

 

Mahmoud Abbas llegó a 2011 con una reputación erosionada. Su primer ministro Fayyad dedicó su tiempo con éxito a “construir instituciones”, pero lo que los palestinos veían era a un presidente incapaz de imponerse sobre Hamas, que utilizaba a la policía palestina para reprimir a opositores propios y de Israel, y que inclinaba la cabeza ante Washington y Tel Aviv sin poder conseguir nada a cambio.

 

Pidió confiar en Barack Obama, pero los esfuerzos del mandatario estadounidense por conseguir que Israel dejara de construir asentamientos ilegales en los territorios que, para alcanzar la paz que todos dicen desear, deberá devolver, fueron respondidos con arrogancia.

 

Lo peor es que se trata de un presidente ilegal. El hecho de que anuncie una “primavera palestina” puede ser un boomerang, porque los árabes se han alzado contra gobernantes sin legitimidad, y él lo es: su mandato terminó en enero de 2009 y él ha insistido en seguir al frente sin nuevas elecciones, con respaldo de Estados Unidos e Israel, por el peligro de que Hamas las gane y termine mandando también en Cisjordania.

 

Su jugada en la ONU, al reclamar el ingreso de su país y, por consecuencia, el reconocimiento de un Estado palestino, parece haber cambiado su suerte. “Nunca había recibido tanta presión como ahora”, dijo en referencia a los esfuerzos y las amenazas de estadounidenses, israelíes y europeos. Mientras más exigencias le hacían, y él más las resistía, su imagen estaba creciendo frente a su pueblo.

 

Hoy, sus opositores siguen allí. En Gaza, Hamas rompió televisores y arrestó a dueños de cafés donde se veía el discurso del viernes 23 en la ONU. En Ramala, jóvenes educados en el extranjero señalan las inconsistencias entre sus dichos de hoy y sus acciones pasadas.

 

Abbas se dirige a la mayoría menos politizada, no obstante. “A mí no me importaba la política”, dice Ahmad, un camarero de 18 años, “pero Abu Mazén les dijo a los líderes mundiales lo que nadie había dicho en nombre de los palestinos, me hizo sentir orgulloso”.

 

“Fui a las Naciones Unidas, portando sus esperanzas y sus aspiraciones, su sufrimiento y su visión del futuro, y su necesidad de un Estado palestino”, declaró Abbas en La Mukata, el domingo de su retorno. “La primavera palestina está aquí, una primavera de lucha pacífica que alcanzará sus objetivos. No hay duda de que somos fuertes y firmes,  ¡mantengan la frente en alto, palestinos!”

 

 

Palestina. El Estado prometido

Por Témoris Grecko / Ramala (Publicado en Proceso, 25/sep/2011)

La multitud que llenaba la Plaza del Reloj, en Ramala, el miércoles 21, se desbordó en entusiasmo cuando el secretario general de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Tayeb Abdelrahim, mencionó el nombre de su presidente, Mahmoud Abbas. El mandatario se encontraba en Nueva York, a 48 horas de dar un discurso ante la Asamblea General de la ONU y presentar la solicitud para admitir a Palestina como miembro de pleno derecho y, por lo tanto, obtener el reconocimiento del organismo internacional a un Estado palestino.

 

“¡Tenemos un nuevo (Yasir) Arafat!”, dijo Oumar al Malik, un abogado que acudió al evento en vestimenta tradicional árabe. “Habíamos olvidado lo que era no arrodillarnos frente a Estados Unidos”.

 

Sobre los palestinos pesaban todas las advertencias: congresistas estadounidenses amenazaron con cancelar los 470 millones de dólares anuales que su país entrega como ayuda a la ANP, y que equivalen al 12.5% de su presupuesto. El gobierno israelí amenazó con bloquear alrededor de 400 millones de dólares de impuestos aduaneros, que recauda en nombre de la ANP y con desconocer desconocer los acuerdos de Oslo, que permiten que la ANP administre un 19% de Cisjordania.

 

“El Estado de Israel firmó los acuerdos de Oslo con la Organización para la Liberación de Palestina, que creó la ANP”, recordó Danny Ayalon, viceministro israelí de Exteriores, a una conferencia de donantes en Viena el lunes 19. “Israel no tendrá absolutamente ninguna obligación hacia un así llamado Estado palestino”.

 

Avigdor Lieberman, el jefe de Ayalon, anticipaba desde agosto que la campaña de manifestaciones con la que los palestinos querían acompañar la petición antes la ONU, revelaba que planeaban causar “derramamiento de sangre como nunca antes hemos visto”. Y a manera de advertencia, el ejército filtró a la prensa un documento que mostraba las medidas de represión que estaba preparando para enfrentar las marchas árabes.

 

Los augurios del desastre no calaron entre los palestinos, que el martes 20 develaron en la plaza al Manara, en el centro de Ramala, una enorme silla azul con las banderas de Palestina y de la ONU, que representa el asiento que su país debería ocupar en la Asamblea General.

 

Están dispuestos a aguantar lo que venga. Una encuesta publicada el domingo 18 indica que un 84% de los palestinos apoya la solicitud ante la ONU, a pesar de que un 90% y un 87% creen que esto provocará “reacciones rigurosas” de Israel y de Estados Unidos, respectivamente.

 

PROBLEMA DE CONFIANZA

 

El presidente Barack Obama dijo, en un discurso en la ONU, el miércoles, que “no hay atajos para la paz” y que, por lo tanto, Abbas debería guardar su petición y sentarse a dialogar. El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, aseguró que los palestinos encontrarían en él a “un interlocutor confiable” para negociar. Y urgió a Abbas a reunirse con él allá mismo, en Nueva York.

 

Aquí se recuerda bien que, el 9 de marzo de 2010, Obama envió a su vicepresidente, Joe Biden, a Jerusalén para insistir en que, antes de iniciar conversaciones, Israel debía suspender la construcción de asentamientos en Cisjordania, la tierra que se supone que devolverá como parte de un eventual acuerdo. Mientras él viajaba, el gobierno israelí autorizó la construcción de 1,600 casas en el Este de Jerusalén, la parte de esa ciudad que los palestinos reclaman como capital. “Es precisamente el tipo de pasos que minan la confianza que necesitamos ahora”, dijo un frustrado Biden.

 

Los diplomáticos de la ANP se han quejado de que, para persuadirlos de olvidarse de la ONU, los estadounidenses les presentaron un proyecto de declaración que parecía una burla: no mencionaba los asentamientos israelíes ni el futuro de Jerusalén y de los refugiados, e incluía la exigencia de reconocer a Israel como Estado judío.

 

“¿Atajos para llegar a la paz? ¿Qué le pasa a ese señor? Llevamos 20 años en esto, desde que empezaron las conversaciones, y 18 años desde que se firmaron los acuerdos en Oslo”, dice Amr Abdel Nasr, un veterano miembro de Fatah, el principal partido palestino. “¿A dónde nos condujo todo esto? ¿Tenemos Estado, alguna forma de independencia? ¿Han dejado de construir asentamientos en nuestras tierras? Hace 20 años, había 100 mil colonos israelíes en Cisjordania. Ahora hay 500 mil. ¿Y nos dicen que buscamos atajos? Oslo fue una gran trampa en la que caímos para beneficio de Israel, y ahora nos están diciendo de nuevo que esperemos al diálogo. Como si esta vez sí quisieran ser serios”.

 

“No nos pueden pedir que sigamos creyendo, quieren que les tengamos fe a las piedras”, explicó en Ramala Tarek Yusuf Salah, alumno de derecho de la Universidad de Birzeit, la institución educativa palestina más importante.

 

JUGADA PERSONAL

 

En los días previos al discurso de Abbas, algunos observadores extranjeros especulaban si el mandatario cedería finalmente a las intensas presiones internacionales. “Haríamos kebab (una especie de alambre rostizado) con él”, bromeó el abogado Al Malik, en el mitin del miércoles. “¡Mira esta gente! Llevamos años de estancamiento, de aceptar migajas, de luchas intestinas… reivindicar nuestro derecho de sentarnos en la ONU, como nación igual a las demás naciones, nos ha dado esperanza y unidad”.

 

Un joven militante de Fatah, el partido del presidente Abbas, también está entusiasmado pero mantiene una postura crítica, por lo que prefiere reservar su nombre. “Hoy Abu Mazen (nombre de guerra de Abbas) es el hombre más popular de Cisjordania. Supo conseguirlo: siempre ha hecho lo que Washington o Israel han querido, y perdió toda la credibilidad, dejó de serles útil. Se sabe en el ocaso de su carrera y no quiere pasar a la historia como un títere. Nadie sabe muy bien de qué servirá entrar en la ONU, pero mientras más presión hacen Obama y Netanyahu, y más la resiste Abu Mazen, más crece su figura ante nosotros”.

 

La palestina es una sociedad dividida en multitud de organizaciones y sectas, y algunas de ellas han querido aprovechar la oportunidad para lanzar una insurrección general. Por ejemplo, en Qalandia (un punto de control israelí entre Jerusalén y Ramala, que recuerda la frontera Tijuana-San Diego: cuando uno viene de allá, pasa sin tener que mostrar nada; de regreso, hay que hacer colas y rogar que el oficial a cargo esté de buenas), jóvenes encapuchados hostigaron con piedras a los soldados israelíes, que respondieron con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento, balas de goma y un arma nueva, el “Scream”, que produce un sonido que causa desconcierto y nauseas, y afecta el equilibrio.

 

Parece un juego, pero un muchacho recibió una lata de gas en un ojo y tuvo que ser retirado en ambulancia. Aunque hubo más reportes de incidentes, no fueron mayores que los de una semana normal.

 

La gente está animada, pero su actitud no es beligerante y rechaza la idea de escalar el conflicto: “He pasado por dos intifadas”, afirmó Hisham Mahmoud, un trabajador de la administración local. “Murieron muchos palestinos e israelíes, la economía desapareció, hubo enorme sufrimiento. La paz no se consigue con violencia”.

 

PAGUE LA ETIQUETA

 

La ANP anunció que los actos quedarían restringidos a los centros urbanos y su policía dijo que se trataba de “manifestaciones festivas”, por lo que reprimiría las “que no sean festivas”.

 

Reportes de la prensa israelí indicaron que el ejército “no espera motines inminentes en Cisjordania”. Al dar cuenta de una reunión que tuvo lugar a la una de la mañana del miércoles, en el aeropuerto Ben Gurion, entre el primer ministro Binyamin Netanyahu (quien se disponía a volar a Nueva York para hablar ante la ONU) y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Israelíes de Defensa, general Benny Gantz, este último informó lo anterior, precisando que de todos modos sus tropas “están listas para cualquier eventualidad”.

 

Los medios no mencionaron si Gantz se refirió a otra posible fuente de violencia: los grupos extremistas entre los colonos israelíes, que sostienen lo que llaman “política de la etiqueta del precio” (“price tag policy”), mediante la cual manifiestan que cualquier agravio (el desmantelamiento de uno de sus puestos avanzados por el ejército israelí o un ataque palestino) causará represalias contra palestinos, políticos israelíes o el propio ejército, aunque se trate de gente sin relación con los hechos que provocaron su molestia.

 

Sólo en la primera mitad de septiembre, estos colonos quemaron varios miles de olivos propiedad de palestinos, incendiaron mezquitas, amenazaron a una conocida pacifista judía y causaron destrozos en una instalación militar. El 13 de septiembre, el diario Haaretz dio a conocer un informe del Shin Bet, el servicio de seguridad interna del Estado, en el que se advierte que colonos radicales estaban planeando atentados contra palestinos e izquierdistas israelíes, “lo que constituye una actividad terrorista”.

 

Tanto el gobierno como prominentes líderes del sionismo religioso han manifestado su rechazo a esa política. Los rabinos Aharon Lichtenstein, de 78 años, y Yaaqov Medan, de 61, difundieron un manifiesto el lunes 19 en el que aseguraban que “estos tipos han cruzado todas las líneas rojas” y pedían a los colonos denunciar a los perpetradores.

 

Sin embargo, gozan de tolerancia. El martes 20, en una visita al pueblo palestino de Qusra, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus, fue posible constatar los daños contra una céntrica mezquita que todavía mostraba graffiti (“Mahoma es un cerdo”) y daños causados por fuego, que provocaron “centenares” de colonos en un ataque registrado el viernes 16. Cuando el ejército llegó, las tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Los primeros siguieron arrojando piedras, según narraron los pobladores, pero cuando los árabes trataron de responder, los soldados les arrojaron gases lacrimógenos y dispararon balas de goma.

 

Las fotografías lo demuestran. Una de ellas es de un joven que había caído herido en un tobillo, que se veía destrozado. Un colono, sigue la versión, se acercó y golpeó la herida varias veces con el borde de una pala. El palestino perdió el pie.

 

MARCHA DE COLONOS

 

Los colonos se justifican en los ataques palestinos. En esta tierra, las historias de agravios mutuos no tienen fin. Toda nueva agresión se justifica en una recibida antes. En Itamar, un asentamiento del área, el alcalde Moshe Goldsmith mostró la casa donde infiltrados palestinos asesinaron a los cinco miembros (dos adultos y sus hijos de 11 y 4 años, y de 3 meses) de la familia Fogel, acuchillándolos (un joven de 18 años fue condenado a cinco cadenas perpetuas por este crimen, el 13 de septiembre).

 

Goldsmith dijo no tener cuidado por el ingreso de palestina en la ONU, y afirmó que aceptaría una anexión de Cisjordania por Israel, aunque “no tendría sentido: uno no anexa su propia casa. Ésta es nuestra tierra, está en la Biblia”.

 

Los colonos de Itamar realizaron una marcha el martes de siete kilómetros, hasta bloquear un cruce carretero que quedó cortado para el tráfico palestino, aislando así el norte cisjordano de Ramala y el resto del territorio.

 

Como los colonos habían anunciado manifestaciones de represalia sobre poblaciones palestinas, los medios acudieron a Itamar imaginando que se trataba de una de éstas. Los hombres armados con rifles automáticos, sin embargo, apenas se dejaron ver. Los 200 manifestantes eran niños y adolescentes de hasta 15 años, acompañados de tres mayores y dos jóvenes animadores, que recorrieron el tramo entre canciones y bailes.

 

Mientras las cámaras registraban bellas imágenes de niños con banderas con la estrella de David, numerosos colonos se reunieron no muy lejos, en el asentamiento de Yitzhar, y realizaron otra marcha. El reporte militar indica que bajaron hasta la aldea palestina de Assira al-Kibliya y lanzaron piedras contra personas y casas. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Dispersaron a estos últimos con gases lacrimógenos.

 

Cisjordania, entre el respaldo a Abbas y la decepción por Obama

Témoris Grecko / Ramala (publicado en La Nación, 22/sep/2011)

 

Los palestinos están decepcionados porque, hace un año, el presidente estadounidense Barack Obama dijo que en estas fechas Palestina sería Estado miembro de la ONU y ayer les pidió posponer sus intenciones.

 

Sin embargo, a pesar de que los miles de asistentes a un mitin en la plaza Arafat, de Ramala (sede de la Autoridad Nacional Palestina, ANP), estaban ahí para apoyar la entrada al organismo internacional, la gente impidió la quema de una bandera de Estados Unidos. No había terminado su discurso el secretario general de la ANP, Tayeb Abdelrahim, cuando dos jóvenes encapuchados, uno montado sobre los hombros del otro, entraron en la plaza ondeando la enseña e hicieron ademán de prenderle fuego. La multitud se volvió hacia los muchachos para exigirles que cambiaran de actitud y las personas cercanas les arrebataron el emblema.

 

“Escogimos dirigirnos a la ONU cuando todas las otras opciones fallaron”, dijo Abdelrahim. “El nuevo Estado cumplirá sus compromisos, pero nos rehusamos a negociar sólo por negociar”.

 

No se puede decir que la multitud de Ramala representa a todos los palestinos: hay quienes consideran sin sentido manifestarse en los centros urbanos (también hubo mítines en las demás ciudades palestinas) y tratan de conducir las protestas a puntos donde podría haber confrontaciones con tropas o colonos israelíes.

 

Las fuerzas de seguridad de la ANP han logrado, por lo general, mantenerlos bajo control, hasta el momento. Durante el día se registraron algunos choques aislados. En Qalandia, un punto de control israelí que parece puesto fronterizo, entre Jerusalén y Ramala, jóvenes lanzaron piedras contra las tropas israelíes, que respondieron con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento, balas de goma y cañones sónicos. También hubo reportes de incidentes en Hebrón.

 

La intensidad de los enfrentamientos no es superior a la que se produce en semanas normales, sin embargo. La ANP ha manifestado su voluntad de impedir que la campaña de apoyo al ingreso en la ONU escale el conflicto hasta convertirse en una tercera intifada (insurrección), y lo que parece una mayoría en Ramala comparte el sentimiento: “He pasado por dos intifadas”, afirmó Hisham Mahmoud, un trabajador de la administración local. “Murieron muchos palestinos e israelíes, la economía desapareció, hubo enorme sufrimiento. La paz no se consigue con violencia”.

 

ENFRENTAMIENTO EN QUSRA

 

Los disidentes tienen posibilidades de influir, no obstante. La ANP convocó eventos el viernes por la tarde, para acompañar el discurso que dará el presidente Mahmud Abbas ante la Asamblea General de la ONU. A lo largo de la llamada “primavera árabe”, los viernes han sido las jornadas de mayor intensidad de protestas: es el día más importante de la semana musulmana y la gente sale de la oración de mediodía a manifestarse.

 

Reportes de la prensa israelí, sin embargo, indican que el ejército “no espera motines inminentes en Cisjordania”. Al dar cuenta de una reunión que tuvo lugar a la una de la mañana del miércoles, en el aeropuerto Ben Gurion, entre el primer ministro Binyamin Netanyahu (quien se disponía a volar a Nueva York para hablar ante la ONU) y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Israelíes de Defensa, general Benny Gantz, este último informó lo anterior, precisando que de todos modos sus tropas “están listas para cualquier eventualidad”.

 

Los medios no mencionaron si Gantz se refirió a otra posible fuente de violencia: los grupos extremistas entre los colonos israelíes, que durante semanas anunciaron que manifestarían su oposición al Estado palestino con marchas sobre poblaciones árabes. El 13 de septiembre, el diario Haaretz dio a conocer un informe del Shin Bet, el servicio de seguridad del Estado, en el que se advierte que colonos radicales estaban planeando atentados contra palestinos e izquierdistas israelíes, “lo que constituye una actividad terrorista”.

 

El martes, en una visita al pueblo palestino de Qusra, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus, fue posible constatar los daños contra una céntrica mezquita que todavía mostraba graffiti (“Mahoma es un cerdo”) y daños causados por fuego, que provocaron “centenares” de colonos en un ataque registrado el viernes 16. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Los primeros siguieron arrojando piedras, según narraron los pobladores, pero cuando los árabes trataron de responder, los soldados les arrojaron gases lacrimógenos y dispararon balas de goma.

 

Mostraron fotografías. Una de ellas era de un joven que había caído herido en un tobillo, que se veía destrozado. Un colono, sigue la versión, se acercó y golpeó la herida varias veces con el borde de una pala. El árabe perdió el pie.

 

MARCHA EN ITAMAR

 

Las historias de agravios mutuos no tienen fin. Toda nueva agresión se justifica en una recibida antes. En Itamar, un asentamiento del área, el alcalde Moshe Goldsmith mostró la casa donde infiltrados palestinos asesinaron a los cinco miembros de la familia Vogel, con armas blancas. Los responsables escaparon pero ahora acaban de ser condenados a prisión perpetua.

 

Goldsmith dijo no tener cuidado por el ingreso de palestina en la ONU, y afirmó que aceptaría una anexión de Cisjordania por Israel, aunque “no tendría sentido: uno no anexa su propia casa. Ésta es nuestra tierra, está en la Biblia”.

 

Los colonos de Itamar realizaron una marcha el martes de siete kilómetros, hasta bloquear un cruce carretero que quedó cortado para el tráfico palestino, aislando así el norte de Cisjordania de Ramal y el resto del territorio.

 

Los medios acudieron imaginando que se trataba de una de las manifestaciones que habían anunciado los colonos, en represalia por los movimientos palestinos. Los hombres armados con rifles automáticos, sin embargo, apenas se dejaron ver. Los 200 manifestantes eran niños y adolescentes de hasta 15 años, acompañados de tres mayores y dos jóvenes animadores, que recorrieron el tramo entre canciones y bailes.

 

Mientras las cámaras registraban bellas imágenes de niños con banderas con la estrella de David, numerosos colonos se reunieron no muy lejos, en el asentamiento de Yitzhar, y realizaron otra marcha. El reporte militar indica que bajaron hasta la aldea palestina de Assira al-Kibliya y lanzaron piedras contra personas y casas. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Dispersaron a estos últimos con gases lacrimógenos.

 

 

 

Ramallah, entre la tensión y el escepticismo

Por Témoris Grecko / Ramala (publicado en La Nación, de Buenos Aires. 21/sep/2011)

 

Se inició una semana que inyectará movimiento a un proceso que parecía indefinidamente estancado. Se supone que es de paz, pero si no, a muchos en Ramala, sede de la Autoridad Nacional Palestina, les da casi igual: “Llevamos 20 años en esto, desde que empezaron las conversaciones, y 18 años desde que se firmaron los acuerdos en Oslo”, dice Amr Abdel Nasr, un veterano miembro de Fatah, el principal partido palestino. “¿A dónde nos condujo todo esto? ¿Tenemos Estado, alguna forma de independencia? ¿Han dejado de construir asentamientos en nuestras tierras? Fue una gran trampa en la que caímos, y ahora nos están diciendo de nuevo que esperemos al diálogo. Como si esta vez sí quisieran ser serios”.

 

El viernes próximo, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP, un gobierno que debía ser transitorio y abrirle camino a un Estado palestino que sigue sin llegar), Mahmoud Abbas, dará un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, tras lo cual presentará la solicitud para ser admitido como Estado miembro de pleno derecho.

 

Que no prosperará: debe ser aprobada por el Consejo de Seguridad y Washington ha adelantado su veto. Regresará entonces a la Asamblea General, donde una mayoría –con la que los palestinos parecen contar– puede elevar el estatus de la ANP, que actualmente tiene el de “entidad observadora”, al que ostenta el Vaticano, de “Estado observador”: esto significaría que la ONU reconoce a Palestina como Estado, dentro de las fronteras del armisticio de 1948.

 

El estatus de Israel también cambiaría: pasaría entonces de dominar unos “territorios” a ser el ocupante de otro Estado; la permanencia de 500 mil de sus ciudadanos en tierra ajena sería ilegal; el encarcelamiento sin juicio de miles de civiles palestinos se convertiría en un crimen de guerra; y los enfrentamientos con las milicias palestinas serían actos bélicos.

 

Palestina podría ingresar como Estado en organismos internacionales, tales como la Corte Criminal Internacional, y denunciar ahí a Israel. Los dirigentes políticos y militares israelíes y los colonos israelíes en Cisjordania, muchos de los cuales nacieron o tienen parientes en otros países que suelen visitar, como Estados Unidos, podrían enfrentar órdenes internacionales de detención y verse obligados a encerrarse en Israel. Sus bienes podrían ser incautados.

 

El presidente Abbas ha enfrentado presiones “como nunca antes”, según sus propias palabras. Estados Unidos amenazó con que, si el palestino persiste en su empeño, suspenderá la ayuda anual que entrega a la ANP, cercana a los 500 millones de dólares. Los ministros israelíes barajan públicamente un arsenal de sanciones: desde cancelar la entrega de los impuestos aduanales que cobra en representación de la ANP, que suman alrededor de 400 millones de dólares al año, hasta desconocer los acuerdos de Oslo, que permiten que la ANP administre un 19% de Cisjordania.

 

“El Estado de Israel firmó los acuerdos de Oslo con la Organización para la Liberación de Palestina, que creó la ANP”, recordó Danny Ayalon, viceministro israelí de Exteriores, a una conferencia de donantes en Viena este lunes. “Israel no tendrá absolutamente ninguna obligación hacia un así llamado Estado palestino”.

 

La inteligencia israelí, sin embargo, y potencias occidentales han advertido que sanciones extremas dejarían a la ANP sin presupuesto y provocarían su derrumbe, lo que forzaría a Israel a reconquistar las ciudades palestinas y provocaría un retorno al caos y el terrorismo. El diario israelí Haaretz reportó que, pese a las amenazas que han lanzado sus diplomáticos, el propio presidente Barack Obama advirtió que si Israel “suspende la cooperación de seguridad con la ANP sólo se estaría hiriendo a sí mismo”.

 

Los palestinos no parecen tan asustados. El lunes, tras su arribo a Nueva York, Abbas advirtió que se aproximaban “tiempos difíciles” para su pueblo. Una encuesta publicada el domingo indica que un 84% de los ellos apoya la solicitud ante la ONU, a pesar de que un 90% y un 87% creen que esto provocará “reacciones rigurosas” de Israel y de Estados Unidos, respectivamente.

 

“No nos pueden pedir que sigamos creyendo, quieren que les tengamos fe a las piedras”, explica Tarek Yusuf Salah, alumno de derecho de la Universidad Birzeit.

 

Los diplomáticos palestinos se han quejado de que, para persuadirlos de olvidarse de la ONU, los estadounidenses les presentaron un proyecto de declaración que parecía una burla: no mencionaba los asentamientos israelíes ni el futuro de Jerusalén y de los refugiados, e incluía la exigencia de reconocer a Israel como Estado judío.

 

Sobre el campo, la tensión se incrementa. Los palestinos han convocado a una campaña de protestas para apoyar la solicitud de membresía. La plaza Al Manara, centro geográfico de Ramala, es escenario de eventos que hasta el momento parecen descoordinados y espontáneos: grupos de mujeres, de estudiantes, de trabajadores o de militantes de Fatah aparecen por alguna de las calles y celebran pequeños mítines que, aunque alteran el tráfico, reciben el apoyo a bocinazos de los conductores.

 

Se ha convocado a manifestaciones en los centros urbanos palestinos para el miércoles por la mañana, y el viernes por la tarde, mientras Abbas habla ante la Asamblea General, habrá actos masivos.

 

En otras partes de Cisjordania, se suceden pequeñas escaramuzas con colonos israelíes, como la que ocurrió el viernes en la aldea árabe de Qusra. Un grupo de israelíes extremistas penetró en la población y, en el enfrentamiento resultante, uno de sus miembros fue herido de arma blanca, a lo que respondió disparando contra su rival. Ambos sobrevivieron.

 

Son sólo los primeros vientos que anticipan una tormenta muy anunciada.

 

El ejército israelí filtró a la prensa un documento en el que se dice que está entrenando y armando a los comités de seguridad de los colonos para que enfrenten ataques palestinos, y que se han establecido dos líneas virtuales alrededor de los asentamientos: si los manifestantes cruzan la primera, serán atacados con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento y “agua de zorrillo”, un líquido extremadamente apestoso que se rocía con cañones sobre la gente.

 

Si pasan la segunda, les dispararán en las piernas.

 

Los colonos, por su parte, han difundido fotos en las que realizan ejercicios de confrontación: jóvenes armados simulan darles palizas a otros disfrazados de palestinos.

 

Las marchas han comenzado ya, sin embargo. Hasta el momento, sin víctimas: el sábado, mujeres árabes y otras judías realizaron una protesta conjunta en el control de Qalandia, una especie de puesto fronterizo entre Jerusalén y Ramala. Las fuerzas israelíes se limitaron a cerrar el paso para evitar que los dos grupos se reunieran. “Es la primera manifestación en tres años de la que no regreso sofocado por el gas lacrimógeno”, festejó el estudiante Salah.

 

Nadie espera que se mantenga el tono en los siguientes días. Los colonos israelíes han difundido fotos en las que realizan ejercicios de confrontación: jóvenes armados simulan darles palizas a otros disfrazados de palestinos. También han anunciado que, antes que esperar a que los palestinos se acerquen a los asentamientos, serán ellos quienes marchen sobre las poblaciones árabes.

 

Además hay preocupación porque grupos palestinos radicales tratarán de aprovechar las protestas para provocar enfrentamientos con los colonos y los soldados. La ANP ha girado órdenes de que la policía palestina impida que sus compatriotas entren en zonas complicadas. La experiencia indica que es bastante difícil conseguirlo.

 

A pesar del conflicto inminente, en las calles de Ramala no se siente temor, ni por las incertidumbres del futuro, ni por la amenaza de la violencia. “Durante seis décadas nos han hecho todo lo que han podido”, señala el veterano Nasr. “¿Con qué nos van a asustar ahora?”

 

 

Palestina: La Intifada que viene

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 4 de agosto de 2011)

El ejército israelí está preparando sus unidades militares y a los comités civiles de seguridad de los asentamientos judíos en Cisjordania para enfrentar “desórdenes masivos”, a partir del día 20 de septiembre, como parte de las movilizaciones que se preparan en apoyo de la solicitud de incorporar a Palestina como Estado miembro de las Naciones Unidas. Ya el 8 de agosto, el ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman, había asegurado que los palestinos planeaban causar “derramamiento de sangre como nunca antes hemos visto”.

Un documento filtrado el martes 30 de agosto indica que desde hace semanas los soldados están entrenando a los grupos de colonos y entregándoles granadas de aturdimiento y gas lacrimógeno, los cuales podrán ser utilizados contra los manifestantes si ellos traspasan delimitaciones trazadas en mapas alrededor de los asentamientos; un segundo grupo de líneas, igualmente invisibles sobre el terreno, pero llamadas “rojas”, marcará las áreas en las que los soldados dispararán contra las piernas de los palestinos que las invadan.

Esta información acompaña a una serie de advertencias encaminadas a desmotivar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en su esfuerzo por obtener el reconocimiento del organismo internacional: el gobierno israelí está retrasando la entrega de 380 millones de shekels (106 millones de dólares) que debe a la ANP por las cuotas aduanales que recaba en su nombre, mientras que Estados Unidos ha amenazado con “medidas punitivas” si los palestinos presentan su solicitud a la ONU, como cortarles la ayuda financiera que les da, equivalente a un 12% del presupuesto de la ANP.

RETOS PARA NETANYAHU

El gobierno israelí del primer ministro Binyamin Netanyahu enfrenta este reto en un momento complicado: internamente, un enérgetico movimiento civil inspirado en la insurrección egipcia de la plaza Tahrir y en la de los “indignados” de la madrileña Puerta del Sol (y que el 12 de agosto sacó 300 mil personas a las calles en varias ciudades israelíes, en un país de sólo 7 millones de habitantes), ha exigido una serie de reformas para reducir la creciente brecha entre ricos y pobres, y al cierre de esta edición se proponía superarse a sí mismo en una “Marcha de un Millón” de israelíes, convocada para el sábado 2 de septiembre.

En otro flanco, aparece la crisis desatada en la franja de Gaza el 18 de agosto, cuando un comando del grupo palestino Comités de Resistencia Popular se infiltró en el Sinaí egipcio y, por esa ruta, en territorio israelí, donde atacó vehículos civiles y militares. Así pudo matar a ocho personas y herir a 40, a cambio de perder a 10 de sus miembros. A eso siguieron diez días de ataques aéreos israelíes respondidos por lanzamientos de cohetes artesanales palestinos, que dejaron 26 muertos en Gaza y uno en Israel.

Tras una serie de declaraciones de cese el fuego, se impuso una tensa calma que nadie se atrevía a asegurar que duraría. La consecuencia más grave para Israel, sin embargo, fue el daño a las relaciones con Egipto. La alianza con este país árabe, cimentada en los acuerdos de Camp David de 1977, mediante los que Israel devolvió el Sinaí a cambio de seguridad en su frontera sur, parece estar amenazada desde la caída del dictador Hosni Mubárak, el 11 de febrero. Aunque el depuesto mandatario fue reemplazado por una junta militar compuesta por sus propios compañeros de armas, el proceso político que impulsó la revolución de la plaza Tahrir fuerza a los oficiales a ser más sensibles al estado de la opinión pública.

Ese 18 de agosto, según la versión egipcia, las unidades israelíes que perseguían a los comandos palestinos invadieron territorio del Sinaí y mataron a seis soldados y policías egipcios que defendieron la frontera. El gobierno israelí no admitió responsabilidad directa pero prometió una investigación. Tras un momento de mostrar dientes, en el que la junta militar egipcia amenazó con retirar a su embajador en Tel Aviv, el primer ministro Netanyahu realizó el inusual gesto de admitir que “lamentaba” las muertes egipcias, tras lo cual un enviado suyo fue secretamente a El Cairo para limar asperezas.

Ambos gobiernos llegaron a un arreglo sorprendente: aunque el Sinaí está bajo soberanía egipcia, Israel sólo accedió a firmar los acuerdos de Camp David sobre la base de la desmilitarización de la zona, que es patrullada por una fuerza internacional y monitoreada desde el aire por los estadounidenses. Sin embargo, esta situación ha permitido que prolifere una serie de bandas armadas, desde criminales y tribus beduinas fuera de control hasta grupos islamistas y organizaciones radicales palestinas. El ataque del 18 de agosto convenció a los israelíes de la urgencia de imponer cierto tipo de control. Por ello accedieron a permitir que Egipto despliegue varios miles de soldados en el Sinaí, aun a sabiendas de que no los retirará en el futuro. “A veces tienes que subordinar las consideraciones estratégicas a las necesidades tácticas”, explicó a la prensa el ministro israelí de Defensa y exprimer ministro, Ehud Barak.

Estos entendimientos, sin embargo, no convencieron en las calles egipcias, que mantienen la presión sobre una junta militar que ya tiene suficientes problemas con sus gobernados. Multitudes acudieron a la embajada de Israel para exigir la toma de represalias y un albañil, Ajmed al Shajat, se convirtió en héroe popular, ahora apodado “Flagman”, cuando evadió a los soldados que protegían la sede diplomática, escaló por sus muros hasta la azotea y bajó la bandera de la Estrella de David para izar después la egipcia. Un candidato presidencial, Amr Moussa, quien hasta principios de año fue secretario general de la Liga Árabe, quiso resumir el sentimiento de los egipcios: “Israel y cualquier otro país debe entender que el día en que mataban nuestros hijos sin una respuesta fuerte y apropiada, ha quedado atrás y no regresará”.

LA APUESTA PALESTINA

Es la propia Liga Árabe la que ha pedido el ingreso de Palestina a la ONU, en representación de la ANP. Está descartado que pueda tener éxito, ya que la admisión de nuevos miembros tiene que ser aprobada por el Consejo de Seguridad del organismo y el gobierno del presidente Barack Obama ya ha anunciado que interpondrá el veto de Estados Unidos.

La verdadera apuesta de los palestinos es por su plan B, sin embargo. Desde 1998, la ANP tiene en la ONU un estatus especial, intermedio entre los Estados y los observadores no estatales (es decir, organizaciones internacionales como la Cruz Roja). La Asamblea General de la ONU puede elevar su estatus al de Estado no-miembro observador, igual al que ostenta Ciudad del Vaticano, y que implicaría el reconocimiento de la ONU a Palestina como Estado independiente.

Los diplomáticos palestinos afirman contar con el apoyo de 124 de los 193 Estados miembros, una mayoría suficiente que debería aprobar este cambio durante los debates de la Asamblea General que tendrán lugar entre el 21 y el 30 de septiembre.

El 26 de agosto, Saeb Erekat, jefe de negociadores de la ANP, declaró que el cónsul de E.U. en Jerusalén amenazó con el retiro de la ayuda de su país a la Autoridad Palestina (470 millones de dólares al año, 12.5% de su presupuesto anual de 3,700 millones), entre otras “medidas punitivas”, si ésta sostenía su solicitud.

No se puede esperar, tampoco, que el gobierno de Israel acceda a llegar a un acuerdo que permita la pronta creación del Estado Palestino. Netanyahu y su gabinete han rechazado las presiones de Obama para crear condiciones mínimas para el diálogo, como congelar la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados que deberían convertirse en el nuevo país.

Los críticos de la maniobra en la ONU afirman que, aunque tenga éxito, no será más que un gesto simbólico inútil. Uno de ellos es el actual primer ministro de la ANP, Salam Fayyad, quien dijo el 7 de febrero al diario The Jerusalem Post que la estatalidad palestina “no será algo que les ocurrirá a los israelíes ni algo que les ocurrirá a los palestinos, es algo que crecerá en ambos lados como una realidad”.

AGUA DE ZORRILLO

El presidente Mahmoud Abbas, sin embargo, prefiere ir por este camino y para ello logró en mayo pasado un acuerdo de reconciliación con Hamás, el partido islamista que se apoderó de Gaza por la fuerza en 2007 y sin cuya colaboración serían poco creíbles los esfuerzos palestinos.

Bajo el eslogan “Palestina 194” (Sudán del Sur, último Estado miembro admitido en la ONU, fue el 193), líderes de todo el arco palestino, desde Abbas hasta su opositor Marwan Barghouti (encarcelado en Israel), convocaron a una serie de movilizaciones que empezarán el 20 de septiembre con una gran marcha. “Habrá actividades en todos lados”, dijo Wasel Abu Yousef, del Frente de Liberación Palestina, “contra el muro, contra los asentamientos (judíos) y contra la ocupación. Queremos escalar todas las protestas populares”.

“Millones deben salir”, pidió Yasir Abed Rabbo, asesor del presidente Abbas y miembro de la ANP, antes de aclarar que se tratará de “un movimiento popular pacífico” en el que “no se arrojará ni un piedra ni siquiera una flor”.

No todos están de acuerdo. Seguidores de Barghouti dijeron a Proceso, en una visita a Cisjordania en abril, que el objetivo sería generar una tercera intifada (revolución popular; las anteriores, de 1987-93 y 2000-04, terminaron con derrotas palestinas). En mayo, Israel logró que Facebook cerrara una página de activistas que pedía una tercera intifada, pero desde entonces han aparecido varias más. “Es improbable que (las directivas de la ANP) sean asumidas por los activistas de base, involucrados con los comités populares”, dijo a este semanario Aleks Kane, un periodista estadounidense que cubre Cisjordania desde Amán, Jordania. “Una confrontación entre la ANP y (activistas) palestinos parece probable y de hecho hay precedentes”.

La ANP ordenó el 5 de agosto a sus fuerzas policiacas que eviten confrontaciones de los manifestantes con los colonos judíos y circunscriban las marchas a los centros de las ciudades palestinas.

El ejército israelí no se confía, sin embargo, como demuestra el documento filtrado el martes a través del diario Ha’aretz. Se prevé que las protestas incluyan “marchas hacia las principales intersecciones, comunidades israelíes y centros comunitarios, y esfuerzos para dañar símbolos del gobierno. También podría haber casos más extremos como disparos desde dentro de las manifestaciones o incluso incidentes terroristas”. Por eso, prepara unidades militares, entrena y arma civiles e incluso, tiene preparados 200 mil litros de “agua de zorrillo” extremadamente apestosa, para disparar con cañones sobre la gente. Además de haber lanzado la advertencia: quien pase alguna de las líneas rojas alrededor de los asentamientos será recibido a balazos.

Los palestinos, divididos y anquilosados

Por Témoris Grecko / Ramala, Cisjordania

Publicado en PROCESO (17/4/2011)

Aunque la llamada primavera árabe está reactivando políticamente a países desde el Atlántico hasta el Índico, hasta el momento no ha conseguido calentar la atmósfera de división interna y anquilosamiento político que prevalece en los territorios palestinos. Esto ocurre mientras tiene lugar una escalada de enfrentamientos con los israelíes y en vísperas de que se abra un periodo especialmente delicado de mayo a septiembre.

Dicha etapa se abre en altamar: la primera “Flotilla de la Libertad”, una expedición de siete navíos que pretendía atravesar con ayuda humanitaria el cordón impuesto por Israel sobre la franja de Gaza, fue interceptado y asaltado por tropas de ese país el 31 de mayo de 2010, con saldo de nueve activistas turcos muertos. La polémica se convirtió en un fuerte golpe a la imagen de Israel y atrajo advertencias de que provocaría nuevos intentos similares.

En efecto: para el aniversario del incidente, se pretende que llegue a Gaza una Flotilla de la Libertad II, aumentada a 20 buques con mil tripulantes y pasajeros. “Si las autoridades israelíes pensaron que su ataque del año pasado nos asustaría, se equivocaron”, se establece en un comunicado de los organizadores. El primer ministro Binyamin Netanyahu respondió el lunes 11 con la exigencia a Europa de que “deben detener esta flotilla”. Esto es parte de una ofensiva diplomática destinada a que, si vuelve a recurrir al uso de la fuerza “Israel pueda decir que hizo todos los esfuerzos posibles para detener los barcos pacíficamente”, según el diario Haaretz.

Ese mismo lunes, en la última de una serie de declaraciones de dirigentes palestinos, el ministro de Planeación y Desarrollo Administrativo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Ali al Jirbawi, aseguró que el proceso de creación de instituciones para un gobierno independiente avanzaba a buen ritmo y “estaremos listos para la declaratoria de septiembre”, cuando la Asamblea General de la ONU, un órgano en el que ningún estado tiene poder de veto, discutirá y presumiblemente aprobará aceptar a Palestina como miembro de pleno derecho.

“Israel se encontrará entonces en una situación de diaria violación de los derechos de otro estado miembro y esto tendría consecuencias diplomáticas y legales”, prevé Nabil Shat, un alto miembro de Fatah, el partido político que controla la ANP.

El problema será, sin embargo, quién tiene la representatividad legítima y legal de los palestinos. El presidente Mahmud Abbas ha extendido su gestión a pesar del término de su periodo, hace un año y medio, y además ha cerrado el parlamento, donde su partido, Fatah, se encuentra en minoría frente a su acérrimo rival, el islamista Hamás, quien ha impuesto violentamente un férreo control sobre Gaza y le disputa a Fatah el del otro segmento –el mayor— de los territorios palestinos, Cisjordania.

Los dos partidos enfrentan una severa crisis de credibilidad. Hamás está acusada de provocar sufrimientos innecesarios a los ciudadanos de Gaza tras entrar en una espiral de violencia con Israel, lo cual culminó en la sangrienta invasión de diciembre de 2008 y enero de 2009; y también se critica que la base del dominio de Hamás es la represión y una exagerada severidad religiosa.

Fatah y la ANP, por su lado, quedaron gravemente exhibidas en enero por la difusión, por parte de la cadena de televisión Al Jazeera, de los llamados “papeles palestinos”: una serie de documentos secretos que muestran que sus dirigentes hicieron a Israel ofrecimientos cuestionables, como el control total sobre Jerusalén y la renuncia al derecho de retorno de los refugiados de las guerras de 1948 y 1967, y también que su posición es de debilidad y colaboración con el gobierno ocupante.

Los liderazgos palestinos están, además, afectados por reiteradas denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito, que no se investigan ni producen cambios significativos.

Es por eso que algunos vieron la primavera árabe como la oportunidad de renovar la clase política palestina mediante una insurrección cívica juvenil. Sin embargo, el Movimiento 15 de Marzo (M-15M, que convocó a una manifestación en esa fecha a través de Facebook, a similitud de agrupaciones similares en Egipto y Libia), no se propuso ir tan lejos: su principal demanda es la unidad de Fatah y Hamás, a pesar del desprestigio de esas organizaciones.

Muchos de estos jóvenes (también conocidos como “los de Al Manara”, porque como mínimo eco de los egipcios de la rotonda Tahrir de El Cairo, algunos duermen en una sola tienda de campaña en la plaza principal de la sede administrativa palestina, Ramala) son estudiantes y profesionales de una clase acomodada con estancias en el extranjero y costumbres occidentalizadas. “Están completamente desconectados de los palestinos, que son mucho más conservadores”, explica un miembro de Fatah al compartir unas cervezas. “Yo bebo contigo, pero no lo hago frente a otros. Ellos van a la plaza Al Manara con aliento alcohólico y la gente se da cuenta. No los apoyarán nunca”.

A diferencia de lo que ocurre en otros países árabes, donde las convocatorias a la movilización llegan a sociedades a las que las dictaduras dejaron sin experiencia política, en este caso la ocupación ha creado un pueblo sumamente politizado y organizado.

En Gaza, los miembros del M-15M tienen que esconderse porque Hamás ha amenazado con aprehenderlos, y esto acarrea violencia y tortura. En las ciudades de Cisjordania, la policía palestina los golpeó y dispersó en la manifestación del 15 de marzo. Además, los miembros de Fatah los hostigan físicamente, como el 30 de marzo, cuando PROCESO atestiguó un ataque de jóvenes de ese partido que celebraban la victoria de su planilla en elecciones estudiantiles de la Universidad de Bir Zeit, y al llegar a Al Manara golpearon a los opositores con apoyo de agentes policiacos.

“Nuestro objetivo es crear un bello espíritu de unidad”, afirma uno de los chicos lastimados, que reserva su nombre. “Pero sólo coinciden para patearnos”. Pueden haber logrado algo, sin embargo. El presidente Mahmoud Abbas y el primer ministro de Gaza designado por Hamás, Ismail Haniyeh, anunciaron su intención de reunirse en la franja en mayo y estudiar un posible llamamiento a elecciones generales en septiembre. Eso podría ayudar a resolver el problema de división interna. El anquilosamiento político es más complejo.

Palestinians leaders gave up

These are the lowest moments in Palestinian history since I remember. They don’t have a leadership, no one who’s able to represent them and strike a fair deal with Israel. It’s no coincidence, but the product of a steady US-Israel policy of weakening the Palestinians in the frame of the peace process. All these years have been used for one side’s advantage

www.guardian.co.uk

• Negotiators agreed just 10,000 to return • PLO agreed Israel could be a ‘Jewish state’ • US suggested Palestinians live in Latin America

24 January at 23:37 ·  ·  ·  · Share

 

¿Sigue siendo viable un Estado palestino?

¿Qué discuten israelíes y palestinos? ¿La creación de un Estado palestino? ¿Es todavía posible construir un Estado palestino cuando la mayor parte de Cisjordania está ocupada por colonos judíos y el ejército israelí, y muchas áreas están prohibidas para los palestinos? ¿Qué alternativas se debaten? De esto trata mi columna Politik en Esquire Latinoamérica