Tag Archives: Palestine

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Franja de Gaza: Tregua de cristal

Por Témoris Grecko / Barcelona (publicado en la revista Proceso 25-nov-2012) Aterrorizado en su hogar de la ciudad de Gaza, el ingeniero mecánico palestino Ahmed al Arabi habló con Proceso vía telefónica, al mediodía del miércoles 21. Su barrio, Tel El … Continue reading

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Dahiya on Gaza

Many influential Israelis are calling their army to implement “dahiya” in a land attack on Gaza. But what’s Dahiya? Here’s Wikipedia: “The doctrine is named after a southern suburb in Beirut with large apartment buildings which were flattened by the … Continue reading

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Invading Gaza

Reuters’ Dan Williams looks at how a ground invasion of Gaza would be different from Operation Cast Lead four years ago: Big armored bulldozers with blades tall enough to plow through houses and carve a path for tanks and infantry … Continue reading

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Israelíes rompen el silencio

Veteranos de guerra israelíes nos llevan de viaje a la realidad de la ocupación en Palestina Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, diciembre de 2011 En Tailandia conocí a una periodista que se dedicaba … Continue reading

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Palestina-Israel: cuando los extremos se tocan

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 21-oct-2011) La liberación del soldado israelí de 25 años Gilad Shalit, el martes 18, después de sufrir un secuestro de cinco años y cuatro meses a cargo de la milicia islamista palestina Hamás, y de … Continue reading

Palestina. A merced del enemigo

Por Témoris Grecko / Burin, Cisjordania (publicado en Proceso, 2 de octubre de 2011)

El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, tiene claro que las exigencias que ponen los palestinos (que se detenga la construcción israelí en los territorios internacionalmente reconocidos como palestinos) como condición para dialogar, es complicar las cosas innecesariamente. “Estoy dispuesto a negociar en cualquier lugar, en cualquier momento, sin precondiciones, sólo hay que hacerlo”, dijo el lunes 26 en una entrevista en PBS, el canal de la televisión pública de Estados Unidos. Continue reading

Mahmoud Abbas, el líder que quiere llevar la “primavera árabe” a Palestina

Por Témoris Grecko / Ramala (publicado en el suplemento Enfoques, del diario La Nación, 2 de octubre de 2011)

Si Ramala (sede de la Autoridad Nacional Palestina, ANP) hubiera sido Roma, a Mahmoud Abbas, presidente de la ANP, lo habrían recibido a su retorno de Nueva York, el domingo 25, con un arco del triunfo, como a los césares y grandes generales cuando regresaban victoriosos tras largas campañas. Continue reading

Palestina. El Estado prometido

Por Témoris Grecko / Ramala (Publicado en Proceso, 25/sep/2011)

La multitud que llenaba la Plaza del Reloj, en Ramala, el miércoles 21, se desbordó en entusiasmo cuando el secretario general de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Tayeb Abdelrahim, mencionó el nombre de su presidente, Mahmoud Abbas. El mandatario se encontraba en Nueva York, a 48 horas de dar un discurso ante la Asamblea General de la ONU y presentar la solicitud para admitir a Palestina como miembro de pleno derecho y, por lo tanto, obtener el reconocimiento del organismo internacional a un Estado palestino.

 

“¡Tenemos un nuevo (Yasir) Arafat!”, dijo Oumar al Malik, un abogado que acudió al evento en vestimenta tradicional árabe. “Habíamos olvidado lo que era no arrodillarnos frente a Estados Unidos”.

 

Sobre los palestinos pesaban todas las advertencias: congresistas estadounidenses amenazaron con cancelar los 470 millones de dólares anuales que su país entrega como ayuda a la ANP, y que equivalen al 12.5% de su presupuesto. El gobierno israelí amenazó con bloquear alrededor de 400 millones de dólares de impuestos aduaneros, que recauda en nombre de la ANP y con desconocer desconocer los acuerdos de Oslo, que permiten que la ANP administre un 19% de Cisjordania.

 

“El Estado de Israel firmó los acuerdos de Oslo con la Organización para la Liberación de Palestina, que creó la ANP”, recordó Danny Ayalon, viceministro israelí de Exteriores, a una conferencia de donantes en Viena el lunes 19. “Israel no tendrá absolutamente ninguna obligación hacia un así llamado Estado palestino”.

 

Avigdor Lieberman, el jefe de Ayalon, anticipaba desde agosto que la campaña de manifestaciones con la que los palestinos querían acompañar la petición antes la ONU, revelaba que planeaban causar “derramamiento de sangre como nunca antes hemos visto”. Y a manera de advertencia, el ejército filtró a la prensa un documento que mostraba las medidas de represión que estaba preparando para enfrentar las marchas árabes.

 

Los augurios del desastre no calaron entre los palestinos, que el martes 20 develaron en la plaza al Manara, en el centro de Ramala, una enorme silla azul con las banderas de Palestina y de la ONU, que representa el asiento que su país debería ocupar en la Asamblea General.

 

Están dispuestos a aguantar lo que venga. Una encuesta publicada el domingo 18 indica que un 84% de los palestinos apoya la solicitud ante la ONU, a pesar de que un 90% y un 87% creen que esto provocará “reacciones rigurosas” de Israel y de Estados Unidos, respectivamente.

 

PROBLEMA DE CONFIANZA

 

El presidente Barack Obama dijo, en un discurso en la ONU, el miércoles, que “no hay atajos para la paz” y que, por lo tanto, Abbas debería guardar su petición y sentarse a dialogar. El primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, aseguró que los palestinos encontrarían en él a “un interlocutor confiable” para negociar. Y urgió a Abbas a reunirse con él allá mismo, en Nueva York.

 

Aquí se recuerda bien que, el 9 de marzo de 2010, Obama envió a su vicepresidente, Joe Biden, a Jerusalén para insistir en que, antes de iniciar conversaciones, Israel debía suspender la construcción de asentamientos en Cisjordania, la tierra que se supone que devolverá como parte de un eventual acuerdo. Mientras él viajaba, el gobierno israelí autorizó la construcción de 1,600 casas en el Este de Jerusalén, la parte de esa ciudad que los palestinos reclaman como capital. “Es precisamente el tipo de pasos que minan la confianza que necesitamos ahora”, dijo un frustrado Biden.

 

Los diplomáticos de la ANP se han quejado de que, para persuadirlos de olvidarse de la ONU, los estadounidenses les presentaron un proyecto de declaración que parecía una burla: no mencionaba los asentamientos israelíes ni el futuro de Jerusalén y de los refugiados, e incluía la exigencia de reconocer a Israel como Estado judío.

 

“¿Atajos para llegar a la paz? ¿Qué le pasa a ese señor? Llevamos 20 años en esto, desde que empezaron las conversaciones, y 18 años desde que se firmaron los acuerdos en Oslo”, dice Amr Abdel Nasr, un veterano miembro de Fatah, el principal partido palestino. “¿A dónde nos condujo todo esto? ¿Tenemos Estado, alguna forma de independencia? ¿Han dejado de construir asentamientos en nuestras tierras? Hace 20 años, había 100 mil colonos israelíes en Cisjordania. Ahora hay 500 mil. ¿Y nos dicen que buscamos atajos? Oslo fue una gran trampa en la que caímos para beneficio de Israel, y ahora nos están diciendo de nuevo que esperemos al diálogo. Como si esta vez sí quisieran ser serios”.

 

“No nos pueden pedir que sigamos creyendo, quieren que les tengamos fe a las piedras”, explicó en Ramala Tarek Yusuf Salah, alumno de derecho de la Universidad de Birzeit, la institución educativa palestina más importante.

 

JUGADA PERSONAL

 

En los días previos al discurso de Abbas, algunos observadores extranjeros especulaban si el mandatario cedería finalmente a las intensas presiones internacionales. “Haríamos kebab (una especie de alambre rostizado) con él”, bromeó el abogado Al Malik, en el mitin del miércoles. “¡Mira esta gente! Llevamos años de estancamiento, de aceptar migajas, de luchas intestinas… reivindicar nuestro derecho de sentarnos en la ONU, como nación igual a las demás naciones, nos ha dado esperanza y unidad”.

 

Un joven militante de Fatah, el partido del presidente Abbas, también está entusiasmado pero mantiene una postura crítica, por lo que prefiere reservar su nombre. “Hoy Abu Mazen (nombre de guerra de Abbas) es el hombre más popular de Cisjordania. Supo conseguirlo: siempre ha hecho lo que Washington o Israel han querido, y perdió toda la credibilidad, dejó de serles útil. Se sabe en el ocaso de su carrera y no quiere pasar a la historia como un títere. Nadie sabe muy bien de qué servirá entrar en la ONU, pero mientras más presión hacen Obama y Netanyahu, y más la resiste Abu Mazen, más crece su figura ante nosotros”.

 

La palestina es una sociedad dividida en multitud de organizaciones y sectas, y algunas de ellas han querido aprovechar la oportunidad para lanzar una insurrección general. Por ejemplo, en Qalandia (un punto de control israelí entre Jerusalén y Ramala, que recuerda la frontera Tijuana-San Diego: cuando uno viene de allá, pasa sin tener que mostrar nada; de regreso, hay que hacer colas y rogar que el oficial a cargo esté de buenas), jóvenes encapuchados hostigaron con piedras a los soldados israelíes, que respondieron con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento, balas de goma y un arma nueva, el “Scream”, que produce un sonido que causa desconcierto y nauseas, y afecta el equilibrio.

 

Parece un juego, pero un muchacho recibió una lata de gas en un ojo y tuvo que ser retirado en ambulancia. Aunque hubo más reportes de incidentes, no fueron mayores que los de una semana normal.

 

La gente está animada, pero su actitud no es beligerante y rechaza la idea de escalar el conflicto: “He pasado por dos intifadas”, afirmó Hisham Mahmoud, un trabajador de la administración local. “Murieron muchos palestinos e israelíes, la economía desapareció, hubo enorme sufrimiento. La paz no se consigue con violencia”.

 

PAGUE LA ETIQUETA

 

La ANP anunció que los actos quedarían restringidos a los centros urbanos y su policía dijo que se trataba de “manifestaciones festivas”, por lo que reprimiría las “que no sean festivas”.

 

Reportes de la prensa israelí indicaron que el ejército “no espera motines inminentes en Cisjordania”. Al dar cuenta de una reunión que tuvo lugar a la una de la mañana del miércoles, en el aeropuerto Ben Gurion, entre el primer ministro Binyamin Netanyahu (quien se disponía a volar a Nueva York para hablar ante la ONU) y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Israelíes de Defensa, general Benny Gantz, este último informó lo anterior, precisando que de todos modos sus tropas “están listas para cualquier eventualidad”.

 

Los medios no mencionaron si Gantz se refirió a otra posible fuente de violencia: los grupos extremistas entre los colonos israelíes, que sostienen lo que llaman “política de la etiqueta del precio” (“price tag policy”), mediante la cual manifiestan que cualquier agravio (el desmantelamiento de uno de sus puestos avanzados por el ejército israelí o un ataque palestino) causará represalias contra palestinos, políticos israelíes o el propio ejército, aunque se trate de gente sin relación con los hechos que provocaron su molestia.

 

Sólo en la primera mitad de septiembre, estos colonos quemaron varios miles de olivos propiedad de palestinos, incendiaron mezquitas, amenazaron a una conocida pacifista judía y causaron destrozos en una instalación militar. El 13 de septiembre, el diario Haaretz dio a conocer un informe del Shin Bet, el servicio de seguridad interna del Estado, en el que se advierte que colonos radicales estaban planeando atentados contra palestinos e izquierdistas israelíes, “lo que constituye una actividad terrorista”.

 

Tanto el gobierno como prominentes líderes del sionismo religioso han manifestado su rechazo a esa política. Los rabinos Aharon Lichtenstein, de 78 años, y Yaaqov Medan, de 61, difundieron un manifiesto el lunes 19 en el que aseguraban que “estos tipos han cruzado todas las líneas rojas” y pedían a los colonos denunciar a los perpetradores.

 

Sin embargo, gozan de tolerancia. El martes 20, en una visita al pueblo palestino de Qusra, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus, fue posible constatar los daños contra una céntrica mezquita que todavía mostraba graffiti (“Mahoma es un cerdo”) y daños causados por fuego, que provocaron “centenares” de colonos en un ataque registrado el viernes 16. Cuando el ejército llegó, las tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Los primeros siguieron arrojando piedras, según narraron los pobladores, pero cuando los árabes trataron de responder, los soldados les arrojaron gases lacrimógenos y dispararon balas de goma.

 

Las fotografías lo demuestran. Una de ellas es de un joven que había caído herido en un tobillo, que se veía destrozado. Un colono, sigue la versión, se acercó y golpeó la herida varias veces con el borde de una pala. El palestino perdió el pie.

 

MARCHA DE COLONOS

 

Los colonos se justifican en los ataques palestinos. En esta tierra, las historias de agravios mutuos no tienen fin. Toda nueva agresión se justifica en una recibida antes. En Itamar, un asentamiento del área, el alcalde Moshe Goldsmith mostró la casa donde infiltrados palestinos asesinaron a los cinco miembros (dos adultos y sus hijos de 11 y 4 años, y de 3 meses) de la familia Fogel, acuchillándolos (un joven de 18 años fue condenado a cinco cadenas perpetuas por este crimen, el 13 de septiembre).

 

Goldsmith dijo no tener cuidado por el ingreso de palestina en la ONU, y afirmó que aceptaría una anexión de Cisjordania por Israel, aunque “no tendría sentido: uno no anexa su propia casa. Ésta es nuestra tierra, está en la Biblia”.

 

Los colonos de Itamar realizaron una marcha el martes de siete kilómetros, hasta bloquear un cruce carretero que quedó cortado para el tráfico palestino, aislando así el norte cisjordano de Ramala y el resto del territorio.

 

Como los colonos habían anunciado manifestaciones de represalia sobre poblaciones palestinas, los medios acudieron a Itamar imaginando que se trataba de una de éstas. Los hombres armados con rifles automáticos, sin embargo, apenas se dejaron ver. Los 200 manifestantes eran niños y adolescentes de hasta 15 años, acompañados de tres mayores y dos jóvenes animadores, que recorrieron el tramo entre canciones y bailes.

 

Mientras las cámaras registraban bellas imágenes de niños con banderas con la estrella de David, numerosos colonos se reunieron no muy lejos, en el asentamiento de Yitzhar, y realizaron otra marcha. El reporte militar indica que bajaron hasta la aldea palestina de Assira al-Kibliya y lanzaron piedras contra personas y casas. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Dispersaron a estos últimos con gases lacrimógenos.

 

Cisjordania, entre el respaldo a Abbas y la decepción por Obama

Témoris Grecko / Ramala (publicado en La Nación, 22/sep/2011)

 

Los palestinos están decepcionados porque, hace un año, el presidente estadounidense Barack Obama dijo que en estas fechas Palestina sería Estado miembro de la ONU y ayer les pidió posponer sus intenciones.

 

Sin embargo, a pesar de que los miles de asistentes a un mitin en la plaza Arafat, de Ramala (sede de la Autoridad Nacional Palestina, ANP), estaban ahí para apoyar la entrada al organismo internacional, la gente impidió la quema de una bandera de Estados Unidos. No había terminado su discurso el secretario general de la ANP, Tayeb Abdelrahim, cuando dos jóvenes encapuchados, uno montado sobre los hombros del otro, entraron en la plaza ondeando la enseña e hicieron ademán de prenderle fuego. La multitud se volvió hacia los muchachos para exigirles que cambiaran de actitud y las personas cercanas les arrebataron el emblema.

 

“Escogimos dirigirnos a la ONU cuando todas las otras opciones fallaron”, dijo Abdelrahim. “El nuevo Estado cumplirá sus compromisos, pero nos rehusamos a negociar sólo por negociar”.

 

No se puede decir que la multitud de Ramala representa a todos los palestinos: hay quienes consideran sin sentido manifestarse en los centros urbanos (también hubo mítines en las demás ciudades palestinas) y tratan de conducir las protestas a puntos donde podría haber confrontaciones con tropas o colonos israelíes.

 

Las fuerzas de seguridad de la ANP han logrado, por lo general, mantenerlos bajo control, hasta el momento. Durante el día se registraron algunos choques aislados. En Qalandia, un punto de control israelí que parece puesto fronterizo, entre Jerusalén y Ramala, jóvenes lanzaron piedras contra las tropas israelíes, que respondieron con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento, balas de goma y cañones sónicos. También hubo reportes de incidentes en Hebrón.

 

La intensidad de los enfrentamientos no es superior a la que se produce en semanas normales, sin embargo. La ANP ha manifestado su voluntad de impedir que la campaña de apoyo al ingreso en la ONU escale el conflicto hasta convertirse en una tercera intifada (insurrección), y lo que parece una mayoría en Ramala comparte el sentimiento: “He pasado por dos intifadas”, afirmó Hisham Mahmoud, un trabajador de la administración local. “Murieron muchos palestinos e israelíes, la economía desapareció, hubo enorme sufrimiento. La paz no se consigue con violencia”.

 

ENFRENTAMIENTO EN QUSRA

 

Los disidentes tienen posibilidades de influir, no obstante. La ANP convocó eventos el viernes por la tarde, para acompañar el discurso que dará el presidente Mahmud Abbas ante la Asamblea General de la ONU. A lo largo de la llamada “primavera árabe”, los viernes han sido las jornadas de mayor intensidad de protestas: es el día más importante de la semana musulmana y la gente sale de la oración de mediodía a manifestarse.

 

Reportes de la prensa israelí, sin embargo, indican que el ejército “no espera motines inminentes en Cisjordania”. Al dar cuenta de una reunión que tuvo lugar a la una de la mañana del miércoles, en el aeropuerto Ben Gurion, entre el primer ministro Binyamin Netanyahu (quien se disponía a volar a Nueva York para hablar ante la ONU) y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Israelíes de Defensa, general Benny Gantz, este último informó lo anterior, precisando que de todos modos sus tropas “están listas para cualquier eventualidad”.

 

Los medios no mencionaron si Gantz se refirió a otra posible fuente de violencia: los grupos extremistas entre los colonos israelíes, que durante semanas anunciaron que manifestarían su oposición al Estado palestino con marchas sobre poblaciones árabes. El 13 de septiembre, el diario Haaretz dio a conocer un informe del Shin Bet, el servicio de seguridad del Estado, en el que se advierte que colonos radicales estaban planeando atentados contra palestinos e izquierdistas israelíes, “lo que constituye una actividad terrorista”.

 

El martes, en una visita al pueblo palestino de Qusra, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus, fue posible constatar los daños contra una céntrica mezquita que todavía mostraba graffiti (“Mahoma es un cerdo”) y daños causados por fuego, que provocaron “centenares” de colonos en un ataque registrado el viernes 16. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Los primeros siguieron arrojando piedras, según narraron los pobladores, pero cuando los árabes trataron de responder, los soldados les arrojaron gases lacrimógenos y dispararon balas de goma.

 

Mostraron fotografías. Una de ellas era de un joven que había caído herido en un tobillo, que se veía destrozado. Un colono, sigue la versión, se acercó y golpeó la herida varias veces con el borde de una pala. El árabe perdió el pie.

 

MARCHA EN ITAMAR

 

Las historias de agravios mutuos no tienen fin. Toda nueva agresión se justifica en una recibida antes. En Itamar, un asentamiento del área, el alcalde Moshe Goldsmith mostró la casa donde infiltrados palestinos asesinaron a los cinco miembros de la familia Vogel, con armas blancas. Los responsables escaparon pero ahora acaban de ser condenados a prisión perpetua.

 

Goldsmith dijo no tener cuidado por el ingreso de palestina en la ONU, y afirmó que aceptaría una anexión de Cisjordania por Israel, aunque “no tendría sentido: uno no anexa su propia casa. Ésta es nuestra tierra, está en la Biblia”.

 

Los colonos de Itamar realizaron una marcha el martes de siete kilómetros, hasta bloquear un cruce carretero que quedó cortado para el tráfico palestino, aislando así el norte de Cisjordania de Ramal y el resto del territorio.

 

Los medios acudieron imaginando que se trataba de una de las manifestaciones que habían anunciado los colonos, en represalia por los movimientos palestinos. Los hombres armados con rifles automáticos, sin embargo, apenas se dejaron ver. Los 200 manifestantes eran niños y adolescentes de hasta 15 años, acompañados de tres mayores y dos jóvenes animadores, que recorrieron el tramo entre canciones y bailes.

 

Mientras las cámaras registraban bellas imágenes de niños con banderas con la estrella de David, numerosos colonos se reunieron no muy lejos, en el asentamiento de Yitzhar, y realizaron otra marcha. El reporte militar indica que bajaron hasta la aldea palestina de Assira al-Kibliya y lanzaron piedras contra personas y casas. Cuando el ejército llegó, sus tropas se interpusieron entre los agresores y los defensores. Dispersaron a estos últimos con gases lacrimógenos.

 

 

 

Ramallah, entre la tensión y el escepticismo

Por Témoris Grecko / Ramala (publicado en La Nación, de Buenos Aires. 21/sep/2011)

 

Se inició una semana que inyectará movimiento a un proceso que parecía indefinidamente estancado. Se supone que es de paz, pero si no, a muchos en Ramala, sede de la Autoridad Nacional Palestina, les da casi igual: “Llevamos 20 años en esto, desde que empezaron las conversaciones, y 18 años desde que se firmaron los acuerdos en Oslo”, dice Amr Abdel Nasr, un veterano miembro de Fatah, el principal partido palestino. “¿A dónde nos condujo todo esto? ¿Tenemos Estado, alguna forma de independencia? ¿Han dejado de construir asentamientos en nuestras tierras? Fue una gran trampa en la que caímos, y ahora nos están diciendo de nuevo que esperemos al diálogo. Como si esta vez sí quisieran ser serios”.

 

El viernes próximo, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP, un gobierno que debía ser transitorio y abrirle camino a un Estado palestino que sigue sin llegar), Mahmoud Abbas, dará un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, tras lo cual presentará la solicitud para ser admitido como Estado miembro de pleno derecho.

 

Que no prosperará: debe ser aprobada por el Consejo de Seguridad y Washington ha adelantado su veto. Regresará entonces a la Asamblea General, donde una mayoría –con la que los palestinos parecen contar– puede elevar el estatus de la ANP, que actualmente tiene el de “entidad observadora”, al que ostenta el Vaticano, de “Estado observador”: esto significaría que la ONU reconoce a Palestina como Estado, dentro de las fronteras del armisticio de 1948.

 

El estatus de Israel también cambiaría: pasaría entonces de dominar unos “territorios” a ser el ocupante de otro Estado; la permanencia de 500 mil de sus ciudadanos en tierra ajena sería ilegal; el encarcelamiento sin juicio de miles de civiles palestinos se convertiría en un crimen de guerra; y los enfrentamientos con las milicias palestinas serían actos bélicos.

 

Palestina podría ingresar como Estado en organismos internacionales, tales como la Corte Criminal Internacional, y denunciar ahí a Israel. Los dirigentes políticos y militares israelíes y los colonos israelíes en Cisjordania, muchos de los cuales nacieron o tienen parientes en otros países que suelen visitar, como Estados Unidos, podrían enfrentar órdenes internacionales de detención y verse obligados a encerrarse en Israel. Sus bienes podrían ser incautados.

 

El presidente Abbas ha enfrentado presiones “como nunca antes”, según sus propias palabras. Estados Unidos amenazó con que, si el palestino persiste en su empeño, suspenderá la ayuda anual que entrega a la ANP, cercana a los 500 millones de dólares. Los ministros israelíes barajan públicamente un arsenal de sanciones: desde cancelar la entrega de los impuestos aduanales que cobra en representación de la ANP, que suman alrededor de 400 millones de dólares al año, hasta desconocer los acuerdos de Oslo, que permiten que la ANP administre un 19% de Cisjordania.

 

“El Estado de Israel firmó los acuerdos de Oslo con la Organización para la Liberación de Palestina, que creó la ANP”, recordó Danny Ayalon, viceministro israelí de Exteriores, a una conferencia de donantes en Viena este lunes. “Israel no tendrá absolutamente ninguna obligación hacia un así llamado Estado palestino”.

 

La inteligencia israelí, sin embargo, y potencias occidentales han advertido que sanciones extremas dejarían a la ANP sin presupuesto y provocarían su derrumbe, lo que forzaría a Israel a reconquistar las ciudades palestinas y provocaría un retorno al caos y el terrorismo. El diario israelí Haaretz reportó que, pese a las amenazas que han lanzado sus diplomáticos, el propio presidente Barack Obama advirtió que si Israel “suspende la cooperación de seguridad con la ANP sólo se estaría hiriendo a sí mismo”.

 

Los palestinos no parecen tan asustados. El lunes, tras su arribo a Nueva York, Abbas advirtió que se aproximaban “tiempos difíciles” para su pueblo. Una encuesta publicada el domingo indica que un 84% de los ellos apoya la solicitud ante la ONU, a pesar de que un 90% y un 87% creen que esto provocará “reacciones rigurosas” de Israel y de Estados Unidos, respectivamente.

 

“No nos pueden pedir que sigamos creyendo, quieren que les tengamos fe a las piedras”, explica Tarek Yusuf Salah, alumno de derecho de la Universidad Birzeit.

 

Los diplomáticos palestinos se han quejado de que, para persuadirlos de olvidarse de la ONU, los estadounidenses les presentaron un proyecto de declaración que parecía una burla: no mencionaba los asentamientos israelíes ni el futuro de Jerusalén y de los refugiados, e incluía la exigencia de reconocer a Israel como Estado judío.

 

Sobre el campo, la tensión se incrementa. Los palestinos han convocado a una campaña de protestas para apoyar la solicitud de membresía. La plaza Al Manara, centro geográfico de Ramala, es escenario de eventos que hasta el momento parecen descoordinados y espontáneos: grupos de mujeres, de estudiantes, de trabajadores o de militantes de Fatah aparecen por alguna de las calles y celebran pequeños mítines que, aunque alteran el tráfico, reciben el apoyo a bocinazos de los conductores.

 

Se ha convocado a manifestaciones en los centros urbanos palestinos para el miércoles por la mañana, y el viernes por la tarde, mientras Abbas habla ante la Asamblea General, habrá actos masivos.

 

En otras partes de Cisjordania, se suceden pequeñas escaramuzas con colonos israelíes, como la que ocurrió el viernes en la aldea árabe de Qusra. Un grupo de israelíes extremistas penetró en la población y, en el enfrentamiento resultante, uno de sus miembros fue herido de arma blanca, a lo que respondió disparando contra su rival. Ambos sobrevivieron.

 

Son sólo los primeros vientos que anticipan una tormenta muy anunciada.

 

El ejército israelí filtró a la prensa un documento en el que se dice que está entrenando y armando a los comités de seguridad de los colonos para que enfrenten ataques palestinos, y que se han establecido dos líneas virtuales alrededor de los asentamientos: si los manifestantes cruzan la primera, serán atacados con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento y “agua de zorrillo”, un líquido extremadamente apestoso que se rocía con cañones sobre la gente.

 

Si pasan la segunda, les dispararán en las piernas.

 

Los colonos, por su parte, han difundido fotos en las que realizan ejercicios de confrontación: jóvenes armados simulan darles palizas a otros disfrazados de palestinos.

 

Las marchas han comenzado ya, sin embargo. Hasta el momento, sin víctimas: el sábado, mujeres árabes y otras judías realizaron una protesta conjunta en el control de Qalandia, una especie de puesto fronterizo entre Jerusalén y Ramala. Las fuerzas israelíes se limitaron a cerrar el paso para evitar que los dos grupos se reunieran. “Es la primera manifestación en tres años de la que no regreso sofocado por el gas lacrimógeno”, festejó el estudiante Salah.

 

Nadie espera que se mantenga el tono en los siguientes días. Los colonos israelíes han difundido fotos en las que realizan ejercicios de confrontación: jóvenes armados simulan darles palizas a otros disfrazados de palestinos. También han anunciado que, antes que esperar a que los palestinos se acerquen a los asentamientos, serán ellos quienes marchen sobre las poblaciones árabes.

 

Además hay preocupación porque grupos palestinos radicales tratarán de aprovechar las protestas para provocar enfrentamientos con los colonos y los soldados. La ANP ha girado órdenes de que la policía palestina impida que sus compatriotas entren en zonas complicadas. La experiencia indica que es bastante difícil conseguirlo.

 

A pesar del conflicto inminente, en las calles de Ramala no se siente temor, ni por las incertidumbres del futuro, ni por la amenaza de la violencia. “Durante seis décadas nos han hecho todo lo que han podido”, señala el veterano Nasr. “¿Con qué nos van a asustar ahora?”