Tag Archives: Israel

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Franja de Gaza: Tregua de cristal

Por Témoris Grecko / Barcelona (publicado en la revista Proceso 25-nov-2012) Aterrorizado en su hogar de la ciudad de Gaza, el ingeniero mecánico palestino Ahmed al Arabi habló con Proceso vía telefónica, al mediodía del miércoles 21. Su barrio, Tel El … Continue reading

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Dahiya on Gaza

Many influential Israelis are calling their army to implement “dahiya” in a land attack on Gaza. But what’s Dahiya? Here’s Wikipedia: “The doctrine is named after a southern suburb in Beirut with large apartment buildings which were flattened by the … Continue reading

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Invading Gaza

Reuters’ Dan Williams looks at how a ground invasion of Gaza would be different from Operation Cast Lead four years ago: Big armored bulldozers with blades tall enough to plow through houses and carve a path for tanks and infantry … Continue reading

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Israel-Irán: Signos de guerra

Por Témoris Grecko / Beirut (publicado en Proceso, 13 de noviembre de 2011) El último reporte del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sobre el programa nuclear iraní, presentado el martes 8, no destaca tanto por sus hallazgos como … Continue reading

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Palestina-Israel: cuando los extremos se tocan

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 21-oct-2011) La liberación del soldado israelí de 25 años Gilad Shalit, el martes 18, después de sufrir un secuestro de cinco años y cuatro meses a cargo de la milicia islamista palestina Hamás, y de … Continue reading

Palestina: La Intifada que viene

Por Témoris Grecko (publicado en Proceso, 4 de agosto de 2011)

El ejército israelí está preparando sus unidades militares y a los comités civiles de seguridad de los asentamientos judíos en Cisjordania para enfrentar “desórdenes masivos”, a partir del día 20 de septiembre, como parte de las movilizaciones que se preparan en apoyo de la solicitud de incorporar a Palestina como Estado miembro de las Naciones Unidas. Ya el 8 de agosto, el ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman, había asegurado que los palestinos planeaban causar “derramamiento de sangre como nunca antes hemos visto”.

Un documento filtrado el martes 30 de agosto indica que desde hace semanas los soldados están entrenando a los grupos de colonos y entregándoles granadas de aturdimiento y gas lacrimógeno, los cuales podrán ser utilizados contra los manifestantes si ellos traspasan delimitaciones trazadas en mapas alrededor de los asentamientos; un segundo grupo de líneas, igualmente invisibles sobre el terreno, pero llamadas “rojas”, marcará las áreas en las que los soldados dispararán contra las piernas de los palestinos que las invadan.

Esta información acompaña a una serie de advertencias encaminadas a desmotivar a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en su esfuerzo por obtener el reconocimiento del organismo internacional: el gobierno israelí está retrasando la entrega de 380 millones de shekels (106 millones de dólares) que debe a la ANP por las cuotas aduanales que recaba en su nombre, mientras que Estados Unidos ha amenazado con “medidas punitivas” si los palestinos presentan su solicitud a la ONU, como cortarles la ayuda financiera que les da, equivalente a un 12% del presupuesto de la ANP.

RETOS PARA NETANYAHU

El gobierno israelí del primer ministro Binyamin Netanyahu enfrenta este reto en un momento complicado: internamente, un enérgetico movimiento civil inspirado en la insurrección egipcia de la plaza Tahrir y en la de los “indignados” de la madrileña Puerta del Sol (y que el 12 de agosto sacó 300 mil personas a las calles en varias ciudades israelíes, en un país de sólo 7 millones de habitantes), ha exigido una serie de reformas para reducir la creciente brecha entre ricos y pobres, y al cierre de esta edición se proponía superarse a sí mismo en una “Marcha de un Millón” de israelíes, convocada para el sábado 2 de septiembre.

En otro flanco, aparece la crisis desatada en la franja de Gaza el 18 de agosto, cuando un comando del grupo palestino Comités de Resistencia Popular se infiltró en el Sinaí egipcio y, por esa ruta, en territorio israelí, donde atacó vehículos civiles y militares. Así pudo matar a ocho personas y herir a 40, a cambio de perder a 10 de sus miembros. A eso siguieron diez días de ataques aéreos israelíes respondidos por lanzamientos de cohetes artesanales palestinos, que dejaron 26 muertos en Gaza y uno en Israel.

Tras una serie de declaraciones de cese el fuego, se impuso una tensa calma que nadie se atrevía a asegurar que duraría. La consecuencia más grave para Israel, sin embargo, fue el daño a las relaciones con Egipto. La alianza con este país árabe, cimentada en los acuerdos de Camp David de 1977, mediante los que Israel devolvió el Sinaí a cambio de seguridad en su frontera sur, parece estar amenazada desde la caída del dictador Hosni Mubárak, el 11 de febrero. Aunque el depuesto mandatario fue reemplazado por una junta militar compuesta por sus propios compañeros de armas, el proceso político que impulsó la revolución de la plaza Tahrir fuerza a los oficiales a ser más sensibles al estado de la opinión pública.

Ese 18 de agosto, según la versión egipcia, las unidades israelíes que perseguían a los comandos palestinos invadieron territorio del Sinaí y mataron a seis soldados y policías egipcios que defendieron la frontera. El gobierno israelí no admitió responsabilidad directa pero prometió una investigación. Tras un momento de mostrar dientes, en el que la junta militar egipcia amenazó con retirar a su embajador en Tel Aviv, el primer ministro Netanyahu realizó el inusual gesto de admitir que “lamentaba” las muertes egipcias, tras lo cual un enviado suyo fue secretamente a El Cairo para limar asperezas.

Ambos gobiernos llegaron a un arreglo sorprendente: aunque el Sinaí está bajo soberanía egipcia, Israel sólo accedió a firmar los acuerdos de Camp David sobre la base de la desmilitarización de la zona, que es patrullada por una fuerza internacional y monitoreada desde el aire por los estadounidenses. Sin embargo, esta situación ha permitido que prolifere una serie de bandas armadas, desde criminales y tribus beduinas fuera de control hasta grupos islamistas y organizaciones radicales palestinas. El ataque del 18 de agosto convenció a los israelíes de la urgencia de imponer cierto tipo de control. Por ello accedieron a permitir que Egipto despliegue varios miles de soldados en el Sinaí, aun a sabiendas de que no los retirará en el futuro. “A veces tienes que subordinar las consideraciones estratégicas a las necesidades tácticas”, explicó a la prensa el ministro israelí de Defensa y exprimer ministro, Ehud Barak.

Estos entendimientos, sin embargo, no convencieron en las calles egipcias, que mantienen la presión sobre una junta militar que ya tiene suficientes problemas con sus gobernados. Multitudes acudieron a la embajada de Israel para exigir la toma de represalias y un albañil, Ajmed al Shajat, se convirtió en héroe popular, ahora apodado “Flagman”, cuando evadió a los soldados que protegían la sede diplomática, escaló por sus muros hasta la azotea y bajó la bandera de la Estrella de David para izar después la egipcia. Un candidato presidencial, Amr Moussa, quien hasta principios de año fue secretario general de la Liga Árabe, quiso resumir el sentimiento de los egipcios: “Israel y cualquier otro país debe entender que el día en que mataban nuestros hijos sin una respuesta fuerte y apropiada, ha quedado atrás y no regresará”.

LA APUESTA PALESTINA

Es la propia Liga Árabe la que ha pedido el ingreso de Palestina a la ONU, en representación de la ANP. Está descartado que pueda tener éxito, ya que la admisión de nuevos miembros tiene que ser aprobada por el Consejo de Seguridad del organismo y el gobierno del presidente Barack Obama ya ha anunciado que interpondrá el veto de Estados Unidos.

La verdadera apuesta de los palestinos es por su plan B, sin embargo. Desde 1998, la ANP tiene en la ONU un estatus especial, intermedio entre los Estados y los observadores no estatales (es decir, organizaciones internacionales como la Cruz Roja). La Asamblea General de la ONU puede elevar su estatus al de Estado no-miembro observador, igual al que ostenta Ciudad del Vaticano, y que implicaría el reconocimiento de la ONU a Palestina como Estado independiente.

Los diplomáticos palestinos afirman contar con el apoyo de 124 de los 193 Estados miembros, una mayoría suficiente que debería aprobar este cambio durante los debates de la Asamblea General que tendrán lugar entre el 21 y el 30 de septiembre.

El 26 de agosto, Saeb Erekat, jefe de negociadores de la ANP, declaró que el cónsul de E.U. en Jerusalén amenazó con el retiro de la ayuda de su país a la Autoridad Palestina (470 millones de dólares al año, 12.5% de su presupuesto anual de 3,700 millones), entre otras “medidas punitivas”, si ésta sostenía su solicitud.

No se puede esperar, tampoco, que el gobierno de Israel acceda a llegar a un acuerdo que permita la pronta creación del Estado Palestino. Netanyahu y su gabinete han rechazado las presiones de Obama para crear condiciones mínimas para el diálogo, como congelar la expansión de los asentamientos en los territorios ocupados que deberían convertirse en el nuevo país.

Los críticos de la maniobra en la ONU afirman que, aunque tenga éxito, no será más que un gesto simbólico inútil. Uno de ellos es el actual primer ministro de la ANP, Salam Fayyad, quien dijo el 7 de febrero al diario The Jerusalem Post que la estatalidad palestina “no será algo que les ocurrirá a los israelíes ni algo que les ocurrirá a los palestinos, es algo que crecerá en ambos lados como una realidad”.

AGUA DE ZORRILLO

El presidente Mahmoud Abbas, sin embargo, prefiere ir por este camino y para ello logró en mayo pasado un acuerdo de reconciliación con Hamás, el partido islamista que se apoderó de Gaza por la fuerza en 2007 y sin cuya colaboración serían poco creíbles los esfuerzos palestinos.

Bajo el eslogan “Palestina 194” (Sudán del Sur, último Estado miembro admitido en la ONU, fue el 193), líderes de todo el arco palestino, desde Abbas hasta su opositor Marwan Barghouti (encarcelado en Israel), convocaron a una serie de movilizaciones que empezarán el 20 de septiembre con una gran marcha. “Habrá actividades en todos lados”, dijo Wasel Abu Yousef, del Frente de Liberación Palestina, “contra el muro, contra los asentamientos (judíos) y contra la ocupación. Queremos escalar todas las protestas populares”.

“Millones deben salir”, pidió Yasir Abed Rabbo, asesor del presidente Abbas y miembro de la ANP, antes de aclarar que se tratará de “un movimiento popular pacífico” en el que “no se arrojará ni un piedra ni siquiera una flor”.

No todos están de acuerdo. Seguidores de Barghouti dijeron a Proceso, en una visita a Cisjordania en abril, que el objetivo sería generar una tercera intifada (revolución popular; las anteriores, de 1987-93 y 2000-04, terminaron con derrotas palestinas). En mayo, Israel logró que Facebook cerrara una página de activistas que pedía una tercera intifada, pero desde entonces han aparecido varias más. “Es improbable que (las directivas de la ANP) sean asumidas por los activistas de base, involucrados con los comités populares”, dijo a este semanario Aleks Kane, un periodista estadounidense que cubre Cisjordania desde Amán, Jordania. “Una confrontación entre la ANP y (activistas) palestinos parece probable y de hecho hay precedentes”.

La ANP ordenó el 5 de agosto a sus fuerzas policiacas que eviten confrontaciones de los manifestantes con los colonos judíos y circunscriban las marchas a los centros de las ciudades palestinas.

El ejército israelí no se confía, sin embargo, como demuestra el documento filtrado el martes a través del diario Ha’aretz. Se prevé que las protestas incluyan “marchas hacia las principales intersecciones, comunidades israelíes y centros comunitarios, y esfuerzos para dañar símbolos del gobierno. También podría haber casos más extremos como disparos desde dentro de las manifestaciones o incluso incidentes terroristas”. Por eso, prepara unidades militares, entrena y arma civiles e incluso, tiene preparados 200 mil litros de “agua de zorrillo” extremadamente apestosa, para disparar con cañones sobre la gente. Además de haber lanzado la advertencia: quien pase alguna de las líneas rojas alrededor de los asentamientos será recibido a balazos.

Israel, en medio del huracán árabe

Por Témoris Grecko / Tel Aviv

Publicado en PROCESO (17/4/2011)

El bullicio de especulaciones en Israel es similar al que surge en este país cuando parece que está a punto de ir a una guerra. Abundan las hipótesis para explicar qué sentido tiene la sangrienta serie de hechos de violencia que inició el 11 de marzo, con el asesinato de una familia de colonos judíos en Cisjordania y que hasta el miércoles 30 continuaba con bombardeos de represalia en la franja de Gaza, con saldo provisional de 41 muertes hasta el martes 12.

Y se discute abiertamente si el ejército va a reeditar muy pronto la Operación Plomo Fundido (con la que atacó y bombardeó Gaza durante 22 días en diciembre de 2008 y enero de 2009, con saldo fatal de 1400 palestinos–más de la mitad eran civiles– y 13 israelíes –10 de ellos soldados–, en un esfuerzo de derrotar a la milicia islamista Hamás, que sigue controlando la zona), cuáles serían los beneficios y cuáles las consecuencias negativas. “Puede ser que tengamos que regresar a esa operación”, dijo Silvan Shalom, el viceprimer ministro israelí, a Radio Israel el 23 de marzo. “Lo digo a pesar de que sé que tal cosa, por supuesto, pondría a la región en una situación mucho más peligrosa”.

El martes 12 de abril, el ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, aseguró que los intentos de lograr un alto al fuego eran “un grave error”. (Lieberman estaba dándole a la radio Reshet Bet una entrevista que ganó fama instantánea: “Sabemos con quienes tratamos”, afirmó. Y se escuchó con claridad el sonido del agua que bajaba por el inodoro. “Ministro habla en vivo… desde el baño”, tituló su nota la agencia AFP.)

No sirve recordar que la última vez que Israel atacó Gaza no enfrentó graves consecuencias. Todo el mundo tiene claro que la situación geopolítica ha cambiado dramáticamente a raíz de las revoluciones en los países árabes, las que han alterado de manera profunda las bases de la estrategia de seguridad nacional, y cuyas implicaciones van desde un impacto en el horizonte de progreso económico hasta el final del periodo más tranquilo que ha vivido esta nación, y que ya dura tres décadas.

Se habla de las insurrecciones de Túnez y de Libia, de Bahréin y de Yemen, pero sobre todo, de las de dos vecinos clave, el enemigo Siria y, con la mayor preponderancia, la del aliado Egipto. Para los pesimistas, la primavera árabe parece ser equivalente a un otoño israelí.

VENTAJAS POLÍTICAS Y ECONÓMICAS

Despectivo hacia sus vecinos, Israel se comparó con ellos durante décadas presentándose como “la única democracia en Medio Oriente”. En su visión, Occidente tenía que tratar con sus iguales, los defensores de la libertad, en tanto que los árabes no tenían remedio, incapaces de evolucionar para salir del autoritarismo. Una limitación política de la que, como se ve, el propio Israel era beneficiario.

“Nuestro tratado de paz con Egipto ha sido fundamental para nosotros durante 30 años”, reflexiona Shmuel Bachar, del Instituto Israel de Políticas Públicas y Estrategia. “Pero había algo llamado ciudadanía egipcia, que siempre nos esforzamos por ignorar y con lo que de pronto nos hemos topado”.

En 1948, 1967 y 1973, Israel enfrentó tres guerras contra un conjunto de enemigos cuyas poblaciones y economías combinadas eran enormemente mayores que la suya. Tuvo éxito, pero la amenaza existencial persistía. Evitar que estas coaliciones se repitieran se convirtió en un objetivo prioritario. Gracias a la mediación del presidente estadounidense Jimmy Carter, el mandatario egipcio Anuar Sadat aceptó un acuerdo en 1977, mediante el cual reconocía el derecho de Israel a existir a cambio de obtener una relación privilegiada con Washington y de la devolución de la península del Sinaí que los israelíes habían ocupado cuatro años antes.

El decidido apego de Josni Mubárak (sucesor de Sadat) al pacto garantizó su límite sur y además brindó colaboración. La firme e indispensable colaboración egipcia en la imposición del bloqueo a la franja de Gaza (que es la operación no bélica igualmente destinada a destruir a Hamás) es algo que muchos de sus críticos han preferido no comentar.

La frontera más larga de Israel, a lo largo del río Jordán, quedó igualmente asegurada cuando el inicio del diálogo con los palestinos, a razíz del proceso de Oslo iniciado en 1993, facilitó que Jordania también firmara un tratado.

Sólo faltaron el pequeño, fragmentado y débil Líbano, al norte, y el límite noreste con Siria, cuya montañosa región del Golán está bajo ocupación israelí (lo que les da ventaja militar), y que tiene una dictadura cuyo ladrido ha sido tan sonoro como inexistente su mordida.

Desde la fallida invasión de Yom Kippur en 1973, Israel no ha vuelto a padecer en su territorio ataques militares, con la excepción de los desatinados misiles Scud que lanzó el ejército iraquí de Sadam Huséin durante la primera guerra del Golfo, en 1991. Y el periodo de golpes terroristas se acabó a raíz de que la Autoridad Nacional Palestina actuó para detenerlos e Israel se cubrió con un extenso muro “de protección” con el que, además, se anexiona grandes segmentos de tierras palestinas.

La sensación de inestabilidad es algo con lo que los israelíes nacieron y crecieron. Dentro de ella, no obstante, la paz y la colaboración con Egipto y Jordania les dieron un espacio de confort en estas tres décadas. Que les permitió, además, desarrollar el país, como explica el general retirado Giora Eiland, quien antes encabezó la oficina de planeación del ejército israelí: “Es difícil imaginar la prosperidad económica de Israel sin la caída en el presupuesto de defensa, que representaba más del 30% del producto interno bruto antes de 1979. Después del tratado de paz con Egipto, bajó al 7%”.

ESPIRAL DE VIOLENCIA

Para la derecha israelí, no existe manera de encontrar signos positivos en la remoción del ahora expresidente egipcio Josni Mubárak, ocurrida el 11 de febrero. “La revolución egipcia eliminó un régimen que definía el interés nacional como tener una política anti-Hamás”, afirma Barry Rubin, director del Centro de Investigación Global sobre Asuntos Internacionales.

Las posibles alternativas post-Mubárak, según Rubin, son los islamistas de Hermanos Musulmanes, los nacionalistas y los liberal-demócratas, pero afirma que es indistinto pues todas favorecerán a los islamistas: “Hermanos Musulmanes ve a Hamás como su aliado más próximo y quiere que destruya la Autoridad Nacional Palestina así como quiere que destruya Israel. Los nacionalistas apoyan a Hamás como parte de la lucha general de los árabes contra Israel. Y los liberal-demócratas la apoyan porque saben que es una postura muy popular en la opinión pública egipcia”.

De manera parecida, los conservadores israelíes no tienen duda de que los incidentes violentos del mes de marzo son una maniobra para provocar a Israel y empujarlo a volver a atacar Gaza.

El 11 de marzo, Ehud y Ruti Fogel, un matrimonio del asentamiento judío de Itamar, cerca de la ciudad de Nablús, en Cisjordania, fue apuñalado en su casa junto a sus tres pequeños hijos, de 11 y 4 años, y de tres meses. Ningún grupo se responsabilizó del ataque. El gobierno israelí prometió que “un puño de hierro caerá sobre los asesinos” y que se construirían cientos de casas de colonos en los territorios ocupados.

El 16 de marzo, un cohete lanzado por Yijad Islámica (una facción fundamentalista cercana a Irán y rival de Hamás) desde Gaza cayó en una zona desierta en el sur de Israel, y de inmediato, aviones israelíes bombardearon Gaza y mataron a dos activistas de Hamás. Un portavoz de esta milicia dijo al International Crisis Group que la respuesta violó “las reglas razonables del juego: que cuando los proyectiles palestinos golpean áreas abiertas, Israel apunte a áreas abiertas”.

El 19 de ese mes, más de 50 granadas de mortero cayeron sobre Israel, el mayor número desde la Operación Plomo Fundido. De inmediato, disparos israelíes mataron a dos palestinos que, dijo el ejército, se habían aproximado a una zona prohibida, y otros cinco fueron heridos por balas de tanque.

Los intercambios de fuego siguieron durante los días 20 a 23, con saldo de nueve muertos y 18 heridos palestinos. Esto incluye a un anciano y tres adolescentes que jugaban futbol afuera de su casa cuando los alcanzó el proyectil de un tanque. Esa tarde, una bomba colocada en una cabina telefónica en Jerusalén, mató a una mujer (una británica predicadora de la Biblia) e hirió a 25 personas. Esta acción no fue reivindicada.

El 26, Hamás dijo haber logrado que Yijad Islámica, una facción rival, aceptara suspender el lanzamiento de misiles “mientras Israel mantenga el cese al fuego”. Pero al día siguiente, un avión israelí mató a dos palestinos en un coche en el norte de Gaza (el gobierno dijo que planeaban disparar un cohete) y el 30, un ataque aéreo acabó con un palestino e hirió a otro cuando ambos viajaban en una motocicleta al sur de la franja.

Hasta esa fecha, el balance de muertes era de tres adultos (incluida la británica) y tres menores para Israel, y 13 adultos y tres menores para los palestinos. Pero sólo en el pico más reciente de la escalada, entre el jueves 7 y el domingo 10 de abril, a raíz de que un misil palestino impactó un autobús escolar israelí y dejó a un adolescente grave, las represalias del ejército mataron a al menos 19 palestinos e hirieron a unos 70 más.

“La comunidad internacional entera debería plantarse frente a un ataque terrorista contra civiles y condenarlo sin ambages”, dijo el presidente israelí Shimon Peres el martes 12, ante los príncipes de España. Le resultó fácil ignorar de qué lado está la inmensa mayoría de las víctimas.

LAS HIPÓTESIS DE LA ESCALADA

La prensa israelí ha publicado diversas hipótesis para explicar lo que está ocurriendo, que se pueden resumir en tres variantes:

-Hamás está envalentonada por la caída de Mubárak y quiere provocar un ataque contra Gaza que indigne a la opinión pública egipcia, lo que beneficiaría a Hermanos Musulmanes en las elecciones que tendrán lugar en septiembre.

-Una facción interna de Hamás (con apoyo de Yijad Islámica) trata de crear tensiones para sabotear el diálogo de Hamás con la Autoridad Nacional Palestina, destinado a reconciliar a las organizaciones palestinas.

-Irán y/o Siria están utilizando a Yijad Islámica para provocar una guerra. Teherán se beneficiaría desestabilizando a Israel y a la cúpula militar en Egipto, mientras que el régimen de Bashir Assad lograría debilitar al creciente movimiento opositor sirio con un llamamiento a la unidad contra Israel, y además distraer a la comunidad internacional mientras reprime a sus disidentes.

Los periodistas israelíes, sin embargo, también han señalado que el origen del problema podría estar en Israel. Como Alex Fishman, del diario derechista Yediot Ahronot, escribió el 24 de marzo que la insistencia del ejército israelí en que no quiere una escalada bélica se contradice con los ataques mortales que realiza contra sus enemigos: “Un asesinato selectivo no es sólo otro paso en una espiral descontrolada de deterioro. Es la evidencia clara de una escalada planificada”.

En el liberal Ha’aretz, por su lado, Amos Harel and Avi Issacharoff explican que Hamás “tiene de hecho buenas razones para creer que Israel es el que está calentando el frente sur. Empezó con un bombardeo hace varias semanas que impidió la transferencia de una gran suma de dinero de Egipto a Gaza, continuó con el interrogatorio del ingeniero de Hamás Dirar Abu Sisi (quien está a cargo de la principal estación eléctrica en Gaza y fue secuestrado en Ucrania) y siguió con el ataque contra un campo de entrenamiento de Hamás en el que murieron dos militantes”.

Un informe del International Crisis Group indica que los cambios en los equilibrios internacionales hacen que a Israel no le convenga “inflamar la situación, y además sabe que lo último que el gobierno de Estados Unidos quiere es una guerra israelo-palestina que afecte negativamente otros desarrollos regionales”, en referencia a las insurrecciones en varios países aliados y enemigos.

En una actualización urgente, no obstante, el ICG advierte que también en las semanas anteriores a la Operación Plomo Fundido había esta reluctancia de Hamás e Israel a entrar en guerra, “pero ahora, como entonces, la combinación de bajas civiles, los eventos regionales y la continuada paralización de la política palestina han creado las condiciones para un rápido deterioro hacia el tipo de enfrentamiento que ninguna de las partes busca, para el que ambas se han preparado con cuidado y del que ninguna se retirará rápidamente”.

Barry Rubin y otros derechistas creen que “la revolución egipcia ha hecho inevitable otra guerra con Hamás”, mientras que importantes líderes políticos, como Tzipi Livni (presidenta del partido centrista Kadima, el principal de la oposición), están llamando a atacar a “Hamás con fuerza, como hizo Israel durante la Operación Plomo Fundido”.

Es una paradoja que el gobierno ultraderechista del primer ministro Binyamin Netanyahu sea, en cambio, el que hasta el momento se siga mostrando poco favorable a la escalada, como señala el analista de izquierda Dimi Reider: “Sigo prefiriendo un gobierno débil de derecha, que necesita demostrar que es responsable, a un gobierno fuerte de centro, que necesita probar que es duro. Livni ya estaría a medio camino demoliendo Gaza”.

Interrógame otra vez

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, enero de 2011

***

Hay muchos países en donde ser periodista es equivalente a ser persona muy, pero muy non grata, y naturalmente suelo inventarme otra profesión. Antes solía presentarme como “diseñador de páginas web” –no sé por qué me parecía divertido–, hasta que el cónsul iraní en Tashkent (Uzbekistán) suspiró: “¡Alá te ha enviado! ¡Justo ahora que estamos atorados con la nuestra!”

 

Sólo la bondad de Alá hizo que me creyera que los polvos contaminados del desaparecido Mar de Aral amenazaban con provocarme conjuntivitis, por lo que era mejor dejar que mis ojos descansaran.

 

Después de eso, oficialmente pasé a ser profesor de historia.

 

Escribo esto aquí porque los servicios de inteligencia de aquellos lejanos países no suelen rastrearme hasta acá fuera de temporada, es decir, cuando no está pasando algo gordo y yo lo estoy cubriendo. Cierta inmensa nación asiática, por ejemplo, me sigue dando visados, a pesar de algunas cositas que escribí. Eso me hace pensar que no las leyeron o que les parecieron poca cosa. Lo cual no ha agravado –debo añadir– mi problema de déficit de atención. Está bien así.

 

Y lo escribo también porque los que sí es posible que rastreen a muchos visitantes pues, en fin, ya deben saber a lo que me dedico. Antes de ir por primera vez a Israel, ya me habían advertido: “Diles toda la verdad, que no se te escape nada, porque ellos sí te googlean [si las academias de la lengua aceptan o no este término, me da igual]. Y seguramente tienen acceso a bases de datos que no quieres ni saber”.

 

El asunto cobraba aún más importancia al considerar que no había de otra: cualquier viajero tiene el riesgo de que lo sometan a un interrogatorio cuando ingresa a Israel, pero los bonitos sellos en mi pasaporte garantizaban que a mí sí que me iban a sentar debajo de la lámpara de 200 watts: los había de Líbano, Siria, Irán… países que no es exactamente que se piquen el ombligo con Tel Aviv.

 

Iba preparado para todo. Para enfrentar a un oficial de inteligencia de dos metros, y hablarle honesta y coherentemente para evitar contradecirme. No fue capaz de distraerme un fanático religioso (una especie animal que es endémica en todo el mundo pero cuyos ejemplares más raros suelen confluir en Jerusalén) que, él también a la espera de ser interrogado, aprovechó el tiempo para arrodillarse frente a mí, tomar mis manos entre las suyas y asegurarme que dios me había puesto ahí, en esa situación, para que conociera su verdad a través de sus labios.

 

Lo metieron pronto al cuartito. Y lo dejaron ir rápido: supuse que el oficial de dos metros estaba más que acostumbrado a estos especímenes y probablemente harto de ellos.

 

Me llamaron. Y el agente de turno resultó ser… una chica preciosa de unos 20 años, con una gran sonrisa, cabellera rubia y rizada que caía por su espalda casi hasta la cintura, y un uniforme verde militar que de alguna forma se ceñía detalladamente bien a su cuerpo.

 

Con interrogadoras así… uno podría pedir más.

 

No ocurre lo mismo en otros países, lamentablemente. Ni es el mismo procedimiento. Hay algunos en donde les preocupa más cuando te marchas que cuando llegas. Como el propio Israel, si vas a subirte un avión: la última vez tuve que pasar por siete controles, sólo porque al principio, cuando revisaron todo mi equipaje, hallaron una khafiya (el pañuelo que usan los beduinos y árabes de Levante, famoso por los palestinos, de moda en España desde hace diez años y que ahora se está haciendo popular en algunos países latinos) de color negro. “¡Sabes lo que esto significa!”, gritó más que preguntó el tipo. “¿Que a los beduinos no les gusta tostarse la cabeza en el desierto?”, respondí.

 

Bueno. No es cierto. Me hubiera gustado, pero si uno quiere subirse al avión, tiene que aguantar los desplantes de los idiotas. Semanas antes, al tratar de subirme a un tren, otro guardia israelí que vio mis simpáticos sellos en el pasaporte me había preguntado si, en Líbano o Irán, “¿alguien te dio un paquete?, ¿un regalo?, ¿una bomba?”. Claro que sí, burro. Y te lo digo ahora.

 

En fin, se preocupan mucho. Como los chinos. Pero ellos no por los actos terroristas, sino porque puedas sacar imágenes de cómo oprimen a sus minorías. Alguien me había advertido que revisarían mis cámaras al salir de Xinjiang (la provincia china de mayoría musulmana que sufre una situación como la del Tíbet) hacia Kirguistán. Así es que grabé fotos y videos en varios DVD que quise enviar por correo. “Hoy no se puede”, me dijo la amable señorita. Y eso fue mi buena suerte. “Es que faltó el encargado de inspeccionar los discos”.

 

Al final, los tuve que sacar por la frontera. El guardia chino me pidió que le mostrara lo que había en mi cámara de fijas. Yo la había llenado de fotos costumbristas de las actividades cotidianas de los uigures, el grupo étnico mayoritario en Xinjiang, por cuya cultura los chinos no sienten un gran respeto. El hombre se aburrió y quiso mirar la de video. Uigures haciendo pan, vendiendo chivos, saludando en la calle. Treinta segundos y el chino me indicó que me fuera con gesto de asco. Los DVD estaban en la bolsa de mi chamarra.

 

Para entrar, igualmente, no faltan los pesados. Curiosamente, no me han dado tanta lata en los países autoritarios como en los democráticos. Por ejemplo, cuando estudiaba en España y tenía tarjeta de residente, quise pasar de Suiza a Italia y los guardias dijeron que ese documento no bastaba, tenía que mostrarles el pasaporte porque Suiza no era Europa. Algo deben tener los suizos porque, tras volar de Zürich a Budapest, una funcionaria húngara me revisó hasta la ropa sucia en busca de drogas… como si fuera negocio sacar cocaína de la rica Suiza para meterla en la pobre Hungría. La ruta del narcotráfico corre al revés.

 

En Australia y Nueva Zelanda se ponen duros con los productos orgánicos que uno quiere introducir. Antes de inmigración, hay que superar el control biológico. Y se entiende, porque ellos han metido la pata fatalmente. Ideas lindas, como traer conejitos, se les han convertido en plagas gigantescas e incontrolables, que han arrasado con la flora y la fauna locales. Pero me pareció que los australianos se pasaban un poco cuando me confiscaron unas barritas integrales, de marca archiconocida, que había comprado horas antes en Los Ángeles.

 

Tal vez los más insoportables entre los que he encontrado –y sé que con esto no descubro el hilo negro— son los guardias en Estados Unidos. No todos, claro está, no han faltado los simpáticos y comedidos. Pero es que los que son pesados, lo son en serio, te lo hacen sentir, lo disfrutan, tal vez a sabiendas de que abusan de sus tres minutos de poder de forma tan exagerada que quedan en ridículo, y no les importa.

 

Además, carecen de toda gracia. Lo contrario de la guapa chica israelí que me interrogó. No me sorprendería que su encanto fuera parte del truco. Porque me relajé. Se me olvidó de qué se trataba. Aunque venía preparado, antes de que me diera cuenta, la bonita ya me había hecho contradecirme con cosas tontas. Sin perder la sonrisa. No sé si le causó gracia el asunto, pero de pronto ya me había dado el visto bueno. No pedí más, por supuesto. Y entré en Israel, con la agradable imagen de sus ojos risueños y la sensación de haber pasado por tonto.

 

Madness compensation in Israel

Eden Aberjil, the exIsraeli soldier who said “I would gladly slaughter Arabs”, must be the darling of all those who try to justify Antisemitism by exposing “Jewish bloodthirstyness”. There is a Yehuda Shaul, too, and many other Israeli Jews who are commited to expose the Israeli Army savagery against Palestinians. They help to prove that you can’t judge a people by individual or even collective misdeeds. 

Shaul’s organisation, “Breaking the Silence”, published more exsoldiers’ pictures like Aberjil’s (in which they all humiliate prisoners) to show that this is not an isolated case, but a common practice. I just tried to visit his group’s webpage to take look of them and I found that it’s been “suspended”. See it here: http://www.shovrimshtika.org/

Another case of censorship, as those that have seemingly become normal in this new Israel of repression of expression?

I met Shaul back in April, he took me in a visit to Hebron and I’m trying to contact him to find out what happened. I’ll keep you guys informed.

An aggrieved Palestinian: “It’s easy to destroy life but very difficult to build it.”

Just over two years ago, when the Israeli army was bombing Gaza, we saw and heard this dramatic video: a Palestinian doctor called the Israeli Tv from his home, where two shells had just fallen and killed three of his daughters and a niece, and gravely injured a daughter and another niece. I can’t keep my eyes dry when I play it.

Now he’s published a book. I wouldn’t be surprised if it was a book full of hatred against Jewish people, calling for vengeance and the destruction of the State of Israel.

I’m really happy to share with everyone that it’s exactly the opposite. It’s title is “I shall not hate”, and it pursues reconciliation.

He says: “As Palestinians and Israelis we have failed to change course. We just continue with the same approach which aggravates, escalates and widens the gap of hatred and bloodshed. It’s easy to destroy life but very difficult to build it.”