Tag Archives: Iran

Gallery

Viajar para conocerse. Israelíes e iraníes traban amistad

Nada mejor que encontrarse con los otros para derribar los prejuicios Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica, mayo de 2012 Si la gente pudiera y quisiera viajar daríamos pasos inmensos hacia un mundo en … Continue reading

Gallery

Israel-Irán: Signos de guerra

Por Témoris Grecko / Beirut (publicado en Proceso, 13 de noviembre de 2011) El último reporte del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sobre el programa nuclear iraní, presentado el martes 8, no destaca tanto por sus hallazgos como … Continue reading

Iran murders opposition demonstrator

If there is a hell, Iran’s Supreme Leader Khamenei, President Ahmadinejad and all those pious hypocrites have booked torture chambers to receive special treatment there. Zahra Bahrami was detained for demonstrating against the Islamic regime and then falsely accussed of drug-trafficking. She was hanged today. Shame!

29 January at 14:59 ·  ·  ·  · Share
    • Maria Gąsior ‎:(((

      29 January at 15:34 · 
    • Kamilla Gruenewald murderers!

      29 January at 15:43 ·  ·  1 person
    • Núria Prat Orriols No words!!! They should be the ones hanging there, plus 9 more we all know !!!!

      29 January at 15:57 ·  ·  1 person
    • Témoris Grecko Nine more?

      29 January at 16:17 · 
    • Núria Prat Orriols Sorry, they are twelve! You know what I’m talking about, don’t you?

      29 January at 16:23 · 
    • Témoris Grecko eh… nop! but you’ve got a long black list, eh?

      29 January at 16:24 · 
    • Mary Zuñiga-Chavez They’re in a rush to silent the dissident voices, they’re afraid the fire of Egypt will get to them. :-( my thoughts are with all those heroes and their families. Thanks for sharing Témoris.

      29 January at 16:34 · 
    • Pablo Pérez Let´s hope the momentum of Tunez and Egypt lasts…

      29 January at 16:48 · 
    • Agnes Merat shame…

      29 January at 18:04 · 
    • Nematzi Rix Shame on them!

      29 January at 19:21 · 
    • Larry Roberts I just don’t know what to say. Such mixed emotions. Anger is predominant. I live in a country of huge contradictions and growing ignorance, and I often think of what will come of us. Then I become aware of these atrocities. Individuals with the courage of their convictions. Imagine that. The courage of one’s convictions resulting in death. I am but a coward in comparison………

      29 January at 21:01 · 
    • Liliana Martinez In Iran; exist and breathe is suspicious. To be a filmmaker; a crime like Jafar Panahi (he deserves jail for shoot everyday life) . I cannot expect less than this if they acussed an innocent women for drug-trafficking! I`m sick of the crap of pseudo islamic revolution!

      30 January at 00:01 · 
    • Larry Roberts

      So what is the human condition? What is the root cause of suffering and deprivation? It has been a condition of human existence from the beginning of time. It is the law of supply and demand that is used an often isolated to economics? There is a limited supply of what it takes to obtain the “life of luxury.” An air conditioned palace, the beaches of Rio, multi-million $ home on a remote lake in the pristine mountains of Montana, 750i BMW? You get the point. Those who have these things. Who are they? How did they get there?

      My lengthy hypothesis of the human condition? Not fully developed yet. However: The human condition; physiological; psychological; sociological; economical. THE evolution ergo adaptation necessary for our continued existence is regulated. Self-regulated? Supreme-being regulation? Blood descendant regulation? Every living creatures actions and reactions have a purpose.

      The accumulation of wealth in the hands of the few. The perceived “life of luxury” can be purchased. Limited supply, limitless demand.
      The human condition is adaptable. A village, a society, a common religion. Adaption to one’s place in the world. Supply/demand. Demand little i.e., food, shelter, family, safety. Adaptation.

      Armies, religious control, indoctrination, oppression, propaganda, fear. An external force exacerbating while inhibiting the adaption to the human condition.

      30 January at 00:29 · 

 

Nazanín Amirián: una iraní irreductible

Columna Fronteras Abiertas, de Témoris Grecko

Publicada en National Geographic Traveler Latinoamérica, diciembre de 2010.

***

 

Nazanín Amirián era todavía una niña cuando vio una masacre por primera vez en su vida. Ocurrió justo debajo de su casa, en una plaza de la ciudad de Firuzabad, a 60 kilómetros de la histórica Persépolis, en el centro de Irán. La gente había acudido a manifestarse contra la dictadura del Sha y el ejército disparó contra ella. Eran las siete de la mañana y la pequeña Nazanín estaba saliendo rumbo a la escuela: “Encontré zapatos y cadáveres, y había voces que se quejaban debajo de los cadáveres”.

 

Se comprometió en la causa por ganar libertades democráticas. A los 16 años se afilió a organizaciones de izquierda, para las que trabajaba en el bachillerato escribiendo consignas en las paredes, repartiendo folletos y contrabandeando libros prohibidos, hasta que las autoridades escolares la descubrieron y expulsaron. A principios de 1978, cuando las marchas de protesta se hicieron más frecuentes y violentas, su padre la envió a España. “Te van a meter a la cárcel y ahí te van a violar”, advertía.

 

Ella es uno de los personajes más apasionantes que he conocido en mis viajes. Fue en Barcelona, en junio de 2010, cuando Nazanín accedió amablemente a presentar mi libro “La Ola Verde. Crónica de la Revolución Espontánea en Irán”, sobre la crisis política post-electoral de 2009. Por coincidencia, el personaje principal de mi reportaje, una joven de 25 años, también se llama Nazanín, y la de ahora se identificó muchísimo con ella: “Me acordé de mí misma en la revolución de 1979”.

 

En buena medida, esta Nazanín parece seguir siendo la muchacha de aquellos tiempos: bajita y guapa, es entusiasta, espontánea, graciosa, sencilla. E idealista. La diferencia es que, tres décadas después, ostenta un doctorado en filosofía y es autora de 17 libros de muchos temas: literatura persa, la mujer iraní, el Medio Oriente actual, etcétera. Me regaló la hermosa edición que hizo del “Rubaiyat” de Omar Kheyyam, que ella tradujo y al que le añadió un estudio académico.

 

Con fortuna, la Nazanín de mi libro, que ahora vive en Teherán, tendrá mejor suerte política que la de Barcelona. Esta última, después de ocho meses en España, regresó a Irán y contribuyó a darle el último empujón a la dictadura del sha. Pero eran tiempos de guerra fría y las potencias occidentales temían que Irán cayera en la órbita soviética. “Washington, Londres y París decidieron apoyar al ayatolá Jomeiní”, recuerda. “Las radioemisoras occidentales eran la fuente de noticias de la oposición, y ahí reproducían los discursos de Jomeiní y lo llamaban líder de la revolución”.

 

En las primeras manifestaciones contra el sha, dirigidas por partidos laicos, las mujeres no llevaban velo. Cuando los islamistas del ayatolá empezaron a tomar el control del movimiento, en octubre de 1978, “llegaban a las marchas con miles de chadores (un vestido negro holgado que cae de la cabeza a los pies y sólo deja ver el rostro) y golpeaban con cadenas a quienes no quisieran usarlo, incluso echaban ácido a la cara de algunas porque decían que eran ‘corruptas en la tierra’”.

 

Tras la caída del sha, Jomeiní y sus secuaces se apoderaron del nuevo régimen, con la connivencia del Partido Comunista, que les había brindado su apoyo al presentarse una nueva amenaza: desde Irak, Sadam Husein lanzó una invasión. Mientras tanto, las mujeres, que habían jugado un papel fundamental en la revolución contra el sha, “descubrimos que no sólo no habíamos ganado libertades políticas: ahora nos habían quitado las libertades individuales”, dice Nazanín. Ya no se podían vestir como se les antojara. Una nueva ley las obligaba a cubrirse el cabello con un velo, so pena de recibir una multa de 800 euros (en un país con salario medio de 250 euros al mes), de cárcel por reincidencia, e incluso de pena de muerte.

 

En 1983, un agente del servicio secreto británico declaró que los comunistas conspiraban para tomar el poder con apoyo soviético. Ese mismo día, el régimen detuvo y ejecutó a miles de miembros del Partido Comunista, incluidos amigos de Nazanín, quien también militaba en él. “Quise pasar a la clandestinidad, pero no había dónde esconderse”. La única vía de escape era entrar clandestinamente en Pakistán, “pero los traficantes de personas a veces asaltaban, violaban y mataban a quienes debían sacar de Irán, o los entregaban a las autoridades”. La joven de 23 años pensó que “era mejor morir en la frontera que ser torturada en la cárcel”.

 

Consiguió salir y volar al aeropuerto barcelonés de El Prat, donde el jefe de migración la acusó a ella y a sus compañeros de ser terroristas y quiso enviarlos de regreso a Irán. Montaron una huelga de hambre, consiguieron la atención de la opinión pública, del parlamento catalán y del presidente Felipe González, y fueron admitidos.

 

Nazanín se las arregló para trabajar lavando platos, estudiar ciencias políticas hasta alcanzar el doctorado, y además realizar actividades con respecto a su país, como organizar manifestaciones y publicar el boletín semanal “Irán Actual”. Hoy es profesora en dos universidades y da cursos en varias más

 

Sin embargo, la otra Nazanín, la que describo en mi libro, y millones de mujeres iraníes siguen atrapadas allá, sujetas a la opresión de la dictadura religiosa. “No logran someterlas”, acota la Nazanín de Barcelona. Recuerda entonces que, en la historia del pueblo persa, la participación femenina en la vida pública ha sido intensa. La Organización Democrática Internacional de la Mujer, primera agrupación feminista de ese alcance, fue fundada en 1918 por personas de Estados Unidos, Francia, Dinamarca e Irán. Hoy en día, pese al desagrado que tiene el régimen por la cultura laica, han sido las mujeres iraníes quienes han logrado establecer academias de música, galerías de arte y compañías editoriales.

 

Y son ellas quienes nutren las filas de los movimientos de oposición, quienes se ponen al frente cuando hay que enfrentar a la policía y los milicianos fanáticos. Yo mismo las vi.

 

“Esa es la cultura de la mujer iraní”, reflexiona Nazanín. “Desde hace miles de años. No es de sometimiento. Es de lucha”.

 

 

Irán: entre la lapidación y el ahorcamiento

Por Témoris Grecko

El Universal. 17 de octubre de 2010.

El asesinato por lapidación de Sakineh Mojamadí Ashtianí, una madre de 43 años, parece más próximo que nunca. Ha perdido su último vínculo con el mundo: su hijo y su abogado, quienes llevaban noticias de su situación a los medios globales, están desaparecidos desde el domingo 10, cuando la entrevista que sostenían con dos periodistas alemanes fue interrumpida violentamente, según una intérprete del Comité Internacional contra la Lapidación (CICL) que estaba en contacto telefónico con ellos en ese momento. Las autoridades de la República Islámica de Irán sólo han reconocido el arresto del par de extranjeros.

La lapidación es una de las formas más crueles de matar. Los hombres son enterrados hasta la cintura. Las mujeres, hasta el pecho. Con los brazos inmovilizados. Entonces una multitud, con piedras que “no deben ser tan grandes como para que la persona muera con el golpe de una o dos de ellas, ni tan pequeñas que no puedan ser definidas como piedras”, según el artículo 104 del Código Penal iraní, arroja los proyectiles mientras la persona esté viva. Supuestamente, si la víctima logra escapar, debería ser perdonada. Pero en un video que me mostraron en Siria, en el que lapidaban a dos seres humanos cubiertos con sacos blancos, la turba se ensañó con el que parecía estarse liberando. La sangre había teñido completamente las pálidas telas cuando los cuerpos dejaron de moverse.

 

Entre los académicos musulmanes hay un fuerte debate sobre si la lapidación es un castigo realmente islámico. No aparece en el Corán, el texto sagrado, pero sí en dichos atribuidos al profeta Mahoma. Quienes se oponen a esta pena argumentan que la palabra del hombre no puede estar por encima de la de Dios, la del Corán, y por lo tanto, no es aceptable. Otros la apoyan y argumentan en su defensa que hay tantas exigencias legales para aplicarla que rara vez se ejecuta. El CICL, sin embargo, ha detectado (es difícil hacerlo en un régimen tan opaco como el iraní) que sólo en Irán (también se lapida gente en Arabia Saudita y Somalia, y en zonas de Paquistán, Afganistán, Indonesia y Nigeria) hay al menos 24 personas en el corredor de la muerte por apedreamiento, de las que 18 son mujeres.

 

Y el CICL cuestiona además los procesos judiciales: Ashtianí fue juzgada dos veces por el mismo delito de adulterio: en la primera fue condenada a 99 latigazos, que le fueron aplicados, tras lo cual la judicatura reabrió el caso y la volvió a sentenciar, esta vez a ser lapidada. El abogado de la mujer llevó el asunto a la opinión pública mundial porque consideró que las pruebas de la defensa fueron injustamente desestimadas, y que además no se presentaron evidencias sólidas de su culpabilidad: recurrieron en cambio a una figura que existe en Irán, llamada “conocimiento del juez”, que le da al magistrado la facultad de decidir casos con base en lo que él cree que ocurrió.

 

Hay pocas cosas que incomoden más a las autoridades iraníes que la presión exterior: la campaña a favor de Ashtianí ha logrado sumar a miles de personas, intelectuales y líderes políticos. La respuesta ha sido confusa: en diferentes momentos, los fiscales, los jueces y el presidente Mahmud Ahmadineyad han emitido declaraciones disonantes: que ayudó a su amante a asesinar a su marido, por un lado, y que nunca fue juzgada por homicidio, sólo por adulterio, por el otro; que la sentencia es inconmutable, que podrían enviarla al exilio en Brasil y que la lapidación sería sustituida por el ahorcamiento.

 

Esto no es sorpresa. Cuando cubrí la revuelta iraní de junio del año pasado pude darme cuenta de que al gobierno le preocupa poco mantener la coherencia de sus afirmaciones. En lo que sí es consistente es en su hostigamiento contra quienes lo exhiben internacionalmente: el principal defensor de Ashtianí, Mohamad Mostafaeí, debió escapar de Irán y exiliarse en Noruega cuando la policía detuvo a su mujer y a su cuñado, e incautó sus archivos. Ahora el hijo y el abogado sustituto, Sajjad Ghaderzadeh y David Houtan Kian, han desaparecido, mientras que los periodistas alemanes están bajo arresto.

 

Más allá de los debates jurídico-religiosos, en los principales círculos de poder en Irán hay molestia porque la lapidación afecta la imagen internacional de Irán. Preferirían eliminarla y mantener sólo la opción que han sugerido para Ashtianí, el ahorcamiento. Pero el salvajismo de apedrear a alguien hasta la muerte no debe opacar el fondo del asunto: que Irán es un país donde las garantías procesales son nulas y las condenas a muerte se emiten con toda generosidad. Sólo es segundo a nivel mundial, después de China. Pero si se comparan los tamaños de las poblaciones de ambos países, se verá que Irán mata mucho más. Según Amnistía Internacional, Irán realizó al menos 388 ejecuciones en 2009, la tercera parte de las de China. Pero este último país no es tres veces más grande, sino casi 20.

 

No sólo a parricidas y criminales: además de las mujeres supuestamente adúlteras, entre los condenados a muerte hay estudiantes que lanzaron piedras y blogueros que criticaron a figuras del gobierno. Aislada y amedrentada, la muerte de Ashtianí podría ser inminente, como sus hijos denunciaron recientemente. Tal vez no la lapiden. Tal vez sólo la ahorquen. ¿Quién le preguntará si eso es consuelo?

 

Photos of Esfahan, Iran

Esfahan is the most beautiful Iranian city. And I was there just before the elections-rigging and the revolt. Besides the people and the monuments, you will see a President Ahmadinejad’s meeting and a few brave Greens supporting the opposition. May 2009.

Click on the image to see the photo album. Haz clic en la imagen para ver el álbum de fotos.

Fidel Castro regaña a Ajmadineyad por antisemita

Con Fidel Castro hay que andarse con cuidado. Muchos han caído como pájaros bobos con él, como Vicente Fox. Pero quisiera saber qué va a decir ahora la legión de incondicionales que se ha ido con Hugo Chávez a apoyar al dictador y extremista religioso Majmud Ajmadineyad, en la creencia de que los cubanos (es decir, Castro), también lo avalaban acríticamente.

En entrevista con Jeffrey Goldberg, de The Atlantic, nos enteramos que Castro no sólo entiende la historia del pueblo judío y denuncia el antisemitismo, sino que critica a Ajmadineyad por negar el Holocausto. Goldberg le pregunta si se lo ha dicho a Ajmadineyad, y Fidel responde: “Selo digo a usted para comunicárselo a él”.

Véanlo aquí en la versión original en The Atlantic y aquí en el resumen del diario La Jornada.

Goldberg se quedó sorprendido por eso. Pero más cuando le preguntó a Castro si seguía considerando que el modelo cubano era exportable, y el dirigente respondió: “El modelo cubano ya ni siquiera nos funciona a nosotros”.

Véanlo en The Atlantic y el resumen de La Jornada.

Esto es claro desde hace décadas para cualquiera que se quite las gafas de la ideología o el romanticismo. Cuba y su revolución son un fracaso, para pesar de sus habitantes. Pero que el gran artífice lo reconozca, aunque sea de esta forma matizada, es sorprendente y deja a uno pensando: “¿A dónde va Castro con esto?” Porque todo sabemos que Castro no da paso sin bota.

Hay que seguir la serie de posts que Goldberg seguirá subiendo a su blog, a raíz de su reciente encuentro con Castro. Por lo pronto, que los pro-ajmadineyadistas y los pro-castristas empiecen a revisar sus mitos.

Hey Ayatollah, leave those kids alone!

Take a look of this exiled Iranian duo Blurred Vision’s new video, a reworking of the Pink Floyd’s famous song as a homage to the protesters whom I saw bravely defying the police and the militias in the streets of Tehran

“La Ola Verde” en RTVE

En este programa de radio de RTVE, transmitido el 27 de junio, leyeron un par de fragmentos de mi libro La Ola Verde.

Por si te interesa: del minuto 24.45 al 26.05 presentan autor y libro. Del 30.30 al 34.00 leen parte del capítulo “Luto y sermón”, y del 46.04 al 48.17 una parte de “Abuso y tortura”.

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100627/marroc-fest-junto-off-feria-mediterrania-mediterraneo/812580.shtml

La ola verde

Publicado en National Geographic Traveler Latinoamérica (junio 2010)

Crónica de la revolución espontánea en Irán: mi nuevo libro sobre gente como nosotros en lucha

Por Témoris Grecko

 

Los pueblos —como las personas— revelan sus principales rasgos de carácter en momentos de crisis. Virtudes y defectos emergen diáfanos, propulsados por la presión de la urgencia y desnudados por la espontaneidad de la improvisación. Hace exactamente un año, el 12 de junio de 2009, un enorme fraude descarriló los comicios presidenciales en Irán. Yo estaba allí: tuve la invaluable oportunidad de aproximarme a una de las naciones más interesantes que he conocido, en un periodo crítico para ella: el proceso electoral y el movimiento de protesta que redefinieron a los iraníes en el imaginario mundial, que corrigieron muchos prejuicios y los diferenciaron de la perversidad del sistema político que los rige desde hace exactamente treinta años.

 

Estuve con ellos, los vi de cerca, traté de pasar como uno más, lo mismo en instantes de alegre celebración que cuando escapábamos con los milicianos detrás. Mi nuevo libro es un retrato en primer plano de este pueblo a nivel individual y colectivo, que describe a gente amigable, generosa, valiente, luchadora y llena de gracia y estilo, aun en medio de la batalla. En particular, trata de reflejar el rol destacado que asumieron las mujeres, objeto principal de la opresión social y líderes naturales de la resistencia.

 

También presenta los defectos, sin embargo. A pesar del encanto, la hospitalidad y la cortesía que despliegan los iraníes la mayor parte del tiempo, todo eso se pierde lastimosamente en dos situaciones: cuando van montados en una motocicleta y cuando se sienten inflamados con la verdad de dios.

 

Irán es un prometedor candidato al título de país con los peores conductores del mundo. Su fama se fortalece con el hecho de que ostenta la tasa más alta de muertes por incidentes con vehículos. Si se considera que su presidente, Majmud Ajmadineyad, ostenta un doctorado en dirección del tráfico, es fácil hacer de esto un chiste sobre su torpeza profesional. Pero sería injusto: con los iraníes al volante, no hay quien pueda. De esto sí que no se puede culpar al mandatario impuesto. Ni al líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí. Es difícil de explicar cómo es que la moto convierte a la persona más amable en un vándalo abusivo y desconsiderado.

 

Algo parecido sucede con el fanatismo religioso, aunque éste sea un fenómeno que ocurre tanto entre los musulmanes chiitas de Irán como entre los miembros de cualquier fe. Individuos educados, tranquilos y corteses se pueden convertir en ángeles enloquecidos que aplican justicia por su propia mano, convencidos de que cuentan con la bendición de dios y se ganan un pasaje al cielo. La idea de tener una justificación divina les hace parecer como aceptable y hasta necesario cualquier castigo, desde un porrazo hasta la tortura, el asesinato y la matanza.

 

Creo que es en las personas simples donde están las respuestas para los individuos normales. En sus problemas y, sobre todo, en la forma en que los afrontan. Es de ellos de quienes más se aprende. Y en los iraníes de la calle encontré emocionantes ejemplos a seguir para todos nosotros. No en los liderazgos que tratan de conducirlos, no en los del gobierno, tampoco en los de la oposición oficial. A veces, en las escaramuzas callejeras, cuando los manifestantes padecían el ataque feroz de los unos y el abandono de los otros, llegaba a parecerme que habían sido derrotados, que los habían echado de la avenida, reducido, aplastado. Y de pronto los veía regresar por donde nadie se esperaba, las manos elevadas con los dedos en V, cantando con entusiasmo y entre risas mientras avanzaban hacia las columnas de policías frustrados que preparaban la siguiente carga.

 

En “La Ola Verde”, la historia de los personajes famosos es relevante y se trata de explicar su influencia y su papel. Pero no es el asunto principal. Este gran movimiento ciudadano no son Ajmadineyad ni Jameneí, ni los candidatos opositores Mir Joseín Musaví y Mejdí Karrubí, ni los ex presidentes Mojamad Jatamí y Akbar Jashemí  Rafsanyaní. El verdadero protagonista de este cuento persa es la gente que está harta de un sistema mentiroso y represor, que tomó a Musaví como figura aglutinante sólo porque era el candidato disponible, y que ahora busca maneras de seguir luchando más allá de las limitaciones de quienes encabezan su descontento.

 

No ofrezco entrevistas con ninguno de ellos. No pretendo que el lector «conozca al hombre», al líder, al gran jefe. Por un lado, esto se debe a una limitación importante: estuve en Irán con visado de turista, no de periodista, y la necesidad de mantener un perfil bajo me mantuvo lejos de las oficinas de prensa y de los equipos de campaña. Por otro lado, lo que me interesa es presentar una visión desde adentro, no con la perspectiva de la conferencia oficial, del hotel de lujo y de las oficinas permanentes en donde encerraron a la prensa acreditada.

 

Doy la mirada de la calle, el contacto con los iraníes sin nombre y con rostro oculto que soportaron las cargas policiales, la crónica directa de lo que ocurrió en cada escaramuza, desde donde el gas lacrimógeno arde en la garganta, en los ojos y en la piel. La ventaja de haber actuado sin la protección del visado de periodista es que pude trabajar por debajo del radar de las autoridades y mantenerme muy cerca de la gente normal, incluso cuando las calles se habían vaciado de periodistas extranjeros, que habían sido forzados a marcharse del país o que, en algunos casos, habían sido arrestados.

 

Gracias a esto, puedo traer un mensaje. Uno que muchos iraníes me pidieron que entregara: «No somos terroristas. Somos gente normal de este siglo».

 

Por eso también quise retratar, individualmente, a iraníes comunes. Porque me parece más importante que el lector los conozca. Porque al salir a la calle a manifestarse, no solamente protestaban contra el régimen y el fraude electoral: estaban gritándole al mundo quiénes son en realidad.

 

RECUADRO

LA GENTE COMÚN

Oriana Fallaci y Ryszard Kapuściński, ambos fallecidos, son dos referentes fundamentales del periodismo occidental del siglo xx. En cuanto a mis preferencias personales, no hay duda ni término medio: escojo la actitud profesional del polaco a la de la italiana. No soy un interrogador de grandes personalidades, más inteligente que sus entrevistados: a mí me gusta la gente común. La observo, la aprecio, la valoro. Sobre todo, admiro a los que luchan. (Publicado por Los Libros del Lince, Barcelona, 2010)