Siria: La amenaza del islamismo radical


La amenaza del islamismo radical

Por Témoris Grecko / Aleppo  (publicado en Proceso, 20 de enero de 2013)

Uno de los reconocimientos más significativos que ha recibido Jabhat al Nusra (Frente para la Victoria), uno de los grupos armados que combaten al ejército sirio, se presentó en forma de omisión. Al celebrar la mayor victoria conseguida por los insurgentes hasta el momento, la toma de la base aérea militar de Taftanaz, la portavoz del Departamento de Estado en Washington, Victoria Nuland, destacó el viernes 11 la “creciente fuerza de la oposición” armada y señaló que “la pérdida de Taftanaz es un golpe significativo para el abastecimiento de las fuerzas del régimen de (el presidente Bashar) al Assad en el norte”.

La ofensiva de meses contra la posición gubernamental fue dirigida, sostenida y consolidada por la milicia que Nuland no mencionó,  a la que Estados Unidos ha declarado “organización terrorista” ligada a Al Qaeda, Jabhat al Nusra (JaN). La misma que se ha beneficiado del éxito al retener el control de la base y la posesión de los arsenales capturados.

Creada en noviembre de 2011, seis meses después del inicio del conflicto, y activa desde febrero de 2012, JaN ha tenido un ascenso meteórico, se ha convertido en la entidad rebelde más destacada y, en asociación con otras agrupaciones islamistas radicales, como Ahrar al Sham, está intentando promover la creación de un Estado islámico en Siria como objetivo primordial de la revolución.

Entre los diversos factores que han contribuido a su éxito, como el financiamiento exterior, su eficacia militar y la disciplina de sus tropas, hay dos que destacan, uno propio y uno ajeno: el primero es una certera política de comunicación, que le está permitiendo conectar con el imaginario de la juventud opositora siria, y el segundo es la torpeza de los países occidentales, cuya reticencia a canalizar apoyos a la oposición moderada la ha debilitado frente a radicales como Jabhat al Nusra.

EN SIRIA NADIE LOS QUIERE

Aleppo es la segunda ciudad más grande del país y desde hace seis meses es zona de combates. Las cicatrices de la guerra se pueden ver por todos lados, pero son mucho más atroces en las zonas donde la línea del frente se ha estabilizado: calles y cuadras de edificios totalmente en ruinas, abandonados por sus habitantes, que ahora son derruidos escenarios en los que los frecuentes sonidos de disparos y estallidos apagan los ecos de tantas cotidianidades desaparecidas. En ellos, la vida jamás volverá a ser lo que fue.

El Casco Antiguo es Patrimonio Mundial de la UNESCO y ha sido continuamente habitado desde hace seis mil años. Entre mezquitas, iglesias, baños tradicionales, palacios, jardines y fuentes, sus monumentos más jóvenes tienen 600 años. No son raros los de mil y 2 mil años. Hoy son campo de tiro para la artillería gubernamental.

La Gran Mezquita Omeya, su principal centro de culto, erigida en el siglo VIII, sufrió un grave incendio cuando los insurgentes pelearon hasta arrebatársela a los militares que se habían atrincherado ahí, y después fue bombardeada como represalia.

“Tememos que ocurra lo mismo con el Castillo”, dice Fawaz al Absi, jefe de uno de los puntos de control establecidos por el opositor Ejército Sirio Libre (ELS) en los callejones del zoco (mercado) medieval, al respecto de la histórica ciudadela, un conjunto arquitectónico protegido por una muralla, situado en una meseta que domina el Casco Antiguo. Con antecedentes que se remontan al tercer milenio antes de nuestra era, y construido en su forma actual en 1200, es considerado uno de los castillos más grandes y viejos del mundo. “Podemos echarlos, pero será imposible evitar dañarlo. Y después, los aviones de Assad lo harán pedazos”.

De manera que prefieren vivir bajo las miras de los francotiradores, que desde las torres y puntos altos disparan contra todo lo que se mueve a su alcance, que es de 2000 metros.

Hay que caminar poniendo toda la atención a los puntos que puedan quedar expuestos al Castillo: pegados a las paredes, a la izquierda o a la derecha, y cruzando las intersecciones velozmente y en zigzag.

Bajo esa sombra ominosa, conviven los milicianos de la katiba Shaheed  Abedi (brigada Mártir Abedi), perteneciente al ESL. Es hora de comer y, haciendo gala de la afamada hospitalidad siria, invitan al periodista a compartir introduciendo gordas hogazas de pan en una olla de ful, un plato tradicional a base de habas. Están a un lado de un muro de costales de arena, a unos 50 metros de otro similar, tras el que se esconden los soldados. “¡Eh Mohamed!”, grita uno de los insurgentes de mayor edad, “¡ven a comer ful, que Assad no te da de comer!” “¡Sí que me da y no paso frío como ustedes, perros!”, responden desde el otro lado. “¡Pues no te dejaremos nada!”, concluye el rebelde, carcajeándose con sus compañeros.

Sin mediar pregunta, uno de ellos afirma, señalando a sus compañeros: “Éste es de Aleppo. Éste, también es de Aleppo. Y éste. No somos de Pakistán ni de Afganistán. Somos islámicos pero no islamistas, creemos en una Islam tolerante y moderado. Aquí no hay ninguno de Jabhat al Nusra”. Los demás lo apoyan. “En Aleppo, nadie los quiere. Ni en Siria”.

EFICACIA MILITAR Y COMUNICACIONAL

No es lo que se escucha en otras partes de la ciudad, donde incluso se han registrado manifestaciones con el lema “¡No queremos el ejército criminal! ¡Queremos el ejército islámico!”

Halab News es una agencia de noticias donde no hay un periodista. La crearon estudiantes de la Universidad de Aleppo (donde no se imparte la carrera de comunicación) que se conocieron por internet y resolvieron, como forma de contribuir a la causa revolucionaria, organizarse para llevar al ciberespacio lo que ocurre en los barrios de Aleppo, tanto en la parte oriental, de dominio rebelde, como en la occidental, controlada por el gobierno. De entre 18 y 26 años, sería difícil distinguir a estos chicos de otros en cualquier país mediterráneo: se visten a la usanza occidental, viven en Facebook y Twitter y reaccionan (cada cual a su manera) ante el Gangnam Style.

En su oficina central en las afueras de Aleppo, dos de los más destacados entre sus 40 integrantes afirman, sobre un plato de hummus (pasta de garbanzo) y otro de labneh (un yogurt con textura de queso crema), que simpatizan con Al Qaeda y con Jabhat al Nusra.

Oficialmente, Halab News apoya al ESL, que no es una organización con mando central o una estructura definida, sino una especie de paraguas bajo el que se agrupan decenas de katibas (brigadas) que se formaron entre amigos, vecinos de barrio, gente que se encontró por casualidad, desertores del ejército o fieles de una mezquita, y que actúan de manera autónoma. El ESL les sirve para identificarse y coordinarse. Y están en competencia con milicias independientes, que son, por un lado, las islamistas radicales y, por el otro, dos partidos de la etnia kurda que habita en el norte y el noreste.

Los dos jóvenes, que al manifestar su disidencia prefieren no usar sus nombres, esgrimen una serie de razones para desconfiar del ESL: carece de organización, está lleno de ladrones y de personajes indisciplinados que abusan de la población, y sus principios religiosos son laxos.

Jabhat al Nusra, en cambio, “trajo equidad a Aleppo. Ellos llegan con pan y lo entregan a la gente sin hacer distinciones, ni a uno más ni a otro, menos, y lo regalan aunque no les quede para ellos mismos”. También, en una ciudad donde no han faltado los jefes de katiba que se convierten en reyezuelos autoritarios en las cuatro cuadras bajo su control, el ESL ha impuesto la moral islámica y su concepto de justicia. “Están contra los ladrones y por eso los ladrones están contra ellos”, aseguran.

Otro de los grandes atractivos es su eficacia militar: Jabhat al Nusra se pone al frente en las batallas más duras. Sus combatientes se dicen dispuestos a morir (y a ser premiados por su martirio con el paraíso) y avanzan en las primeras líneas. Tanto su armamento como su organización son mucho mejores que los de las katibas del ESL. Y además de cosechar éxitos, los saben difundir.

SABEN LO QUE HACEN

En la oficina del Casco Antiguo de Halab News, otros de sus reporteros ciudadanos fuman, algo que no se permite en la sede central, por prescripción religiosa. Parecen comparativamente moderados en relación a sus compañeros de allá, que realizan oraciones más de las cinco veces diarias prescritas por el profeta. Y dicen tener cierta desconfianza hacia Jabhat al Nusra. Pero la admiran.

Alguien les ha regalado un CD con videos de la organización extremista. Son muy diferentes de la mayoria de los que hacen las katibas del ESL: largas tomas sin edición en las que sueltan consignas revolucionarias y amenazas al régimen. Cada una de ellas asegura que será la que finalmente le ajustará las cuentas a Assad.

En cambio, los de JaN están decentemente editados, tienen voz narrativa, subtítulos, flechas y otros elementos gráficos y, lo más importante, no sólo proclaman sus éxitos, sino que los explican eficazmente. Cuentan, por ejemplo, cómo eliminaron a unos francotiradores de los shabiha (“fantasmas”, grupos de matones al servicio del régimen) y de paso destrozaron uno de sus reductos, en un edificio moderno, muy alto, frente a una plaza céntrica, desde el que podían disparar sobre numerosas calles de la zona rebelde.

Mientras sus combatientes colocaban un coche bomba, que hicieron explotar en un momento determinado tras el estudio de la rutina del enemigo, sus camarógrafos se colocaron en puntos de ventaja para captar la acción. En la imagen, todo se describe al detalle, se enmarca con un círculo rojo a los shabiha que salen del edificio, una línea indica cuál es el auto con los explosivos y otra, desde qué piso actúan los francotiradores.

“¡Bum!”, retiemblan los altavoces de la laptop de Abu Yasán, nombre de guerra de uno de los activistas. La voz en off celebra que tanto los shabiha como su posición de tiro han sido eliminados. “¡Alahu akbar!” (dios es el más grande) gritan los activistas en la oficina. “Son muy estrictos”, lamenta Abu Yasán. “Pero son los únicos que saben lo que hacen”.

PELEA CON AL NUSRA

“No somos como Al Qaeda en Irak, no somos parte de ellos”, declaró uno de los jefes de JaN, Abu Adnan, a Rania Abouzeid, de la revista Time (25 de diciembre). En occidente, los servicios de inteligencia creen que sí lo es, que después de desgastarse tras su guerra contra los estadounidenses en Irak, Al Qaeda ha encontrado un nuevo campo para crecer en Siria, y que disociarse del nombre de su organización madre es una táctica para ganar legitimidad como revolucionarios sirios.

Muchos de los combatientes que fundaron JaN, tanto sirios como iraquíes y jordanos, pelearon antes en Irak bajo el estandarte de Al Qaeda. Su emir (dirigente) es un personaje desconocido, como lo es el origen del holgado financiamiento que le permite contar con el armamento que ambicionan las katibas rivales. Entre los rebeldes, son los primos ricos.

Los demás son pobres, se queja Fawaz al Absi, el jefe del ESL en el Casco Antiguo de Aleppo, porque las potencias occidentales han buscado pretextos para no enviar armas ni dinero a los rebeldes. En Washington, se explica que es un riesgo porque la oposición siria, al contrario de los revolucionarios libios que se integraron en el Consejo Nacional de Transición, no ha logrado consolidar un organismo unificador que pueda ser reconocido como gobierno legítimo (y que garantice que los fondos se apliquen bien en lugar de desviarse a algunos bolsillos).

Un motivo aún más importante es que, si se envía armas de alto poder, no hay seguridad de que no van a acabar en manos de grupos considerados terroristas, como JaN: sería bochornoso explicar el derribo de un avión israelí con misiles regalados por Estados Unidos.

El hecho es que esto produjo, dentro de la oposición siria, un vacío de poder que ha sido aprovechado por grupos bien financiados (Intelligence Online Newsletter, una agencia privada de inteligencia que cita a servicios secretos occidentales, aseguró el domingo 13 que el príncipe Bandar bin Sultan bin Abdulaziz, jefe de la inteligencia saudí, es el principal financiador de JaN) y organizados, que utilizan el armamento y otros enseres como instrumento para atraer y absorber a otras katibas.

Sus éxitos en combate, su alta moral, su fervor religioso y su disciplina representan un poderoso atractivo para los jóvenes, que sienten que en JaN recibirán los elementos y el apoyo que necesitan en tiempos de caos. De tener menos de 600 hombres hace menos de un años, ahora cuenta con 5,000, que representan el 10% de los 50,000 que pelean en las filas opositoras (de acuerdo con un reporte del instituto londinense de políticas de contraterrorismo Quilliam Foundation, difundido el 8 de enero).

No todo será fácil en el esfuerzo de JaN por liderar a los rebeldes, sin embargo. Las milicias kurdas se han mostrado sumamente celosas de sus territorios. No han dudado en expulsar tanto a islamistas de JaN como a katibas del ESL, en duros enfrentamientos.

Esos fueron eventos preliminares de otros que ya se empiezan a desarrollar. El viernes 11, hombres armados en un coche blanco asesinaron a tiros a Thaer al Waqqas, un reconocido jefe de regional de las brigadas Al Farouq, vinculadas a la poderosa organización islamista Hermanos Musulmanes. El crimen fue atribuido a JaN y vino a incrementar las tensiones que el grupo tiene con otras milicias rebeldes.

“Las Al Farouq están haciendo duelo ahora”, dijo ese mismo día un rebelde a la agencia Reuters. “Pero parece cuestión de tiempo antes de que empiece la pelea contra Al Nusra”. Algo que al gobierno de Al Assad no le podría caer mejor.

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